Cuadrado amoroso | Máximo Ortega Vintimilla

Por Máximo Ortega Vintimilla

 

“Porque el hombre es el animal más extraño de todos”

Borden Deal

 

NOCHE. Usted está leyendo estas palabras. Se encuentra un poco nervios@, molest@… Pero bueno, al final se decide ejecutar su plan en contra del Objetivo X. Entonces, se levanta, abre la puerta de su departamento, deja todo encendido, su laptop, el televisor plasma, cierra la puerta, entra al ascensor, baja al parqueadero, saluda con un gesto a un guardián que se cruza con usted. Y cuando llega hasta delante de su automóvil, se queda pensativ@ por unos instantes, pero al final se sube al vehículo, lo enciende y arranca. Sale a la calle, el semáforo está en verde, acelera con dirección a la autopista N35, sintoniza una F.M., escucha una balada en inglés. Minutos después, se desvía por la carretera que conduce al suburbio Oeste, llega a un parqueadero público subterráneo, se baja del vehículo, observa a su alrededor para asegurarse de que no circula gente. Por ventaja, no hay nadie. Al instante, se pone nervios@ al descubrir una cámara de vigilancia camuflada en lo alto de una pared, rápidamente gira su cara, y es ahí cuando ve salir de detrás de una columna a un hombre de bigotes que lleva gafas de sol. Pero inmediatamente se tranquiliza al recordar que esa es la persona indicada para concretar el plan. Cuando el tipo se acerca, usted le extiende un sobre manila. El hombre lo abre y saca unas fotos tomadas con celular impresas en papel bond, hace un gesto de desaprobación, y da la media vuelta. Usted l@ mira avanzar por un paso cebra, hasta que llega a un ascensor y desparece. Usted vuelve a subir a su automóvil, arranca y se pierde de vista.

El hombre de las gafas de sol y bigotes ahora lleva puesto un gorro. Está en la calle. Avanza a pie hasta una esquina donde se topa con un indigente, quien le extiende la mano para que le regale alguna moneda, pero él le muestra mala cara y sigue avanzando. Ahora es un perro pequinés, de esos callejeros, que le ladra al verlo pasar, pero el hombre no lo toma en cuenta. Media cuadra más allá observa un letrero con luces de neón. Ahora introduce la mano dentro de su chaqueta para asegurarse de que el arma de fuego sigue en el bolsillo. Escucha un ruido de escape, se pone un poco nervioso. Decide caminar despacio por la acera, hasta que se aleje el policía que en motocicleta circula por la calzada, en sentido contrario.

23H15. El hombre de las gafas de sol está delante de la entrada de la discoteca, junto a un poste cuya lámpara esta averiada. Decide esperar ahí a que aparezca el Objetivo X. Un solo guardia está parado en el umbral de la puerta de entrada. De pronto, en la penumbra observa salir a la persona a quien buscaba, pero, lamentablemente, de momento no puede ejecutar el plan, pues, detrás de est@ sale otr@. Los mira abrazarse. El de las gafas de sol no entiende, está confundido. Le dijeron que el(la) otro (a) era un (a)…

MEDIANOCHE. Llueve. Usted está en su departamento, preocupad@, muy preocupad@. Enciende su celular, que no está registrado a su nombre, revisa el WhatsApp, pero no hay mensajes. Se enfada. Bebe un largo trago de whisky a pico de botella. Decide llamar al hombre de las gafas de sol, prueba dos, tres veces; pero solo se escucha la voz de buzón de mensajes. Ahora está furios@. Bebe otro sorbo largo de licor. Afuera, la lluvia se ha transformado en una triste llovizna. La paciencia se le agota. El odio y la venganza l@ impulsan a salir a averiguarlo. En la calle detiene un taxi y se embarca con dirección a la discoteca.

MADRUGADA. Al llegar a media cuadra de la discoteca, hace detener el taxi. Usted se baja y comienza a caminar. Lleva una capucha. Se coloca detrás de un árbol para esperar. La música que sale del interior de la discoteca es potente. No circulan vehículos ni gente por la calle. De pronto, mira aparecer a su novi@, quien está acompañad@ de otra persona. Ell@s ríen y echan gruesas bocanadas de humo de sus cigarrillos. A pesar de la penumbra, por los movimientos del cuerpo, cree reconocer a esa otra persona. Solo cuando l@ escucha hablar unas cuantas palabras, asocia la voz de est@ con un tono conocido, y confirma su identidad. No lo puede creer. Entonces, da uno, dos, tres pasos, saca su arma de fuego y hala el gatillo; pero no sale la bala. Hala varias veces más, tampoco. Las dos personas escuchan unos sonidos metálicos, como martilleos, que proceden de la oscuridad, de la parte del árbol, se asustan, lanzan sus cigarrillos a medio consumir, dan la media vuelta y regresan rápido a la discoteca. Usted siente rabia, está a punto de gritarl@s algo, de reclamarl@s; pero se arrepiente. Trata de arreglar el arma. De pronto, escucha un ruido ensordecedor, siente un golpe fuerte en su espalda, que l@ empuja, que l@ hace caer al suelo de bruces. Una bala ha traspasado su piel y ha llegado rápidamente dentro de su cuerpo… Con dificultad mira a un par de borrachos -que estaban por ahí cerca- huir del lugar. Está mal herid@. Con decepción mira la puerta de la discoteca -en la que no hay nadie- para que l@ ayuden, para que llamen a una ambulancia. Supone que el potente ruido de la música ochentera no dejó escuchar el disparo a los de adentro. El de las gafas de sol se acerca hacia usted, que está tirad@ en el suelo, en medio de un charco de sangre. Usted finge estar muert@. Con el rabillo del ojo observa al tipo miserable arrastrar con el zapato el arma de fuego suya, hasta acercarlo a su mano derecha; luego, sacar del interior de la chaqueta de él el arma de fuego, con la que hizo el disparo, la cual está envuelta en un pañuelo (usted deduce que lo del pañuelo quizá es para que no se alteren las huellas dactilares, tontamente impresas horas antes por el Objetivo X, por la persona a quien pensaba eliminar); enseguida, usted observa que el hombre de las gafas de sol introduce el arma dentro de un tacho de basura situado por ahí cerca. Segundos después, usted alcanza a observar a un perrito pequinés callejero, que le ladra al tipo ruin, quien ahora ríe y se aleja por la oscuridad. A usted le cuesta creer que las cosas se hayan invertido…

AMANECER. Usted está a punto de desfallecer, de perder la conciencia; pero justo en ese instante alcanza a escuchar la sirena de un patrullero, ¿o es una ambulancia?, ¿o es su imaginación?, que se acerca al lugar de los hechos.

 


Máximo Ortega Vintimilla. Especialista en Criminología, Universidad Complutense de Madrid; Master en Derecho Penal, Universidad Andina Simón Bolívar; doctor y abogado U. Católica Cuenca. Actualmente es Juez Penal en la Unidad Judicial de Iñaquito de Quito y Conferencista. Obras publicadas: Derecho: La criminalidad económica” (Edit. Fondo de Cultura Ecuatoriana, Cuenca, 2000); La calumnia y las expresiones en descrédito y deshonra perpetrados por medios digitales: Facebook, Watts App y más (Edit. ONI y Editorial Jurídica del Ecuador, 2018 (2 ediciones)). Literatura: La Poesía es algo más que un sueño (Edit. América, Azogues, 1990); Novela El arco iris del tiempo” (Edit. Huerga y Fierro, Madrid-España, 1996, 1ra. edición; Edit. El Conejo, Quito, 2da. edición, 2010); Poemas Vibraciones en Verde”; Cuentos El hombre que pintaba mariposas muertas; novela Gigantescos elefantes dormidos” (Edit. El Conejo, Quito, 2007).

 


Foto portada tomada de: https://www.pexels.com/es-es/foto/ligero-mujer-arte-oscuro-3856635/

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