Cómo joder a un escritor | Ender Rodríguez

Por Ender Rodríguez

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Venezuela)

 

 “Los poetas -amor mío- son unos hombres horribles, unos monstruos de soledad, evítalos siempre -comenzando por mí-”

Raúl Gómez Jattin

 

Hay trillones de maneras de “auto-joderse”, y de “joder a un escritor”; o quizás tal vez, de ser “jodido” por alguna editorial, jurados de festín, políticos a color o ante algún “lameculo” del espectro cultural, sea del ruidoso mundo de la farándula o del “crimen organizado”. Tampoco podemos decir que el mundo entero anda buscando “cómo joder a un escritor”. Hay gente que no solo “apapacha” a los escritores, sino que les promocionan, y les ayudan a surgir de las cenizas. A veces, nosotros mismos como escritores (o posibles “escribidores”) nos “auto-jodemos”; jugamos a “no ser”, o a execrarnos; y tendemos a “endiablarnos de alienación”. Existen instituciones culturales o editoriales que funcionan excelentemente o de forma honesta, y que no andan tratando de “joder” a los demás. Aunque vivir de lo poético es un sueño, nos lo dice Antonio Orihuela al desentonar su cante así: “La poesía es un incendio … no da para comer da para arder”. El argentino Cristian Vásquez nos plantea que: “Desde un punto de vista capitalista, dedicarse a escribir libros es uno de los peores negocios del mundo. Tal vez el peor de todos. Lo explican muchos de esos artículos repletos de palabras como éxito, coaching, liderazgo, actitud, emprendedores y otras del mismo campo semántico”.[1]

Cuando un escritor o pseudo-escritor (en especial poeta, cuentista, novelista) o cuando un “gánster letrado” comienza a dudar de su creación aparentemente inamovible e intocable, para tratar de re-plantearla, re-escribirla, interrogarse o seguir evolucionando; o sea cuando eso pasa, realmente su literatura puede tomar una vida propia, pulula aún más, y entra fugazmente en una especie de dinámica de reflexión-verbo-reflexión. Lo contrario sería, fallecer con nuestra rígida escritura desde los labios del féretro.

Cuando el asunto del “ego crecido” o cuando “el ego híper-volador” nos ataca el ser; sucede una “erección mental permanente por la fama”, lo cual nos hace perder ciertos rumbos. Allí, es inevitable que algo de auto-destrucción entre en escena. No importa si el autor o autora ha ganado premiaciones y reconocimientos que ha montado hermosamente en sus paredes de cristal. Todo ello, no significa que su literatura sea potente, interesante, o audaz dentro del laberinto escritural. Existen poetas que viajan por los países y dedican autógrafos a sus orgásmicos “fans” y seguidores por doquier, generando cierta “baba pública”. Hay algunas “literaturas de lo comercial” que venden excitación, y sus asiduos lectores compran mucha ilusión del desdén. Y jugando al ejercicio de des-escribir diría Orson Welles: “Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude”. “En realidad, el escritor no necesita más lectores que los pocos que le comprenden. Es inmodesto querer más” nos deja asentado Gore Vidal sabiamente. Y si hablamos de editoriales “gobierneras” y “ministerios de cultura y artes” es necesario escuchar a Octavio Paz decirnos que: “No hay nada más triste que el escritor sometido al dictado del político”.

El mundo de los escritores es tan complejo como el de las tramas de una supernova o un big bang. Hemingway se voló la tapa de los sesos para marcar su estilo, según dicen unos. Alfonsina Storni para morirse se arrojó al mar y dejó una nota. “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” escribiría Pavese y se lanzó dieciséis envases de somníferos. Anne Sexton dejó al provocarse la muerte, dos hijos y un premio Pulitzer en caja, además de hermosos poemas que escribiría años atrás en el psiquiátrico. De su nota de suicidio queda este fragmento: “…Seré una cosa ligera. Entraré en la muerte como alguien que perdió sus lentes. …La vida se inclina hacia atrás y hacia adelante. Ni siquiera las avispas pueden encontrar mis ojos”.[2]

Hubo poetas “medio malditos” o “súper benditos” del mal y del bien, si es que eso existe en la palabra. No lo sabemos. Baudelaire nos regaló Las Flores del Mal. Bukoswki decía que las palabras no eran aburridas, y que eran cosas que podían hacer zurrar tu mente. Ha habido de todo en esta licuadora de la vida para andar releyendo y re-escribiendo auroras sin pistón, o hasta para profesar el oficio concreto de perderse la existencia ante un papel en blanco. Muchos escribimos o “mal escribimos” y no sabemos por qué o para quién lo hacemos, mientras otros ganan y pierden espectáculos. Escribir “algo mal e irregular” o fuera de las normas establecidas, no nos hace tan “malos poetas”; a veces “ser bueno no es tan bueno” como uno cree. Y si no, preguntémosle al anti-poeta, el Nica Parra quien nos respondería lo siguiente: “…Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte ¡las risas de este libro son falsas! argumentarán mis detractores, sus lágrimas ¡artificiales!, en vez de suspirar, en estas páginas se bosteza, se patalea como un niño de pecho, el autor se da a entender a estornudos. Conforme os invito a quemar vuestras naves, como los fenicios, pretendo formarme mi propio alfabeto. ¿Para qué molestar al público entonces? se preguntarán los amigos lectores, si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos, ¡Qué podrá esperarse de ellos!…”.[3] Por otra parte y más al norte de Latinoamérica, nos dirá Aníbal Nazoa que: “Ser escritor en Venezuela equivale casi exactamente a no tener oficio conocido”.

Han pasado por la historia diversos poetas o escritores en guerra, en esa extraña faena de bombardearse para supuestamente sobrevivir peleándose “egos”, o rollos intensos y pasándose “facturas de vida” sin papel alguno. Verlaine y Rimbaud tuvieron una loca relación amorosa, donde en una borrachera Verlaine le da un tiro a Rimbaud en la muñeca. Al parecer, Lope de Vega describe en una carta a Cervantes como: “un puerco, un culo, un muladar, un baladí”. El puñetazo de Vargas Llosa a García Marquez (El Gabo) en público según dicen, fue por líos de faldas. Los artistas Dalí y Buñuel dedican una carta contra el Nobel de Literatura Ramón Jiménez y le acusan de que su obra les repugna por “cadavérica, histérica e inmoral”. Los villanos Hitler, Stalin y Mussolini fueron nominados al Premio Nobel de la Paz, al igual que el guerrerista Obama. Los premios pueden ser también un gran festival de mentiras. Hitler podría haber sido un estrafalario o interesante pintor en vez de un “mega-asesino”, pero fue rechazado dos veces en la Academia de Bellas Artes de Viena. Volviendo a los escritores, podemos decir que unos atacan a otros, diciendo que habría que asesinarlos usando hasta sus propios huesos. Truman Capote decía de Hemingway que era idiota del todo. Señalaba Roberto Bolaño una vez: “Como poeta sería maricón o si acaso loca, como Whitman y Blake. Neruda y Paz, en cambio, son maricas”.[4] Virginia Woolf decía de James Joyce a raíz de Ulises, que él como escritor era “un despistado preparatoriano rascándose los barros”. Kingsley Amis sobre Vladimir Nabokov: “Qué hijo puta. Ese tipo es un completo galimatías”. En fin, es larga la lista de pleitos y “mentadas de madre”, hasta choques políticos entre escritores “izquierdosos” versus “derechistas” y al revés. “Nunca he conocido a un comunista tan deslumbrado por el lujo” expresaba Francisco Umbral sobre Alejo Carpentier. Podremos encontrar también muchos escritores, que no viven en guerra o en pleito permanente con los demás creadores pues, hay tipos que realmente se apoyan entre sí y en vez de competir, comparten sus locas ideas críticas, sus estrambóticas rumbas o hasta proyectos de ensoñación. Unos sujetos han salvado la vida de otros sujetos, tanto en el mundo de las artes como en la literatura (que es otra forma de arte). Kafka a diferencia de tantos escritores que solo pretendían publicar, le encargó a su gran amigo Max Brod, que quemara todos sus textos y en cambio este, los divulgó. ¿Querría Kafka no mutar de nuevo al morir?

Puede existir lo que llaman algunos como “poesía fácil”, y quizás sea la que se escribe con posibilidad de ser fácilmente digerida por los demás, la cual no genera atragantamientos peligrosos. Hay gente que le “teme al temor” o que tiene miedo del enojo que pueda causar su literatura en el lector o lectora. En internet o en el mundo en línea, existen blogs y páginas literarias que no son realmente muy interesantes que se diga; aunque sí existen también unas páginas web demasiado interesantes y que causan gran impacto por su generosa calidad en la generación de poesía y narrativa, además de investigación, visualidad y recorrido como entorno digital, creando inclusive intercambios múltiples, comunicativos o de interacción. Por otra parte, existen espacios de literatura en la red donde ningún “comecaca” de los encargados, es capaz de contestarle o simplemente responder al escritor que envía sus trabajos para revisión y posible publicación. Uno agradecería que por lo menos, le respondiesen por email algo como que: “Los textos enviados por Usted no podrán ser incluidos por razón de espacio y tiempo. En estos momentos no recibimos colaboraciones; sin embargo, lo contactaremos si más adelante es seleccionado por el comité evaluador, gracias”. Así sean mentiras, se podrían aceptar y que por lo menos, las escriban al correo de quien envía o para avisar que será publicado en la fecha tal o cual. Suele haber casos, donde el silencio es algo parecido a la estupidez. También pasa que un “escritor terrible” a veces, no es capaz de aceptar que a sus escritos les falta “fogueo y gasolina”. Por supuesto, montar una revista también es un lío, muchas veces se hace de forma gratuita. Casi nadie te paga por mantenerla. Es casi un deporte extremo y de voluntariado.

En el universo de las editoriales, encontramos hasta las más significativas y dedicadas, así como las que te ofrecen que firmes un contrato donde no te pagarán jamás derechos de autor, sino que te dan el 10% de los libros impresos y que tú intentes venderlos en la calle o a tus amigos -sin dinero- para que te lancen un duro o un plato de papas y frijoles, menos el ron. Quienes hemos hecho eso de publicar sin pago alguno, sabemos muy bien que nos “jodimos”, porque deseábamos sacar el poemario “equis” a como diera lugar. Somos tan culpables como la editorial misma en la marca del crimen auto-asumido. Muchas veces al publicar, aunque no nos traigamos la pasta, creemos sentirnos como en el poema de Hanni Ossott: “…Sé que sostengo entre palabras un adentro del afuera…” Y levitamos orgásmicos en nuestra excitación. Hay editoriales que económicamente sí pudieran pagar. Pero habrá las más pequeñas y autogestionarias, que apenas si sobreviven.

Aunque más del 90% de nuestro cuerpo esté conformado por polvo de estrellas según la ciencia, igualmente podemos escribir experimentando entre otros, mucho estiércol, cursilerías, lugares tan vagos como comunes y palabrerías demasiado barrocas o adulteradas de verborrea para la ocasión. No hay que ser muy genio para saber que ponerse a escribir tal como Neruda lo hacía hace tanto tiempo, sería hoy día -en plena contemporaneidad-, algo más que un suicidio planetario. Leer los poemas nerudianos no está de más, pero escribir desde el pasado sin una crítica revisión de lo que ya pasó y lo está pasando ahora en las transformaciones del lenguaje y la escritura, sería desfasado y “melancolicón”. Algunos poetas o no poetas se sienten reptilianos, agnósticos, “ateo-espirituales”, invisibles e invencibles y post-apocalípticos. Unos contra-poetas u “odiadores de la poesía ramplona” podrían ser “adictos a la escribiruela”; pero también existen los metrosexuales que con versos enamoran nenas o chicos al pasar. Los millennials (del milenio), en cambio parecen nacidos dentro de un computador, su sensibilidad es más que digital, es eléctrico-cibernética y se mantienen “medio equilibrados” en su cordón umbilical USB. No hay que ser muy poeta para ser capaz de generar sus propias metáforas, chispas y alumbramientos de las sensaciones energéticas más sublimes o las más cercanas al lodo, al propio inframundo lírico. Puede un herrero, un trabajador de la basura urbana, o un sucio indigente llegar a ser una especie de poeta callejero o transeúnte. Un “anónimo jodedor” llegó a declamar que una mujer debía quedarse con quien le hiciera sentir “mariposas en el clítoris”; porque lo del estómago era solo hambre.

Quienes nacimos en los setentas, apenas conocimos el lápiz, no existían computadores en nuestro país (como los conocemos ahora). Los “cuarentones”, llegamos a “dibujar letras” incluso con carbones de leña. Yo me pregunto ahora: ¿Existirá una poesía neo-hardcore, una hispter, y un “nuevo poeta” de las enredadas redes del mainstream?

Pueden encontrarse en la actualidad, diversos estudios e investigaciones de compilación muy valederas sobre escritores a manera de antologías en los más conocidos ambientes literarios como en los más recónditos lugares. De entre tantas antologías, podríamos con suerte toparnos con ciertos estudios sólidos, trabajados y desarrollados sin el pudor o la exclusión hacia nuevos autores (o alternativos) en variados casos; pero igualmente nos encontraremos con antologías realizadas en séquitos y grupúsculos de los “amiguitos de los más amiguitos” dentro del poder institucional-cultural, dígase familiar, sexual, político, “de clase social” o “de farras”, entre otros.

Para escribir firmemente y de modo audaz, tampoco hay que estar navegando en fantasías de LSD, o en canales inter-cósmicos emporrados de rock n´roll o estar por otro lado, embriagado de ginebras o en la “caña clara del abandonado” en su boulevard roto. En el campo de los artistas visuales, auditivos, escénicos, circenses, y demás, pueden encontrase situaciones parecidas entre los creadores de tanto des-orden y zaperoco de poiesis.

Sobre el mundo de las competiciones y ciertos premios literarios españoles, deja clara su posición el escritor José Manuel Caballero cuando se refiere críticamente a tales concursos: “Lo que prevalece a la larga es la rentabilidad comercial o el lucimiento de la entidad patrocinadora. Eso de descubrir nuevos valores viene a ser un reclamo para incautos o algo así”.[5] El escritor Juan Marsé (Premio Planeta, 1978), después de estar haciendo críticas y recomendaciones al Premio Planeta en 2005 advirtió que: “los componentes del jurado, muchos de ellos vinculados laboralmente a la editorial Planeta desde hacía años, no podían evitar cierta complacencia acrítica que convenía a ciertos postulados oportunistas, meramente comerciales y literariamente vacuos. El negocio primaba sobre la literatura”. Sobre el caso contrario, uno podría decir sobre concursos mejor desarrollados -tratando de ser equilibrados- que: Bienvenidos los premios “honestamente entregados” o “justamente ganados”. Hemos conocido unos cuantos excelentes poetas gracias a los concursos, hay que decirlo también. Ahora, valdría la pena preguntarse sobre cuánto ha jodido y bloqueado el proceso de trabajo de tantos escritores, al enfrentarse a la testarudez de tanta competición absurda en busca de “vedettes”. Y cuánta falta ha hecho la posibilidad de “becas”, apoyos solidarios, “incentivos variados a la creación”, financiamientos para encuentros creativos permanentes de escritura y con seguimientos estructurados, etc.

Pensemos en una crítica y propuesta sistémica, más allá de lo planteado por Manuel Caballero y Marsé. Es decir, plantear una idea más glocal y holística como salida. La pregunta es: ¿hasta qué punto es interesante que se haga una mega-actividad y un gran show solo para premiar una obra o un único autor o autora, en medio del festín y las celebraciones del caso eventual? O sea, qué tal hacer un espectáculo “buscando un o una sola ganadora” para mandar a la verga a los 1000 escritores participantes, de los cuales si quiera 170 podrían ser potenciales o interesantes escritores. No es muy divertido tratarles como “simples pedos bajo el agua” ¿No creen? Imaginemos entonces, unas convocatorias diferentes donde se lograse generar financiamientos variados para más de un escritor, ojalá 20 (claro, con mayores recursos y uniendo esfuerzos entre editoriales y países en sendos convenios, tomando la base de datos de los participantes). Además, que se publicase más de un libro, ojalá 15 incluyendo, una antología de textos de los escritores más sobresalientes o cuya literatura fuese impresa por su audacia, originalidad, densidad, etc. Y no solo contentos con ello, que se crearán más encuentros o ferias alternativas para promover a otros poetas, narradores y participantes de la misma convocatoria que, aunque no resultasen ganadores en la competición, fuesen igualmente potentes, excelentes, arriesgados y valiosos sus trabajos. Se intentaría proyectar de ese modo, a más escritores y logrando quizás, que otras editoriales conozcan y hasta se atrevieran a querer publicar a otros creadores, más allá del concurso en cuestión. Tales encuentros podrían realizarse como “reflexión dialógica ampliada” donde críticos, jurados, escritores, editores y público en general, compartiesen ideas, proyectos, críticas constructivas (y no tanto), y hasta sueños “descalabrados” y se vieran cara a cara para asumir los retos que hay que asumir, si queremos que la literatura no sea solo un festín eventual que se evapora como gaseosa, sino que fuese, al contrario, algo groso, sostenido, complejo, empático y abrasador.

Por otra parte, pueden realizarse convocatorias de publicación e impresión de libros de tipo más artesanal o más micro-empresarial, tomando en cuenta que la espectacularidad no es suficiente al hablar de literatura o “literaturalidad”. Cuando se trata de pequeñas iniciativas autogestionarias, ya sabes que es menos lucrativa la cosa, y no podrás exigir mucha ganancia. Eso es diferente a una editorial mucho más grande. Hoy día, hay demasiados escritores que sobreviven haciendo traducciones, redacciones, revisiones, o produciendo “libros de autor” de bajo tiraje o de pocos ejemplares; o tal vez, dictando talleres literarios y en el campo de las pedagogías de la lecto-escritura y la educación no convencional. Existen escritores que poseen otras profesiones para poder comer, y aparte siguen creando poesía y generando digamos literatura, aunque no ganen concursos o simplemente, les “vale madres” los mismos. Se puede participar en un concurso solo por necesidad o sobrevivencia, y luego al ganarlo (teniendo en mano el premio en metálico); podría ser divertido, declarar que “los concursos y competiciones son una mierda” pero se necesitaba la pasta para llevar “el pan al hogar” y algo para los vicios que amerita un “cerebro de escritor”. Tal declaración, podría no agradar a los jurados, a la policía, a los críticos o a la “ciudad en vela”, o a vuestras propias madres, lo cual tampoco debe importar mucho a un “no tan mal poeta”. Defraudarnos de vez en cuando, puede ser un “relajo de fuego en juego”. Sería estimulante recibir un premio del Rey de España y al otro día decir “Me cago en el rey y que devuelva las tierras y el oro”. En la canción “Lo niego todo” Joaquín Sabina plantea que: “He defraudado a todos, empezando por mí”. Pero lo mejor sí podría ser, tomar el dinero de un certamen o competición y con parte de esos recursos, hacer algo realmente transformador como publicar a poetas emergentes que casi nadie quiere apoyar o apostar por ellos, generando nuevos movimientos o posiblemente alternativos, desde abajo, no montados en el arriba.

Si de niños, nuestros padres o la escuela, nos hubiese permitido descubrir que literatura podría ser también cada “cosa loca” que vivíamos de pequeños narrándolo, y que nos dejasen escribirlo-relatarlo con nuestras propias palabras y dibujos a los 9 años, quizá nuestra seducción por la auto-creación y más adelante por los libros, habría nacido tempranamente. Pero, se nos invadía con textos pesadamente aburridores o exageradamente complejos, para que un chico en vez de enamorarse de la lectura terminase, al contrario, obviando o hasta odiando lo literario e institucionalizado, lo estandarizado, lo controlado u obligado. Un niño podría en su ingenuidad llegar a decir: “Los huevos son cocos que ponen los osos”. El hijo de este servidor, exclamó a sus 9 años estas frases: “Papá no arrugues la leche” y “Ya estoy cansado de vivir como un cambur”. ¡Y vaya, qué grandes poemas dicen los chicos! Ante toda esta reflexión; entonces, uno concluiría con razón, que seguro ha sido gigantesco e histórico el daño (el “joder” digamos), que ha causado en personas “creactivas” desde niños (artistas o creadores bloqueados), nuestra sociedad cuadrada y visceralmente carcelaria hace muchos años. Tales perversiones habrán ido convirtiendo en pasividad o acostumbramiento en el ser ya pasivo, tantos sueños de creación estética. Por supuesto, existen creadores que a pesar de lo crudo de lo vivido y los bloqueos, han renacido como muchos fénix, y han generado una creación desde la resiliencia.

Narrar ficción es mentir, posiblemente, con gran belleza. Escribir cuentos es “cuentear” o hacer recorrer tantas “historias de vida” con la palabra envuelta en magia, horror o humor, y demás posibilidades que el narrador sabe sacar de su “casita neuronal”. Facundo Cabral hizo célebre la frase de la mamá del Gabo, cuando expresó: “Yo no sé nada de literatura, yo solo sé que el Gabo tiene mucha memoria porque todo eso que escribió se lo contaron” . Vargas Llosa, declara: “En efecto, las novelas mienten -no pueden hacer otra cosa-, pero ésa es solo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que solo puede expresarse disimulada y encubierta, disfrazada de lo que no es. Dicho así, esto tiene el aire de un galimatías. Pero, en realidad, se trata de algo muy sencillo. Los hombres no están contentos con su suerte, y casi todos -ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros- quisieran una vida distinta de la que llevan. Para aplicar -tramposamente- ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener”.[6] Los poetas también mienten como mudos perros marinos, los pintores mienten a colores o sin brocha alguna. La mentira poética es quizás, una extraña e interesante verdad. “El loco hierra pero no miente” decía el español María Panero desde su manicomio azul. Escribir podría ser un intento por “endemoniar dioses”, “espiritualizar verbos”, “purificar negruras del alma” o “sacar de quicio a alguien”. Dicen que Benedetti cuenta sobre una “historia romántica” lo siguiente: “Me enamoré de sus demonios y ella de mi oscuridad, éramos el infierno perfecto”. Más adelante dirá Benedetti si lo parafraseamos, que este jodido mundo es un pobre planeta de mierda y de huesitos rodando redondo en el espacio. Eso es una poética de descripción fatal de lo que sucede y parece “un no tan lindo poema” para obsequiar. En otros cuantos poemas, Benedetti se pone demasiado dulce y “romanticón”, vamos a estar claros.

El gran Cantinflas expresaba: “O nos tratamos como caballeros o nos tratamos como lo que somos”. No sabremos si este texto que ahora leen ustedes, sirva de algo para generar reflexión, duda o hasta divertimento, pero es lo que le sale a deshoras a este servidor o “mal escribidor”. La vida nos hace ser lo que somos, es decir, unos “incivilizados mamiferianos” que se abotonan, se descalabran y masturban, se leen de reojo o “muchas veces se joden entre sí”; pero otras veces, solo otras veces escriben y escriben sin parar, incendiándolo todo con algo de “genialidad”.

Notas

[1] Christian Vásquez. “Escribir libros es el peor negocio del mundo”. En revista Letras Libres, 12 de junio de 2019. https://www.letraslibres.com/mexico/literatura/escribir-libros-es-el-peor-negocio-del-mundo?fbclid=IwAR3XPv1E7X1IJSLk02_uuSSRpqdlKeNDpR4WZFcgUzGaJGwAU9xHuj4osjo

[2] Alberto Hernández. “Poesía y suicidio, de Miguel Marcotrigiano”. En revista Letralia, 11 de febrero de 2019. https://letralia.com/ciudad-letralia/cronicas-del-olvido/2019/02/11/poesia-y-suicidio-de-miguel-marcotrigiano/

[3] Nicanor Parra. “Poemas”. En blog Poéticas, florilegio de metapoesía. S.f. https://poeticas.es/?p=77

[4] David Sánchez. “Insultos, peleas y críticas entre escritores”. En blog Las Lecturas de Mr. Davidmore, 6 de junio de 2014. https://laslecturasdemrdavidmore.blogspot.com/2014/06/insultos-peleas-y-criticas-entre.html

[5] Maribel Marín Yarza. “¿A quién sirven los premios literarios?”. En diario El País, 13 de febrero de 2017. https://elpais.com/cultura/2017/02/10/babelia/1486723630_593071.html

[6] Mario Vargas Llosa. “El arte de mentir”. En diario El País, 24 de julio de 1984. https://elpais.com/diario/1984/07/25/opinion/459554410_850215.html

 


Ender Rodríguez (San Cristóbal — Venezuela, 1972). Escritor y artista multidisciplinario. Licenciado en Educación Integral. Ha publicado: Cantos del origen (2001, CONAC); El sofá de Beatrice (2006, CENAL); Primavera cero (IPASME, 2007); Creactivo I (BARIQUÍA , 2007); Rabo de Pez — Nuevos idiomas en la creación formato e—book (FEUNET, 2014); Entrecruzamientos (Editorial Académica Española EAE, 2015); Ex sesos y asa res Borrones para textos no tan perversos (CENAL, 2016), El Blues de la Parca – 10 cuentos grotescos (AMAZON, 2017) y Creactivo II (AMAZON, 2017) entre otros publicados en internet, y en físico como coautor. www.enderodrigueznomeempoeme.blogspot.com

 


Foto portada tomada de: https://www.pexels.com/es-es/foto/blanco-y-negro-cerca-cerrar-de-perfil-785746/

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