“¡Jum!” de Luis Rafael Sánchez* | Rodrigo Miño

Por Rodrigo Miño

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Muchos estudiosos de la obra de Sánchez describen su narrativa como anti machista, y crítica frente a la masculinidad hegemónica. “¡Jum!”[1] es un corto relato que forma parte de una colección de cuentos del autor titulada En Cuerpo de Camisa. Para Juan Gelpi, esta obra del autor constituye una cuentística anti-patriarcal: “espacio que comparten los hijos y la madre, pero del cual se encuentra ausente, de manera notable, la figura paterna” (Gelpi 1986, 113).

Uno de estos niños sin padre, es el hijo de Trinidad. Ambos viven en una pequeña aldea de pobladores afrodescendientes en Puerto Rico. Todo el pueblo lo asedia constantemente por su condición sexual, al punto que éste, incapaz de soportar más acoso, opta por el suicidio, sumergiéndose en el río.

El chisme y el rumoreo persiguen al hijo de Trinidad, el bullying tiene un sonido, que, como un eco maledicente, va in crescendo, y da título al cuento:

“El murmureo verdereaba por los galillos. Que el hijo de Trinidad se prensaba los fondillos hasta asfixiar el nalgatorio. Que era ave rarísima asentando vacación en mar y tierra. Que el dominguero se lo ponía, aunque fuera lunes y martes. Y que el chaleco lo lucía de tréboles con vivo de encajillo. De las bocas comenzó a salir, en altibajos, el decir colorado, pimentoso, maldiciente.  !Jum!

“En cada recodo, en cada alero, en las alacenas, en los portales, en los anafres, en los garitos. —!Jum!

“Por las madrugadas, por los amaneceres, por las mañanas, por los mediodías, por las tardes, por los atardeceres, por las noches y las medianoches.” ¡Jum! (Sánchez 1971, 49-50).

Del hijo de Trinidad, desconocemos su nombre, solamente nos consta que es un chico excesivamente vapuleado por todos sus semejantes. Intenta encontrar algo de paz encerrándose en su casucha, pero la tregua del vilipendio solo dura hasta el amanecer, y la relativa tranquilidad de guarecerse en su hogar dura muy poco.  Y ese vivir a medias, dentro de su propia casa se traduce en no encender el fogón para no molestar, en estar enclaustrado, pensando en una vía de escape.

La marginación pronto afectará a su madre, provocando el aislamiento social de la familia, el chico raro es un apestado y habrá que guardar distancias.  Este aislamiento y esta opresión culminan en la decisión del joven de autoexiliarse:

“La Ochoteco, que le daba la fiambrera, le mandó un papelito diciéndole que estaba enferma y que no cocinaba más. Perdolesia le trajo las camisas planchadas y se quejó de la ruma. No se llevó las sucias. Lulo el barbero le dijo que no le tocaba el pasurín. Y Eneas Cruz compró alambre dulce para marcar la colindancia.

“El hijo de Trinidad se quedó largo rato con el coco en el limbo. Luego, escondió el rostro en el hombro derecho. Así, callandito, callandito, lloró. El hijo de Trinidad decidió irse del pueblo”. (50-51).

La homofobia, según este relato de Sánchez es un monstruo que no solo ataca al disidente de género, sino que además afecta a su entorno directo, a la familia, sobre todo en el ámbito rural y pueblerino.  El autor, puertorriqueño mestizo con raíces africanas, quiere hacer notar el machismo exacerbado de la población negra, en este caso, isleña, de la región caribe, en general:

—“¡Que los negros son muy machos!

—“¡Y no están con ñeñeñés!” (51).

Al respecto, Rafael Falcón señala la intencionalidad de Sánchez en construir una diversidad sexual dentro de una comunidad de afrodescendientes: “Por la concepción que existe del negro como un ser desbordantemente viril, su homosexualidad choca más que la del blanco”[2]. Falcón añade además lo interesante de hacer destacar el prejuicio racial, aparte del homofóbico, que existe dentro del mismo grupo comunitario en el cuento de Sánchez:

“Que el hijo de Trinidad se marchaba porque despreciaba los negros. Que se iba a fiestar con los blancos porque era un pelafustán” (51).

Además de los insultos y los vejámenes, lo que más persigue al joven, como a todas las personas que son víctimas de la homofobia, es fundamentalmente el chisme. La rumorología en esta narración no dará tregua a su fecunda y maliciosa imaginación: “El murmoreo daba cosecha abundante. Que se iba de noche para no decir adiós. Que se fugaba con un fulano cochambroso. Que escupía el recuerdo de los negros” (52; énfasis añadido).

El resto de la narración describe que tanto hombres como mujeres (quienes van por separado, para connotar la segregación de géneros en la cotidiana interacción social de la aldea) se apostan alrededor de la casa del hijo de Trinidad para insultarlo.

El joven espera que esté bien entrada la noche para intentar escapar, pero el laberinto homofóbico, que es su vida en la aldea, tiene muchos minotauros en vigilia para lanzarse al acecho. Apenas da unos pocos pasos se le viene encima una sombra para insultarlo; luego ve otras dos sombras más que le impiden el paso.

De improviso las sombras se multiplican hasta superar el centenario. Una de ellas sugiere: ¡Ajotarle los perros! Y la jauría animal se une a la humana para ladrarle y atosigarle trecho abajo. Sánchez describe la persecución como una procesión. El chico y los perros. Se avizora un sacrificio humano para calmar a la plebe, para exorcizar sus demonios, para deleitar su crueldad y satisfacer el afán de comprobar su normalidad, martirizando al anormal:

“Como epílogo de la procesión se consuma la auto (?) exterminación:

“Los satos[3] asquerosos se quedaron en la orilla. Las sombras también. Y las voces hirientes.

—“¡Mariquitafiesteramariquitafiesteramariquitafiestera!

“Las mujeres todas. Los hombres todos.

—“¡Que no vuelva! ¡Que no vuelva!” (53).

El niño termina su vida sumergiendo su cabeza en el agua del río para ya no escuchar más insultos. “¡Jum!” es un crimen de odio, una masacre en equipo. Una humillación realizada de forma colectiva que induce al perseguido a victimarse, pero que, inclusive, el cómo hacerlo, le es inducido; sueltan a los perros de la comarca, y el chico es perseguido por las dos jaurías camino al río.
El cómo desaparecer de este planeta se le sirve en bandeja. Ya está en el río, y la única manera de no seguir oyendo los insultos y vejámenes es hundiendo su cabeza en el agua, confundiendo la frialdad del agua con el hervor de la furia del populacho y los ladridos de los canes.

El murmullo homofóbico que inicia con el sonido jum, luego se convierte en guau, en una feroz cacería a una presa que altera el orden de género férreamente establecido, y a la que hay que dar alcance y liquidarla, para finalmente tornarse glu, logrando la desaparición de lo que altera el orden, de lo que incomoda, de lo sucio y pecaminoso en el sistema, de lo abyecto que transgrede la heteronormatividad, de lo femenino, inconcebible en quien, por haber nacido con sexo masculino, debería cumplir con el estereotipo de género de macho afro caribeño.

Ante tal desencanto social, la homofobia surge en esta historia como una terapia popular frente al temor colectivo de que entre sus pobladores haya surgido lo aberrante y lo aborrecible, ejecutando su función de árbitro del cumplimiento del rol de género, y ante la transgresión, sirve de catarsis colectiva e inquisidora cazando al ser fantasmal que espanta a la población heterosexual en su pacífica convivencia con la siempre grata y bien ponderada normalidad.

 

Notas

[1] *Sánchez, Luis Rafael: “!Jum!”: en  En cuerpo de camisa: 49-55. Río Piedras, Puerto Rico: Editorial Antillana 1971.

[2] http://www.cervantesvirtual.com/obra/el-tema-del-negro-en-el-cuento-puertorriqueno/ Rafael Falcón: El tema del negro en el cuento puertoriqueño, (Alicante, Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, 2009). Accedido el 24 de Septiembre del 2018.

[3] Satos: sinónimo de perros.

 

 


Nota del editor: Este ensayo fue redactado como parte de un proyecto de investigación sobre la homofobia en la literatura hispanoamericana financiado por el Comité de Investigaciones de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador.

 


Rodrigo Miño. Licenciado en comunicación lingüística y literatura de la PUCE, Quito. Magister en estudios de la cultura, mención en literatura hispanoamericana UASB Quito. Doctorando en literatura hispanoamericana en la Universidad Complutense de Madrid UCM.

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