Loja: entre el romanticismo de Miguel Riofrío y la new age de la literatura contemporánea | Carlos Santiago Quizhpe Silva

Por Carlos Santiago Quizhpe Silva

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Atrás quedó aquella ciudad lejana de finales del siglo XIX, fronteriza, bucólica, que solo era un referente limítrofe dentro del mapa; llena de miedos y prejuicios, de una exacerbada fe que dio inicio a una de las procesiones religiosas más grandes de Latinoamérica, y que huyó de la sequía imperante antaño y regó su simiente en otros lares.

Ciudad ataviada de montañas, fragmentada por dos ríos, de casas de adobe y techos de teja, que dejaba escapar por algún resquicio filamentos de humo al final de la tarde, señal inequívoca de que las matronas empezaban a preparar la cena en cocinas de leña y ollas de barro, y la familia se reunía para contar leyendas, rezar el rosario y apagar las estrellas que iluminaban las polvorientas calles lojanas.

Como lo manifiesta el padre Juan de Velasco en su libro Historia del Reino de Quito: «Loja fue siempre tierra fecunda en varones ilustres». Aquella ciudad recoleta y nostálgica acogió en sus entrañas a insignes músicos, políticos, científicos, artistas plásticos y escritores desde los inicios mismos de Ecuador como república independiente. Es menester nombrar, en la literatura, a quienes dieron lustre a nuestro terruño, encumbrándolo en lo más alto de las letras ecuatorianas, lo cual le valió a Loja la muletilla de “Capital cultural del Ecuador”, que hasta hace poco era como un sino trágico, pues parecíamos condenados a vivir bajo la sombra de glorias pasadas, aunque actualmente Loja retumba con fuerza en el ámbito literario.

Miguel Riofrío, perteneciente, junto a Dolores Veintimilla, al Romanticismo, con su obra cumbre, La emancipada (publicada en 1863), abrió la estela a una larga pléyade de escritores, entre los que se cuenta el vanguardista Pablo Palacio, original e innovador; su literatura pasó mucho tiempo desapercibida, siendo en los últimos tiempos reconocida no solo en nuestro país, sino en toda Latinoamérica. Es imprescindible leer por gusto –no por obligación o una falsa intelectualidad– Un hombre muerto a puntapiés, Débora, Vida del ahorcado… Cómo dejar de lado a Manuel Benjamín Carrión, creador y fundador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana un 9 de agosto de 1944 en el gobierno del presidente José María Velasco Ibarra, que conminaba a los ecuatorianos a hacer de nuestro país una potencia cultural, sueño que aún no se termina de conseguir por el sesgo político y la falta de inversión en cultura. Benjamín Carrión se destacó en el ámbito internacional, lo que le valió el Premio Benito Juárez por parte del gobierno mexicano en 1968. Entre sus obras destacan El cuento de la patria, Cartas al Ecuador, Atahuallpa

Ángel F. Rojas, enmarcado dentro del Realismo Social en nuestro país, en su obra el Éxodo de Yangana relata la huida de un pueblo entero agobiado por la sequía en busca de tierras fértiles donde establecerse. Banca y Un idilio bobo son otras de sus obras cumbre.

Otros intelectuales lojanos que destacaron fueron: Pío Jaramillo Alvarado, Máximo Agustín Rodríguez, Víctor Falconí, Alejandro Carrión, Matilde Hidalgo, Clodoveo Jaramillo, Emiliano Ortega, Manuel Ignacio Monteros, Jorge Rengel, Eduardo Mora Moreno, Segundo Cueva Celi, Eduardo Kingman, José Alejo Palacios y Augusto Ayora, entre otros.

Quizás, de una u otra manera, la distancia y el encierro geográfico contribuyeron para que nuestra ciudad sea un remanente de cultura, aunque claro, poco a poco vino el progreso y el desencanto, la migración y la soledad, y de repente, por un largo periodo, Loja desapareció del mapa cultural.

 

La new age de la literatura lojana

Al quedar Loja fuera del mapa literario de nuestro país, era fácil desmontar la muletilla de “ciudad cultural”, mucho más cuando Guayaquil, Quito, Cuenca, Ambato y Machala comenzaban a despuntar con ferias de libros, bienales de literatura, talleres literarios, simposios, cuenta cuentos… mientras nosotros (me refiero al contexto de nuestra ciudad y provincia) seguíamos hablando de los próceres del pasado y reeditando libros de nuestros ilustres escritores lojanos de renombre, pero no mirábamos las nuevas corrientes que comenzaban a eclosionar. Por el desencanto, muchos se perdieron en el anonimato.

No hubo un visionario en los entes culturales que se dé cuenta que reeditar libros con una perspectiva de 1860 o 1970 no iba a calar en el gusto de los estudiantes de nuestra época, conducidos por la tecnología. Más bien, lograron que se desencanten más por la lectura o que lean por obligación los clásicos de la literatura lojana. A esto hay que agregar que el ego de algunos coterráneos que se animaron a escribir poesía o narrativa era tal que se autonombraban poetas, novelistas… mirando por encima del hombro al resto, como si fueran una especie aparte. Aún quedan algunos rezagos de aquello.

Loja, la ínclita ciudad castellana, vivió un largo periodo de resaca literaria, como lo manifiesta el Dr. Félix Paladines en su ensayo Generaciones de ruptura: «Desde la década de los años sesenta hasta casi tramontar el siglo anterior, la literatura lojana no lograba superar un largo y preocupante bajón (…). En el periodo mencionado, lo que fundamentalmente se hacía era una literatura puramente doméstica, que no trascendía siquiera nuestras fronteras provinciales ni era escuchada».

Lo anterior se complementa con lo sostenido por John Pérez Tapia en su artículo “La Generación Temeraria”, publicado en la revista Mediodía, nro. 26 (abril de 2015), de la Casa de la Cultura Núcleo de Loja. Dicho texto es una especie de apología de un puñado de escritores que, según el autor, se atrevió a escribir como pudo (solo le faltó decir sin ton ni son para completar su sincero análisis) después del vacío que dejaron autores ya citados como Pablo Palacio, Miguel Riofrío, etc. «Los de la Generación Temeraria escriben por pura audacia, por valentía. Por supuesto, el motor que los mueve es el amor a las letras», enfatiza Pérez, libre de ambages. En otras palabras, luego del boom literario de los 40 a los 90 del siglo anterior, nos ha tocado conformarnos con lo que ha habido, independientemente de su calidad.

Pero en la actualidad irrumpe con fuerza la poesía estridente de un grupo de jóvenes escritores que, gracias a su talento, a las redes sociales y blogs literarios, ha trascendido con su propuesta literaria. Algunos de ellos son: Patricio Vega, Paúl Chimbo, Andrea Rojas, Sara Montaño, Tania Salinas, Darío Jiménez, Edwin Paredes, Pamela Cuenca y Kelver Ax (+). Este último, al igual que el resto, con una poesía original y cadenciosa, estrambótica quizás, pero al igual que la lírica de Medardo Ángel Silva, con los mismos rezagos de desesperanza, como si la muerte fuera la invitada especial en la mesa de los esnobistas.

Es menester enfatizar que la poesía de Kelver Ax y de esta generación de jóvenes literatos se enmarca en lo que se considera actualmente como literatura alternativa o alt lit –con el neoyorquino Tao Lin a la cabeza–, cuyo rasgo principal es utilizar un lenguaje cotidiano, influenciado, principalmente, por los dispositivos electrónicos, las redes sociales y el internet, aspectos que en épocas anteriores hubiesen sido considerados un ultraje a las buenas costumbres literarias. Sin embargo, la poesía no es estática, cambia con el tiempo y se vuelve maleable de acuerdo a la conciencia de quien la escribe. En un mundo acribillado por las redes sociales y los medios de comunicación, la poesía se ha adaptado a los cambios sociales y conductuales de la generación wifi.

Ante la dificultad de publicar sus libros por los trámites burocráticos o por su edad, han surgido las cartoneras o editoriales independientes como Vizkcha, comandada por el lojano Patricio Vega, que ha sido un pop up (ventana) para dar a conocer la innovadora literatura new age, que ha vuelto a ubicar a Loja en altos sitiales, incluso fuera del país.

 

Una muestra de la nueva literatura lojana: Tania Salinas y su poesía con retazos de café y alt lit

Óscar Wilde manifestó que no hay libros morales o inmorales; simplemente, los libros están bien o mal escritos, y es verdad. Agregaría que son los lectores quienes califican una obra como buena o mala, lejos de la interpretación tediosa que cada autor hace de su texto. Asimismo, son los lectores quienes deben catalogar o etiquetar como poeta o no a quien escribe, porque en nuestra sociedad convulsionada y timorata sucede algo bien interesante: todos se etiquetan como escritores y van por las calles con un libro bajo el brazo esperando los vivas y ovaciones de la gente, que por lo general no los conoce.

Luego de varios años de no publicarse libros en Loja, llega Péndulo, una colección fascinante de poesía de cuatro autores representativos de nuestra ciudad. Una de sus integrantes es la poeta Tania Salinas Ramos, con su libro Retazos de horizonte en la taza del café, simplemente alucinante y con desbordantes toques de creatividad.

Lo leí de fin a principio (una rara manía). En él se puede degustar una poesía exquisita, en la que la autora aborda temas propios del existencialismo, de la vida cotidiana, y de la necesidad que tiene el ser humano de huir y rehuir de sí mismo. En este caso, Tania toma como bálsamo la poesía para no caer al precipicio de la locura. El amor y el desamor están presentes como hojas de bisturí que trasgreden las fibras más íntimas de quien lee esos poemas.

El temple de ánimo de este poemario tiene que ver con los sentimientos de soledad, del amor de una hija por sus padres, como en el poema “E39”:

 

No puedo sentirme vencida

si me llamas a comer

y me embutes de energía los intestinos del alma,

si me sigues llamando guagua

con la intención de hacerme saber

que aún tengo siete vidas

para salir por el mundo

diciendo que yo vi en tus ojos el porvenir.

 

Con César Dávila y su Carta a la madre sentí la misma impotencia, la desolación frente al retrato de una madre. Asimismo, la ilusión y desilusión, los sentimientos de pertenencia y ausencia de su terruño están presentes en la obra de Salinas.

Hay un poema que, en lo particular, me fascina: Promesa incumplida, por su construcción, por las imágenes visuales que proyecta y porque el motivo lírico tiene que ver con la maternidad frustrada; en él, la autora recurre a figuras literarias como la sinestesia.

Pero cómo escribo sobre ecología cuando repentinamente la maternidad se me volvió un dolor de muelas que no cesa ni con clavito de olor. Si en el momento menos pensado mi corazón dijo “sé madre” y mi extraña sabiduría gritó, “detente”.

Otro de los poemas que deslumbran es aquel en el que la autora hace una analogía o un símil de su perro (objeto lírico) con el filósofo Platón, incluso señalando de forma sutil su famosa alegoría de la caverna, pues dice la autora: «Estoy cansada de sus pelos revoloteando sobre mis argumentos, porque Platón sabe, yo no». Se trata del poema titulado “De cuando creí que la eternidad aumentaba proporcionalmente a la cantidad de pelo que dejabas en la alfombra”.

Es un libro recomendado en un país que no lee y en una ciudad que se precia de culta, pero que mira con desdén a sus autores. Literatura vanguardista, contemporánea, trazada por una voz femenina que hurga en su locura y es capaz de generar demencia en quien la lee. La literatura alternativa, como lo expresa el poeta español Arturo Sánchez, «es tomar las armas. Salir a las calles –o a internet, que quizá sea lo mismo– y crear una nueva manera de entender el mundo», y eso es precisamente lo que Tania Salinas intenta con su poemario: que entendamos el mundo o solamente su mundo. Como diría la poeta argentina Malén Denis, «te googleé para sentirte cerca». Dicho está.

 


Carlos Santiago Quizhpe Silva. Nacido en Loja (abril de 1982), en el 2009 alcanzó el Primer Lugar en la Bienal Nacional de Relato, Juegos Florales en Ambato, además de quedar finalista en el Primer Premio de Relato de la revista literaria Poesía + Letras de las Islas Canarias (España). La Fundación CAJE le otorgó la condecoración al Mérito Cultural y Literario en la gala de jóvenes más sobresalientes de 2009, y ha sido invitado a varios encuentros nacionales de relato y poesía. Obras Publicadas: Réquiem por los pájaros (cuentos, 2008), Cristales rotos (relatos, 2010), Y serás poesía (2014). carlos_quizhpesilva@yahoo.com

 

 

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