Viaje a la devora | Carlos Enrique Saldívar

Por Carlos Enrique Saldívar

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Perú)

 

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Entonces el hombre se dijo que aún se hallaba soñando. Era obvio, no podía ser de otra forma, en el siglo XXI los seres humanos reinaban sobre la Tierra, no esas enormes criaturas verdosas. Deseó despertar y no pudo, recordó que la única manera de volver a la realidad era muriendo en el sueño, así había sido siempre, desde su más lejana infancia. Por ello se puso de pie, sin atacar, y se plantó frente al tiranosaurio para ser comido. El gigantesco reptil lo engulló rápidamente, aunque el dolor (con un toque de placer) pareció durar cien mil años. El tipo no abrió más los ojos.

—Es terrible —dijo el científico número 1.

—Sí, es la tercera vez que pasa —dijo el científico número 2—. El sujeto de prueba se sintió confundido al aparecer ahí, no recordó la travesía ni que tenía que dispararle al reptil con la pistola láser para desintegrarlo. ¡El desdichado se dejó convertir en papilla!

—Cierto, creyó que todo era un sueño y que estaba en su cama, dormido, soñando.

—Es necesario reparar la falla, aunque seguiremos mandando voluntarios en tanto.

—Correcto. El siguiente explorador estará listo dentro de unos días. Estoy seguro de que el problema es la máquina del tiempo, la revisaré con minuciosidad, sistema por sistema, pieza por pieza, de algún modo el artefacto provoca en los viajeros la sensación de ensueño.

—No es para menos, nadie espera despertar y ver un dinosaurio. Lo que no sabía era que un sueño común fuera ser devorado por este reptil. Yo esperaba que, más bien, los enviados destruyeran al animal en cuanto se lo topasen, por supuesto, sin afectar nuestro presente. Aunque, analizando la situación con frialdad, no creo que sea un sueño común, quizá se trate de un raro deseo, de esos que solo pueden acaecer o cumplirse dentro de un ensueño.

—¿Tres viajeros temporales con instrucción militar tuvieron el mismo deseo?

—¿No lo tendrías tú? Yo sí lo tendría.

—Sinceramente… puede que yo también. Tú eres el psiquiatra, ¿qué opinas?

—No te espantes, eh… creo que es un deseo homosexual reprimido. No es nada extraño, ocurre todo el tiempo, incluso en varones que tienen bien definida su sexualidad.

—Entiendo. Mira, el asunto es muy serio; pronto la empresa pedirá avances y tenemos que darles algo para dejarlos satisfechos otro año. Se me ocurren un par de cosas.

—¿Propones una solución?

—Sí, enviemos una mujer.

—Es una excelente idea.

—Debe ser heterosexual.

—Obviamente. ¿Y si no funciona? ¿Y si piensa que es un sueño y se la comen también?

—Entonces enviaremos niños. Ellos poseen menos complejidad; en el peor de los casos, si olvidan el viaje, como los otros, se asustarán y creerán que están dentro de una pesadilla.

—Eso no evitará que sean tragados por algún dinosaurio, los tiranosaurios perciben a los viajeros de inmediato y arremeten contra estos en cuantos los sienten, por eso no podemos salvarlos, necesitamos al menos dos minutos para activar la función de regreso al presente.

—Sé de infantes que serían buenos voluntarios. Intentaremos de todo, y lo haremos ya.

Jamás supieron que el conflicto mental de los viajeros se daba porque todos habían leído «El dinosaurio», de Augusto Monterroso, texto bastante famoso, sobre todo en los colegios.

 

 


Carlos Enrique Saldívar (Lima, 1982). Estudió Literatura en la UNFV. Es director de la revista impresa Argonautas y del fanzine físico El Horla; es miembro del comité editorial del fanzine virtual Agujero Negro, publicaciones dedicadas a la literatura fantástica. Es director de la revista Minúsculo al Cubo, dedicada a la ficción brevísima. Finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. Publicó el relato El otro engendro (2012). Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008, 2018), Horizontes de fantasía (2010) y El otro engendro y algunos cuentos oscuros (2019). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016), Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017, 2018) y Muestra de literatura peruana (2018).

 

 


Foto portada tomada de: https://pixabay.com/es/photos/arte-callejero-2860113/

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