“Viaje al fin de la noche” de Louis-Ferdinand Céline | Fabricio Guerra Salgado

Por Fabricio Guerra Salgado

 

Un Cristo excremental usando el retrete. París plagada de chinches y gonorrea. Un chulo de putas sobreviviendo de forma precaria en la pujante y automotriz Detroit. Céline recurre a la máxima degradación para configurar la atmósfera sombría y contaminada de una historia en la que la derrota se torna inexorable.

El Viaje al fin de la noche es en realidad un periplo a los abismos de la existencia, en donde aparece la sinrazón de la guerra, la vacuidad de la paz, la crueldad del hombre colonizador, la sordidez del colonizado, el sueño americano roto en mil pedazos. El final de la noche emerge como el lado b de la vida, en cuyas coordenadas transcurre la peripecia vital de Bardamu, trasunto del autor y perpetuo insatisfecho. Escapista reincidente de todo proyecto emprendido y náufrago impenitente en el turbio mar del fracaso total.

Pero Bardamu no es el personaje trágico enfrentado a un destino adverso, puesto que su valía consiste en asumir su circunstancialidad con la resignación y lucidez de quien sabe que toda lucha resulta inútil y que nada cambiará, limitándose más bien a observar la condición humana. Como era de esperarse, nadie sale bien librado de tal disección, impregnándose todo de la vulgaridad y vileza que nos son tan inherentes.

Delirante es el pasaje del Bardamu recibido tardíamente de médico, quien advierte que este es un sucio oficio más, similar a tantos otros. No tarda entonces en dedicarse a practicar abortos furtivos a sus vecinas de arrabal, así como a emitir, por unas pocas monedas, el certificado necesario para la internación en el ancianato público de una pobre vieja convertida en estorbo para sus hijos.

Memorable es también el relato del protagonista amancebado con la novia de su amigo ciego, chica ligera de bragas, a la que alecciona sobre los riesgos de contraer enfermedades venéreas, pues hombre responsable, compañero incondicional y científico titulado… ¡No podía esperarse menos del buen Bardamu!

Tras la lectura apasionada de esta colosal obra, ya nada podrá ser igual, porque como lo sentencia el propio Céline, es solo el entorpecimiento sistemático en el que vivimos sumidos, el que encubre el asco que deberíamos sentir por aquello que nos rodea. De modo que, si alguien se aferra a la esperanza, si pretende seguir creyendo en la honestidad, la solidaridad y bla, bla, bla, lo mejor será que se aleje de la presente novela, quedando establecida así la advertencia para tales casos: ¡Absténgase de viajar a la zona más oscura de la noche!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s