Amada Victoria | Diego Alejandro Gallegos Rojas (GODIÉ)

Por Diego Alejandro Gallegos Rojas (GODIÉ)

 

No era la primera vez que celebraba el día de la madre sin la autora de su vida. En mayo de 1998 cuando se encontraba en Suecia fue la primera vez que lo hizo, y estando allá le escribió una carta emotiva, recordándola, aunque siempre la recordaba, pero como era una fecha especial, lo hizo de esa manera.

Transcurrió el tiempo, él ahora se encuentra en Madrid, estudiando una maestría para la vida. En España celebran el primer domingo de mayo, el día de la madre, pero la tradición en América Latina y, en especial en Ecuador, es el segundo domingo de mayo. La llamó puntual. En Loja eran las 05:30h de la madrugada, no se había percatado de lo temprano de la hora. Deseaba escucharla, expresarle su amor, su gratitud de esta manera. Su madre le respondió: “el mejor regalo que he recibido es escucharte hijo mío”. Hablaron poco, pero fue una eternidad.

Cuando estaba al otro lado del Atlántico, él sintió que nunca se marchó del hogar, no se notó su ausencia, su presencia vive cada vez más porque es la lejanía que los aproxima, los acerca, los mantiene unidos, sólidos en el corazón de los suyos, en el corazón de su madre, que es el corazón de Dios.

Desde Loja, era su mamá quien le daba ánimos, que le motivaba a surgir, a no detenerse. Él sabía que a cada momento su madre lo bendecía y que todo saldría muy bien porque su mejor aliada, su talismán era su mami, que con su manojo de oraciones estaba pendiente de él, de su hijo, el trotamundos.

Él reflexionaba en aquellos hijos e hijas que nunca las conocieron ni siquiera vieron pasar la sombra de sus madres, ni siquiera escucharon de sus labios los consejos de sabiduría repletas de amor. Cuántos seres humanos la han perdido, ellos y ellas desearían resucitarlas para acariciar sus cabellos, escuchar su voz, llevarles una serenata cantada por los mismos ángeles del cielo para finalmente dormirse protegidos, tranquilos sin remordimientos tardíos en el tierno regazo de sus santas madres.

El hijo ya regresó a su patria, al hogar del que en el año 2003 se marchó. Le pide perdón si alguna vez ella lloró por él. Su madre sabía que no lo hizo a propósito y así lo ama como los ama a todos sus hijos sin preferencias, por igual.

Diego Alejandro le hace un homenaje en vida a su madre y en ella a todas las madres del mundo. Por eso, es afortunado, está feliz, eleva una plegaria a la vida, a Dios, por tenerla a su Amada Victoria junto a él. Se acerca, la abraza, no se cansa de mirarla, le acaricia sus manos. Se reconoce en los benditos ojos de su madre, la otra parte de él, que son la otra parte de Dios.

 


Diego Alejandro Gallegos Rojas (Loja-Ecuador). Ensayista y escritor. Máster en Derechos Fundamentales, Universidad Carlos III Madrid, España. Especialista Superior en Derechos Humanos Instructor de Desarrollo Humano, Mozambique, África. Observador Internacional de Derechos Humanos como Acompañante Ecuménico en Palestina e Israel. Como escritor ha publicado el libro de cuentos La orgía de los gusanos (2017).

 


Foto portada tomada de: https://www.freepik.es/foto-gratis/dolor-muscular-anciana_4835367.htm#page=1&query=madre%20anciana&position=3

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s