La locura autómata de los engendros obsesivos compulsivos | Sergio Rodrigo Vaca

Por Sergio Rodrigo Vaca

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Es un país libre de pantallas de diamantes,

las cabezas decapitadas cubren sus ojos con gasas,

mientras que las migajas de miedo invaden a los seres térmicos,

la luna se doblega ante las coronas de los invasores,

—piperacilina—

la voz del eterno krautrock.

 

Los invernaderos se intoxican de oxígeno libre de alcohol gel,

—pobres almas en pena, buscan sustituir sus pulmones por nueces texturizadas—

las semillas del mal se impregnan en aburridas cuarentenas,

los tambores retumban mientras la sed de los Nintendos peligra,

los “streamers” de la atención prenden sus cámaras para recibir afecto,

—citalopram—

el post-ridiculismo patentado.

 

Los dióxidos se juntan con la amitriptilina para jugo de letras,

los cerebros se cubren con gorros de vidrio,

caminantes del espacio huyen de la Tierra,

—no hay nada que descubrir en un mundo plagado de psicosis—

un micrófono sale de la flor del Eskorbuto,

—fentanilo—

las mascarillas son la vía deslactosada.

 

—¿Quiere el hombre o acaso se quedó en las alturas?—

mi nombre es Cirilo Cerezo Vanesio,

—Hola Cirilo— claman los amantes del anonimato,

vengo en búsqueda de la salvación alternativa,

las campanas desdoblan sus humeantes intestinos,

—gusfraba—

mitómanos de la limpieza.

 

El Rey Carmesí dice “yes” a la rotonda de Anderson,

—¿Jugamos Rey King Cole o acaso vendiste tu caja musical?—

esos camélidos amigos proclaman el toque invisible,

los amigos indivisibles encuentran un corazón peludo,

—llamen al peluquero, este corazón necesita ser rasurado—

—Henry Vaca viene de Francia—

el sillón de la impaciencia atractiva.

 

Hoy hay concierto de Dino Spumoni,

pero ni el rojo ni el blanco pretenden absorber sangre,

mientras que el Emerson se quedó sin Keith,

el Greg se fue al lago de las pinturas en exhibición,

—Carl— grita Palmer al ver que la palmera quedó más “coconut”,

—fondo púrpura para el niño del tiempo—

la era de los gérmenes atacantes.

 

Creo que la gente se disfraza de astronauta,

usan trajes como cuando le querían capturan a Mike Wazowski,

ni las madres de la invención supieron fermentar las construcción,

—¿y si matan mis neuronas con su “rasho” láser?— se preguntó el pibe que tiene un vino en cartón,

—canción animal y canción aspirina—

la era del distanciamiento bioquímico.

 

El hombre cueva llamado Nick plantó unas semillas malas,

y vio crecer una sociedad traumada con el desinfectante de ideas,

el Pedro Gabriel sólo se lo imaginó en canciones de Foxtrot,

nadie puede tocar nada, nadie puede sentir nada,

—el Eugene Rojo Mirror—

diecinueve pulgadas de uñas.

 

Resulta que hace algunos años yo era el “loco”,

—¿Oye Agripino porque te da miedo tocar el suelo y los que nos rodea? —me preguntó una vez un gato marinero,

me daba mucho miedo lo que mi mente procreaba,

mesas llenas de ruidosas bacterias come-humanos,

sentía que ya no podía cazar ranas en el pantano,

—un sueño mandarina—

locuras del más consciente bufón.

 

Tuve que luchar muchos años para disfrazarme de “normal”,

lágrimas negras que creaba mi químico romance,

paranoia atrapada en mi cabeza de radio en un pórtico,

mis manos quedaban atrapadas entre el jabón y la obsesión,

una máquina para hacer cuervos con latas de amonio,

—paroxetina y “pancreasina”—

el pescado más enojado con una espinaca.

 

Me costó mucho superar mi adicción al autosabotaje,

fueron momentos de exposición al sol encuerado,

ceño fruncido del cadáver pachucho papico,

ella conoce el color de la habitación amarilla como una pandilla,

rabia en una mesa repleta de monedas paralelas,

—soy un ZOOMbie lobo—

acumulado de códigos para ingresar.

 

Sin embargo, me recuperé como una sanguijuela holográfica,

deje de tenerle miedo al simulador de sonrisas obsesivas,

dejé de ser un maldito obsesivo compulsivo,

me esforcé para limpiar mi nombre con violines de Jean-Luc,

—soy Magnífico y este es mi amigo llamado el presidente de la Nación Surrealista de las Quesadillas—.

 

Dejé de lado mis manías por la contaminación,

para que ahora todos se contagien de una enfermedad compulsiva,

a cada lado que veo parece que vivimos en una lata de atún con mucho aceite y alcohol,

ya no somos humanos (aunque nunca lo fuimos),

somos prisiones andantes que no permitimos ni el mínimo abrazo de melosidad de sandías,

—el aire es peligroso— predica una organización mundial de la soledad,

solo me queda armarme mi nave espacial,

viajar… viajar… viajar… salir de esta locura de las chifas.

 

“Estoy velde, estoy latonado, estoy ilacundo”

 

Rápido amigo, salta al “boogie salsa fioravantino”

bailemos el funky obsesivo compulsivo,

bailemos el industrial descontaminante cupido,

los vegetarianos progresivos se comen las almas de las pobres plantas madres y padres a la vez.

 

Todos están locos de limpieza,

ni que belleza de cereza,

ni la cerveza tiene la certeza,

de que la crudeza de nuestras cabezas,

no saben la guapeza que se tropieza,

de la rudeza porque…

esta locura recién empieza.

 

 


Foto portada tomada de: https://www.freepik.es/foto-gratis/vista-frontal-persona-que-usa-maquina-coser-mascara-facial_9361947.htm#page=2&query=mascarilla&position=7

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