“La perla” de Steinbeck | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Cuidado con lo que deseas, la fortuna es diosa extraña, dañina, fatal. “La clave de la felicidad está en olvidar el deseo, porque el deseo lleva al sufrimiento”, rezan las máximas orientales. En ocasiones lo súbito del porvenir nubla la realidad. Los humanos somos, tal vez, juguetes de los dioses que signaron nuestros destinos con antelación, que dispusieron que nos arrastremos a sus pies, que se divierten impávidos ante nuestra miseria. Los humanos somos los pobres, los desposeídos de la tierra, los dioses son los poderosos, los ricos y explotadores. No existe fortuna para el pobre, cualquier intento por vencer el destino dispuesto por los dioses será castigado.

John Steinbeck fue un escritor radical, no hubo tintas medias en su obra, los buenos son buenos, los malos son malos, los pobres son pobres. La perla, publicada en 1947, es una fábula sobre la realidad, una novela corta que describe el drama de Kino y su familia al encontrar “la perla del mundo”, un relato que bucea en los abismos de la condición humana en el contexto norteamericano/mexicano. Steinbeck se inspiró en una leyenda mexicana, para trasladar al papel las tensiones étnicas y raciales de su sociedad contemporánea, ambientada en “La Paz”, Baja California Sur (México). La diosa fortuna llevó a un escorpión al regazo de Coyotito, hijo de Kino y de Juana su esposa. El aguijón de la ponzoña infectó el cuerpecito de la criatura. Presurosos los padres buscaron al doctor, que negó su atención debido a su precariedad. Kino utilizó el último recurso, se sumergió en el fondo del mar y casi sin esperanzas, buscó alguna perla valiosa. “La perla del mundo” surgió de improviso, los sueños se desbordaron del caudal mientras la canción del mal se esparció por el pueblo. Juana entretanto, salvó al niño con remedios tradicionales mientras sintió hondo su pecho, al peligro avecinarse. ¿Podrá Kino vender la perla a un precio justo y cumplir sus nuevos sueños? ¿Podrá salir de la miseria y darle educación a Coyotito? ¿Podrá casarse con Juana por la Iglesia, cumpliendo los mandatos de taita cura? Los dioses, es decir, los prójimos, no dejarán que el pobre se salga con la suya. El pobre es pobre y nada más.

La Perla es una novela intensa e inolvidable, una crítica aguda a la sociedad capitalista que en su expansión arrastró lenguas y costumbres. La historia se ambienta en México, pero los motivos son universales, es por eso que se pueden hacer muchas lecturas y comentarios sobre la novela. John Steinbeck fue el más crítico de los escritores de la llamada “Generación Perdida”, el que más denunció la injusticia social en su literatura, entregando obras emocionantes, realistas, comprometidas y de altísima calidad.

Se percibe en La Perla un desafío al régimen hegemónico protagonizado por el dinero, un ataque a los poderosos que se convierte en un ataque al género humano como tal, o mejor dicho, a cierto aspecto del género humano: al más cruel y egoísta, al que escuchó la noticia del hallazgo de la Perla haciendo planes para sí, intentando sacar ventaja, sembrando el recelo, la desconfianza, la avaricia. Se observa cierto maniqueísmo expresado en la canción que escucha Kino, acordes que descubren las intenciones de las personas y los objetos en una clara dicotomía del bien y el mal. Una distinción a la Steinbeck recurre para poner de manifiesto su crítica a la injusticia social. Su prosa es poética, clara, concisa, como un cronista de los acontecimientos que se aleja de la expresividad de los sentimientos para dejarlos ver como sensaciones filtradas por el ambiente, por el paisaje y su luz, su color, sus sonidos. La sencillez y belleza de sus imágenes me recordó por momentos la estética oriental, en donde cada pequeña criatura, planta o animal, es una partícula efímera del tiempo capturada en medio de la trama. Steinbeck enternece situaciones crueles que podrían resultar panfletarias o empalagosas, cabalga en la denuncia social llevando más allá la crítica a los ricos o poderosos, para abarcar al género humano en sí.

Juana es el personaje más fuerte de la novela, con los pies plantados a la tierra, salva a Coyotito de la muerte, entiende pronto las desgracias que la perla traerá consigo, advierte a su esposo, y decide acompañar al necio hasta el final. Kino por su parte se deja llevar por las pasiones, sin buscarlo encuentra un tesoro inesperado que lo lleva a fabricar los sueños más intensos. Deseos negados por su pobre condición que devienen en una pequeña codicia, no dejará que los compradores de perlas lo estafen, buscará un comprador que pague el precio justo signando su destino. Steinbeck parece advertir que toda forma de codicia lleva a la destrucción, al mismo tiempo que elogia al humano como ser que a diferencia de los animales, no se conforma con nada y siempre quiere más y más. La Perla es un objeto maldito, asimismo a veces tenemos deseos malditos, sueños inconsecuentes, delirios, nos pasamos buscando algo que está frente a nuestra nariz: la felicidad no está allí afuera, está adentro. Kino encontró “La Perla del Mundo”, para reencontrarse con la vieja cita bíblica, “al pobre se le quitará hasta lo que no tiene”. Y cuando cunde la esperanza, Steinbeck surge brutal para recordarnos que los dioses caprichosos no consienten la bienaventurada del pobre, que les arrebatarán por capricho, hasta lo que más aman.

La Perla es una novela de menos de cien páginas que visibiliza la condición humana: la codicia, la envidia, la voracidad, la destrucción. Una hermosa novela que nos traslada a México para contarnos una fábula más verdadera que la verdad, la fábula de los pobres que pobres se quedarán. ¿Será que todos tenemos nuestras perlas personales? ¿Nuestros libros y bibliotecas? Steinbeck es maravilloso, durísimo, conmovedor.

 


Fernando Endara I. Comunicador social. Maestrante en la Maestría de Investigación en Antropología en FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por flacsoradio.ec.

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