El “Libro Flotante de Caytran Dὅlphin” de Leonardo Valencia | Fernando Endara I.

Por Fernando Endara I.

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

“Un libro flotante siempre tiene una historia inconclusa. Traza un círculo que está a punto de cerrarse sobre sí mismo, pero en el último movimiento se desvía, se convierte en espiral y empieza a subir, huyendo una vez más. Un libro flotante es un libro que huye y se convierte en otro. Un libro flotante vive en naufragio, siempre a punto de desaparecer… Un Libro flotante no puede ser hundido por quienes desean hundirlo. Un libro flotante es una condena y una salvación para quién lo ha escrito y para quién lo ha leído, para quien no debió haberlo leído o no quiere leerlo. Es precisamente el libro que nos negamos a leer creyendo que lo puede borrar un dedo de desmemoria o ninguno. Es un salvavidas que cae en las manos de quien no se iba a salvar. Tarde o temprano nos aferramos a él”. Leonardo Valencia

El Libro Flotante de Caytran Dὅlphin, publicado en 2006, es una novela que transcurre casi en paralelo, que reflexiona sobre el arraigo y el desarraigo, el quedarse y la partida, lo utópico y distópico. Guayaquil, la perla, queda hundida bajo el crecimiento de sus esteros dulces y salados, taciturnos y aciagos, sublimes y sucios, que sumerge la urbe en temores marinos. Los supervivientes escapan a los cerros que, como islas, ofrecen refugio fugaz y perentorio; en Urdesa se encienden las fogatas, se exasperan los credos religiosos, se establecen comisiones, líderes y actividades, se llaman a ellos mismos “residentes”. El hundimiento de la ciudad como el hundimiento en el pasado, requiere continuas inmersiones en las aguas de la memoria para rescatar fragmentos, indicios, señales, vestigios. Iván Romano, el narrador de la novela, percibe en duplicidad: los hermanos Fabbre, las dos mujeres V., Guayaquil y Ariccia, “Estuario” y “Vita Atlantis”. El pasado, el presente, y otro pasado más antiguo confluyen en los ramales de los inesperados pantanos que conforman la nueva ciudadela sumergida, que ni cuando estuvo íntegra fue íntegra. ¿Qué pasa cuando una tragedia de dimensiones catastróficas sacude sin aviso la cotidianidad de las personas? Deberán decidir: marcharse o quedarse en medio del caos, en medio de la devastación ¿Por qué se quedaron? ¿Por qué se fueron?

«Te quedaste —escribe Caytran— Todo te ataba y te quedaste. Temías explorar lo que te empujaba a huir, como si eso no fuera parte tuya. Te quedaste inmóvil para huir siempre de ti». Leonardo Valencia

Una novela construida con retazos de memoria. Personajes que como nosotros, son pedacitos de historias y casualidades, tránsitos y viajes, duermevela, vigilia, sueño y pesadilla, recuerdos difusos, imprecisos, adecuados a nuestro capricho con dosis exactas de olvido. No es de extrañar que la trama sea fragmentaria, que navegue como Caytran en laberintos acuáticos textuales, entre tiempos y entre espacios; pero aún más, que sean los fragmentos de “Estuario”, el libro apócrifo atribuido a Caytran Dὅlphin los que interpelan al narrador y a los lectores, conduciéndonos a ciertos recovecos de lo humano, hacia aquello que no está fijo, la contradicción, el bemol, el escamoteo; hacia los enigmas más íntimos y personales de cada uno; hacia el entendimiento silencioso del recuerdo individual y la memoria colectiva. Iván Romano nos conduce a través de una narración desarraigada, que demuestra una vez más, que todos nacimos algo extraviados y andamos perdidos dando tumbos en aspavientos clandestinos, vagando de un arraigo transitorio a otro. La nómades es una faceta de lo humano, una de las huellas literarias que Valencia transmite en sus novelas, una condición que conecta geografías a través del trajín de sus personajes en una obra que más que ecuatoriana, es latinoamericana, hispana, universal.

“¿Sería posible que la memoria fuera una herramienta con alta capacidad de contagio, que pasa por turnos a través de miles de personas, haciéndoles creer que su duración es breve y que desaparece sin remedio? ¿O es que la memoria sabe que si se le confía a una sola persona termina por desaparecer o, algo peor, queda tergiversada por completo, malversados sus fondos? ¿Qué ocurría cuando la memoria se fijaba por escrito? ¿Interrumpe ese proceso comunitario de la memoria?” Leonardo Valencia

Iván remueve los fragmentos de “estuario” comentando su adolescencia en Guayaquil junto a los hermanos Fabbre: Ignacio y Guillermo, el autoproclamado Caytran Dὅlphin. A orillas del Lago Albano, después de rescatar el libro que intentó hundir, Iván regurgita aquello de la inundación, integrándose y desintegrándose a la sociedad de residentes, bregando con las alucinaciones de Ignacio, respondiendo las cartas de Valeria, descifrando los misterios de Vanessa, conectando los destinos encrucijados de los Fabbre, decidiendo por fin, marcharse fugitivo con un demonio a sus espaldas susurrándole escribir. ¿Quién es V.? ¿Quién es el autor de estuario? Estuario es casi una enfermedad, un pozo sin fondo del cuál no se puede regresar, una profecía y una alucinación, un proverbio y paradoja, Eclesiastés y Eclesiástico, Abraxas, Babel, Tiro y Sidón. Via Atlantis es el antídoto, el Avellaneda de Cervantes, el contrapunto, el yang, el anverso. Los cauces de los hermanos Fabbre son como los de los esteros, como los de todos: ríos, tierras y mares en vaivén, cristal por fuera, podredumbre interior. Iván Romano, entendimos contigo que el pasado no pasó, es presente participio, está pasando, nos sucede y no deja de suceder.

“Tenía nombre de pájara. Agitaba las alas de la primera letra de su nombre no para volar y alejarse sino para batir el aire enrarecido en el que vivía.” Leonardo Valencia

Leonardo Valencia es un escritor erudito, un trabajador de la pluma que se toma el tiempo necesario para publicar sus obras aunque no las culmina, porque cree que la totalidad de una historia es inabarcable, que toda ficción es un mundo posible inagotable. Valencia es un narrador ameno, preciso, precioso, profundo, que compromete al lector a dar un paso más, que nos entrega novelas con referencias inabarcables en los ámbitos del arte y la literatura, que matiza sus textos con ritmos, tonos y emociones intermitentes para mostrar las diversas capas que a manera de hojaldre, conforman una historia. Una novela absoluta que será recordada como primicia del Siglo XXI, una novela experimental que cuenta con un sitio web: https://www.libroflotante.net/, en donde los lectores podemos agregar fragmentos apócrifos, alterarlos y comentarlos para flotar también. Valencia es un referente, un faro, un arcabuz. Imperdible.

“Esta es la idea de lo flotante: aquello que está suspendido, en vez de estar fijo. Esa es la condición flotante de toda ficción: abrir mundos posibles e inagotables. Esta historia, como todas las historias, no tiene fin. ¡Bienvenido a este viaje por una ficción progresiva!” Leonardo Valencia.

 


Fernando Endara I. Comunicador social. Maestrante en la Maestría de Investigación en Antropología en FLACSO-Ecuador. Director, libretista y productor del programa radial “Antropología en 35 mm” emitido por flacsoradio.ec.

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