Espiral | José Lozano

Por José Lozano

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Y creces en tamaño y conocimiento,

como un animal, como un pueblo,

como todo aquello que día a día comienza de nuevo.

Como la espiral de los abuelos de mis abuelos,

el mismo círculo expandiéndose casi sin movimiento,

como es arriba es abajo,

como se repetirá este momento.

Como se deja de ser niño, a pesar de siempre serlo

como se ama lo nuevo y pronto dejas de quererlo

como se madura, o como caen los templos.

así crece uno, empujado o retenido por el viento.

Y ves ahora lo mismo que recuerdas de niño,

amor, guerra, juego, sigilo,

pero la proporciones han cambiado o se han perdido,

y ahora entiendes, y ahora extrañas y lo llegado ya se ha ido.

Pero el principio, el propósito sigue activo

muere, nace, lo matan y regresa renacido,

la palabra con tantos aliados,

la palabra que no debería engendrar enemigos.

Y así creces en tamaño y conocimiento

y la historia se repite sobre si misma,

se autosustenta y se hace cimiento,

y es difícil no ver en donde termina.

Y permanece cómplice y guardiana de este eterno momento,

la primera cara del principio,

el primer átomo de la razón,

el testigo de que e todo recomience sin detenerlo,

permanece apacible y sin cambios o, sin poder verlos.

Montañas, mares, bestias, profundidades y ancianos de madera,

pequeños, enormes, inmóviles o quimeras,

viéndonos repetir y repetir la misma agenda,

viéndonos tratar de encarnar la razón, la palabra aliada y el motivo de esta pelea.

Criaturas tan ancianas y complejas

ángeles tan jóvenes y simples

presencias, luces y alas eternas

sin preguntas ni dudas,

solo nos observan.

Sin tomar partido,

sin opinión cualquiera,

justas e imparciales,

o reprimidas por quien a todos nos observa.

Quizá es mejor así.

quizá podrían aliarse al enemigo,

quizá serían tan terribles como nosotros,

tal vez eso es el libre albedrío.

O tal vez solo son parte de este infinito momento,

perfecto, apacible, lleno,

creados para la creación,

para poder conocer la palabra que a todo da comienzo.

Ruinas, huellas, historias, kipus y cuerdas,

espadas, huesos, ausencias, tiranos, rebeliones y estrellas,

ambición, esclavos, reyes, políticos, mercados y asambleas,

y antes de ellos, persas, babilonios, acadios y aztecas.

Y así crece la espiral en tamaño y conocimiento,

y no queda claro que estuvo antes del punto cero,

sabemos a dónde va, ignoramos el comienzo,

lo más probable es que siempre haya sido así y que nunca existiera un sonido antes del eco.

La eterna historia del milagro de ser,

y la razón obvia para serlo,

no interesa en realidad conocer,

solo empuja el instinto de sentir lo que siento.

La palabra que tiene tantos aliados,

la palabra que no debería engendrar tantos enemigos,

la divina lotería de un Dios compartiéndonos,

aquello por lo que vale la pena seguirlo.

El infinito y repetitivo circo de ser lobo para nosotros mismos,

de por fin conocer la palabra y sacarla del olvido,

de ser la frágil criatura que encuentra fortaleza, poder y determinación ,

en lo único que sustenta este semi-mundo, semi-divino.

El cobrar consciencia del punto en la espiral, que este mundo siempre ha constituido,

y saber exactamente lo que viene,

y buscar prevenirlo.

Unos pelean,

otros huyen,

algunos planean,

y muchos intuyen.

Que la única victoria, la única razón,

será poder seguir sintiendo,

cualquiera sea la decisión,

la palabra del comienzo,

el sonido antes del eco,

lo compartido por el Dios del inicio y su falta total de religión.

Amar y preservar lo amado,

para que amen y preserven a quienes amarán,

para que la espiral tenga un sentido,

para cerrar los ojos y poder volverlos a cerrar.

Y así crece uno realmente en tamaño y conocimiento,

como todo lo que se transforma y no termina,

como la noche es en otro lado, la luz del día,

como la perfecta y única razón,

la que me une a ti, a nuestra sangre y fantasía,

la palabra no nombrada, que lleva tu sonrisa y la mía,

la que tiene nuestros nombres, los de nuestros padres y de aquella noche tuya y mía.

La que espero sus labios sientan,

y crezca para defenderla y describirla de forma explícita,

la palabra que no permite que mienta,

La palabra está implícita.

 


José Lozano. Quiteño, 15 años en Mercadeo, Publicidad y Comunicación. Inicia sus primeros relatos como parte de talleres literarios en la Universidad durante la carrera de diseño gráfico publicitario y comunicación, para continuarlos de manera informal durante toda su vida hasta la actualidad sin intención específica de publicar, escribe para amigos, familia y para sí mismo, tras diez y ocho años de compilar sus escritos informales decide revisarlos y buscar publicar.

 


Foto portada tomada de: https://www.freepik.es/foto-gratis/turistas-suben-colina-al-amanecer_6172108.htm#query=monta%C3%B1a&position=47

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