El magnetismo animal de la muerte | Adrián V. Grimm

Por Adrián V. Grimm

 

No entre quien no sepa Ajedrez.

M.M.M.

No entre quien no sepa Tarot.

Anónimo.

 

Menos Uno

Lady D

¿Debería elucubrar como empezó todo esto? Primero fueron los antivacunas, luego vino el Covid-19, la Pancuarentena y la superproducción de vacunas, y tan pronto lo que los memes llamaron: La Gran Mutación. Coincidían el año 2020 y la implementación de los primeros motores Q que pronto fueron aplicados a la producción de modelos de las nuevas drogas cuánticas. Los motores Q podían separar las útiles certezas de la molesta realidad, y para 2021 ya diseñábamos curaciones que pocos meses antes parecían imposibles. Pero, las consecuencias eran nuevos y nuevos virus, y pocos meses después ya íbamos en el Covid-187 y el A1-N451. El mundo sobrevivió a cuarentenas cada vez más duras y superpuestas, hasta que se recurrió a la máxima síntesis: la Fe… entendida como imaginación.

Al momento en que los motores Q lograron dominar los enlaces moleculares y vimos drogas cuánticas en el ancho y bravo mundo naciente, el mundo cesó de recrearse. Fue como ver a un malevo Borges patear en el rostro caído del rubio Hemingway, chaj, chaj, sonaban los puntapiés. Algunos sintieron el remezón de la realidad, ellos según su sensibilidad fueron víctimas de la Improbabilidad.

No eran para todos. En principio, su uso modificaba la realidad de modos inesperados, pero podías medir cambios en “tu” realidad, aunque inciertos. Por último, nació y se filtró pronto la DtD o Delay The Day, la llamada penúltima creación de la Humanidad. Su efecto era diseñar a gusto tu futuro inmediato. Tomabas una pastilla dulce y antes de acabártela, tu mente se dividía en dos… en tres… en tantas opciones como pudieras pensar; y de entre todas ellas colapsabas solo aquella en que quisieras seguir y olvidabas las demás. Despertabas siempre en el mejor día de tu vida, una peligrosa época de interferencia con los paraísos ajenos.

Decidieron que sea usada solo por los médicos, para asegurar la mejor atención posible a todos los pacientes, y para sorpresa del mundo, los médicos bajo el efecto de la DtD, recetaban infusiones y masajes en secuencias fijas, y cosas raras como picarte diez veces con un lápiz, o correr marcha atrás por ciertos barrios curativos de la ciudad. Nadie murió más. Matamos a la muerte, y nació la Dama.

 

Zero

Q

Había escuchado del computador Q de la Universidad o “Pensum”, pero sus interfaces me eran desconocidas. Pensum, además de otras muchas cosas, usaba la humedad del aire en todo el campus para visualizar hologramas y pantallas táctiles inmateriales. La vieja universidad lucía horrible llena de cuadradillos flotantes y jóvenes siguiéndolos. Fui directo al nuevo paraninfo Che Guevara, donde sería la conferencia de Miguel Marcellus Montoya, Ph.D. ¿Lo murmuré? Me hallé de pronto rodeado de personas que también iban para allá y que comentaban cosas del Dr. Montoya: que si su doctorado en Alemania, que si su estadía en la estación submarina de Galápagos, que si su colaboración en el desarrollo del Tercer Motor Q…, y que pronto veríamos en la conferencia. Con miradas y modales neutros, se habían ubicado a mi alrededor mientras charlaban. Empezaba a sentirme acosado cuando, al pisar el primer escalón del paraninfo todas estas “personas” se convirtieron en letritas e iconos y desaparecieron.

—¡Proyecciones del Pensum! —subí los escalones aliviado, a nadie le gusta competir por una silla vacía.

Alguien había pegado un papel sobre la entrada de la sala de conferencias: algo típico de Marcellus, obsesionado desde que lo conocíamos con el juego de los reyes. Entré con miedo, a lo que sería una verdadera carnicería. Había muchos lugares todavía, escogí con cuidado y esperé.

Puntual, apareció Marcellus en una cátedra de madera y las luces bajaron automáticamente.

—Usando la DtD vencimos a la muerte, pero creamos a la Dama. Una experiencia que describen como morir mil veces cada momento. Algunos pacientes le dicen la Dama por tener amplios movimientos en el tablero. ¿Alguien me puede leer el papel que he puesto sobre la entrada?

—…

—¿Nadie?

—“No entre quien no sepa Ajedrez”.

—Muchas gracias. Es muy comedido leer los anuncios que ponen los demás, aunque a veces tengan que alzar la mirada de sus pantallas. Los que no sepan jugarlo, están a tiempo de salir. ¿Nadie? ¡Bien!… Para hablar de La Dama, debemos mantener una actitud estratégica, y debemos saber desear. ¿Alguien sabe que es lo más deseable de todo el saber? Estaba escrito sobre otro pórtico…

—¡Gnothi seauton!

—Excelente. Quédese luego.

—Gracias.

—Así es, Gnóthi seautón en griego. Nosce te ipsum en latín. Erkenne dich selbst en alemán. Conócete a ti mismo en español. Esta frase de la antigüedad estuvo escrita sobre el portal del oráculo de Apolo en Delfos. Noten que una inscripción de pórtico de este tipo se usaba para disuadir más que para invitar. Son un requisito además de un aviso, y su objetivo es provocar una atmósfera numinosa, como cuando entras a un banco y lees: “Te estamos filmando”. Ese sentirse observado es el numen, cuando el que te observa es una divinidad. Saber o no saber, esa es la pregunta. Vamos a determinar que pieza es cada uno en sus propias vidas.

—Notarán que sus pantallas son capaces de “ver” aquello de lo que hablamos. Los que no tengan gafas tendrán un pequeño efecto moaré por superponer otras pantallas. Agradezcamos por la holo-proyección al departamento de I.A. de la Universidad, les recordamos, que siendo Pensum un programa académico nos limitaremos a las funciones estadísticas. Toda interacción en red está prohibida y bloqueada, por algún asunto de redundancia cuántica; y se advierte que sin el motor Q de por medio, no habrá manera de generar el espacio del Ajedrez 2 o AJ02. Así todo claro, empecemos.

A su extraña manera resultaba elegante al moverse por el escenario prescindiendo del puntero láser. Su voz iba provocando ecuaciones y gráficas como ecos, algunas de estas se quedaban en el aire y eran desmenuzadas al mandato del puntero de Marcellus que nos iba explicando ciertos detalles técnicos e ingeniosas gráficas que a nadie importaban, pues ya todos estábamos escarbando en los archivos e inspeccionando ese ambiente de cuadrículas que estaba justo entre un Escher y un Vasarelli. Hubo luz mientras hubo sillas libres. El paraninfo todo, estaba tenso.

—Dos minutos en este mundo enseñaban más estadística que dos años de estudios superiores, pensaba.

En medio de la oscuridad se hizo una esfera que las palabras de M. M. Montoya iban ampliando y modelando. La esfera se fue llenando de retazos del mundo mediático, eran noticias y vídeos e imágenes de todo tipo de publicaciones acerca de la DtD. Marcellus organizaba la información ya con palabras, ya con sus manos, ya con el láser. Era como un director de orquesta cuya música era toda luces y datos, vimos surgir una cierta armonía gracias al modo de ordenar los datos.

Luego nos vimos, a nosotros mismos inmersos en el “ambiente” que mostraba esta esfera. Verse en forma de nube cuántica es por decirlo de alguna manera… Incierto.

Mientras tanto, el vasto mundo que invocaba se había poblado de indicadores y estructuras fluctuantes que parecían pilotes de puentes desconectados por las cimas que de vez en vez eran iluminadas por un rayo de luz. Su voz, ahora sonaba desde dentro de estas estructuras provocando un efecto de diálogo entre ellas.

«Todos estamos aquí por el asunto de los médicos, ¿verdad? Nadie pensó jamás que acceder a la mejor atención médica posible, causara una catástrofe así.

«El principio de incertidumbre dicta que entre más energía se aplique en la observación de un evento, más probabilidad hay de que ese evento se deformado por el acto de la observación misma.

«Observación …atención… DtD… superposición… no vamos a repetir lo que ya sabemos. Pero…

«Ustedes escucharon que este enfoque ayuda en la terapia.

«Algunos hemos perdido familiares y amigos; es una lástima y una tragedia para toda la humanidad, sin duda la mayor de todas las plagas en esta época de tragedias crecientes.

«Todos los que estamos aquí, tenemos a alguien cercano que despertó, muy a tiempo… de… la improbabilidad.

«Pero esta vez, les advierto: no habrá Espacio-tiempo para procesar ningún duelo; tendremos que saber reaccionar a toda velocidad pues es posible que aquella “Improbabilidad” desborde sus límites y nos inunde a… Todos.

«Mi propuesta es utilizar el espacio de Ajedrez 2 de la Universidad Central como metáfora de las interrelaciones personales de los médicos que queremos analizar, para revelar dentro de las posibilidades de los arquetipos del juego, el portal o punto débil de cada individuo y la razón-emoción que provocó su compromiso existencial o improbabilidad.

«Muchos dirán, no son confiables los computadores Q; o la vida no es un juego doctor Montoya, en eso tienen razón y a la vez están equivocados, pues la vida al igual que los juegos contienen reglas, espacios y límites, que provocan una experiencia coherente dentro del juego, así como dentro de la vida. Un sentido.

«En la vida se ganan y se pierden muchas cosas, pero no con esa cualidad de parpadeo. Nunca sin jugársela, nunca como magia.

«Algo, nos llama a tomar uno y otro riesgo por amor. Como aquellos que salen a por leche y pan entre la lluvia de virus. Los que están aquí con la esperanza de ayudar a alguien querido, quizá ya hayan acudido a brujos y adivinos, quizá han gastado mucho dinero en movedores del péndulo y lectores de borra de café. Y sin embargo aquellos que vienen de usar el Tarot tendrán… expectativas más reales.

«La coincidencia de nuestro plano simbólico con el plano de la probabilidad se hizo visible gracias a muchas personas que consultaban el Tarot, y, se percataban de que gracias a la DtD qué este se había vuelto un sistema de diseño más que un sistema de consulta de la realidad.

«Sin embargo la propia estructura del tarot impidió desde un principio utilizarlo terapéuticamente pues es difícil coordinar tantos elementos simbólicos y dinámicos en una mente poco entrenada…o artificial.

«Y siempre era posible encontrarse en el fuego cruzado de dos tarotistas. Los vídeos en redes son elocuentes. Improbabilidad aumentada. Dios se apiade de ellos.

«Al principio nuestros esfuerzos se dedicaron a crear un Tarot 2.0. En lugar de un tablero de Ajedrez veríamos un paisaje toscano o una fiesta en un salón del siglo XIII, donde se harían visibles nuestras relaciones arquetípicas. Pero, como sabemos, por efecto del contexto, se obtuvo una híper-esfera entrópica de deseos que alguien llamó: Babel de Marsella. Un lugar que niega a aquello que lo enuncia. En ese lugar sin lugar, sin embargo, han hallado su lugar todos los charlatanes del mundo; y una versión del mazdeismo que proclama la angelidad de los mentirosos».

Al decir la palabra Mazdeismo, una cascada de imágenes brotó del cátedro. Arte sumerio, personas aladas, Frederich Nietzsche, Aun Weor, Planos de ciudades vueltas polvo, se fundieron en una especie de mandala y en el centro de este apareció una luz parpadeante. La quise tocar, pero me absorbió a una sub-conferencia del mismo Montoya sobre religiones…

—¿Nos puede explicar algo de ese nuevo mazdeismo?

—Muy poco en realidad, pero Ahura Mazda es dios “en” conocimiento y verdad. Por ello, ha creado dos tipos de cosas que velan o develan esa verdad. Las unas obedecen a las leyes del mundo. Y las otras que obedecen a las leyes interiores. El ser humano sin embargo no es creación de Ahura Mazda sino una especie de emanación. No un objeto del dios, sino un objeto sagrado para el dios. Algo que al despertar encontró a sus pies. Las primeras son en su mayoría objetos, pero también los hay personas, que toman en el mundo un lugar de pilar.

—No se mueven y sirven a los demás a modo de punto de referencia. Mucha ira viene de estos, cuando los viajeros notan que todo punto de referencia es arbitrario, pero esa ira contiene la risa de Ahura Mazda, cuyo poder es más notorio en la obra de sus enemigos. ¿Paradójico no?

—Y, de ahí viene la necesidad de la mentira, o velo como lo llaman los Neocreyentes. Pues muchos de los valores inamovibles del ser humano y que proveen de consuelo y curación, son de este tipo: mitos.

—De las criaturas que obedecen leyes internas, unas se llaman verdades, y otras mentiras, y entre ellas dos dan a luz al conocimiento, que es luz increada… imaginal, luz más fuerte que la luz real. Es nueva e interesante esa mitología.

—¿Aquello de luz increada, se refiere a luz sin fuente de emisor?

—Sí, luz sin foco. Luz inasible, que sin embargo podemos ver. Como creer, como leer, formas arcaicas y nuevas de acercarse al conocimiento…

En el tiempo real no habían pasado ni dos segundos, y volví a nuestra conferencia. Me propuse no tocar otro mándala… si no fuera necesario.

«Por la dificultad de expresar el tarot en términos binarios, vimos la necesidad de dotar al mundo simbólico de otra válvula de escape hacia la realidad. El medio más adecuado resultó ser el Ajedrez 2.O, pues tiene presentes, a más de los arquetipos, una idea de conflicto e interrelación en varios planos. Y, un efecto Ajedrez, que consiste en que con solo pronunciar esa palabra en un salón lleno de gente se produce una onda mental de Inteligencia.

«He usado ciertas reglas del ajedrez de Xul Solar (mandala), para aumentar el número de movimientos sincrónicos. Es una de las magias con que nos provee la cultura, siempre y cuando la gente del salón sepa jugarlo. De lo contrario la onda que se esparce provoca mucha entropía, en forma de silencio y separación. Es similar a cuando en una sala llena de gente bailando, alguien grita de pronto: ¡FUEGO! O como si en la completa oscuridad, una voz dijese: FIAT LUX».

Solve et coagula… —pensaba yo, mientras veía la entelequia del conjuro de Montoya. Luego todo fue relacional: videos, fotos y datos se fundieron en campanas de Gauss que aparecían y se deformaban según las variantes que imponía el relato de Montoya. De una campana principal que representaba a toda la población se desprendieron conjuntos similares a, pero no iguales al todo. En este universo poblado de líneas, se suponía debíamos entrever el conflicto de un ser querido. Eran frágiles hilos de Ariadna, aumentados y coloreados por el Pensum. Y vi un gigantesco cuerpo caído, dormido, que sin embargo me miraba. Contemplas el hiperser dijo una voz detrás de mi.

—Podemos visualizar cualquier variable que queramos, edad, estatura, estudios, salud, género, etc. Lo que provocamos es una nueva expresión de estas mismas normales de Gauss, pero si cambiamos un poquito el punto vista, esta gráfica se vuelve un paisaje. Los accidentes topológicos nos son intuitivamente notorios, ¿no?

Su voz de gigante volvió al monigote del cátedro. Apareció un gigantesco tablero de ajedrez, vacío. Era la ciudad y dentro de ella extrajo a los médicos, y de ellos extrajo a los médicos revenidos, y de entre ellos escogió en la cúspide un fichero.

—Aquí en esta cima, escojamos un médico que revivió el lunes a primera hora. Sebastián V. Especializado en Medicina Reproductiva. 36 años, 188 cm, 71 kg, poca presencia en redes, pero muy afianzado en su comunidad, por definición, cada quien trabaja como los peones de su juego, ellos revelan todo gasto de tiempo y recursos.

—Cada peón calca una interacción importante para Sebastián V. Sus peones están todos volcados a la contención, eso es raro. Pero cada pieza del tablero es un resultado probabilístico de las facetas personales de Sebastián V. Es decir, cada juego es varios juegos a la vez. Un movimiento en un plano repercute en las posiciones de todas tus otras partidas.

—Y una persona de tu vida puede ser un día un peón y otro día un alfil, dependiendo del contexto y al hecho de que cada persona teje sus redes de manera libre. Y a veces para ganar en un plano determinado hay que hacer un sacrificio en otro. Todo es muy perogrullesco. Me apena decir.

—Abramos su archivo, para determinar su Improbabilidad. He logrado este pequeño algoritmo para deducir la probabilidad de un médico revenido. Tiene 36, sin hijos. 1,88 metros, piel oliva, ojos verdes/café. Su valor incluso podría mejorar por treinta años más. ¡Eso representa 12 h x 300d x 60ñ! X 60 q. Una experiencia potencial formidable dentro del campo probabilístico: Su pérdida debería ser evitada a toda costa. “q” representa su número de opciones, propuse considerarlo cada punto del IQ superior a 110. y ha demostrado funcionar en el calculo final. La factorial de “ñ” significa la acumulatividad de la experiencia, si trabajara 60 años.

—Ahora bien, revisemos todos sus documentos disponibles… sus facturas, sus redes, etc… No tiene libros, y nunca habla por teléfono. Ni hablar de redes sociales. Debería ser una aguja, un aislado, pero su figura social es un cono perfecto que se derrama a todos lados y crece por la base. Una fuente de Ser. Un pico. ¿Por qué no usa teléfono? Nos preguntábamos, y averiguamos que… compra en persona y charla con sus pocos allegados todos los días. Camina mucho y compra libros usados y luego los regala. Algo así, replica con su ropa. Por eso parece que no lee, al no comprar nuevo, y pagar en efectivo, y no tener gastos relativos a un auto o familia, parece invisible. No siempre fue así. Miren su récord antes de usar DtD, era un desastre. Una humareda. Pero, usando la metáfora del ajedrez, Sebastián V, hoy sería un rey en jaque.

Estoy seguro de que todos están pensando en alguien que conocen de esta lista, ¿verdad? Pueden buscarlo ahora y vamos a buscar su arquetipo adecuado.

(Según el sistema, Tomás conocía veintitrés tres personas de esa lista de millones, pero a diferencia del Dr. Montoya buscó desde el fondo de la curva de Gauss, ahí estaba el archivo de Teresa S. Era un alfil perfecto, en A3. La Dama la tenía en la mira, luego de haber matado a su Caballo, pero Teresa tenía un peón todavía que le permitía girar, y demorar a La Dama. Si Teresa jugaba bien, su peón podría ayudarla en verdad.)

—Usando la DtD matamos a la muerte, pero creamos a la Dama. Es La Dama pues tiene amplios movimientos por nuestro tablero, aunque seas un gran Alfil, te esperará en las rectas, si eres una profunda y alta torre, se oblicuará y no será visible, aunque seas un rey del tablero, la dama te superaría fácilmente; y sin embargo, hasta un peón tiene su oportunidad con La Dama si sabe ubicarse correctamente, y atacar en el momento justo.

—Deseo una pizarra fija aquí, gracias. “Reglas AJO2”.

  1. Todo acto físico aumenta la entropía de un sistema y del AJ02.
  2. Algunos actos simbólicos reducen la entropía en un sistema.
  3. Entropía es la incapacidad de relacionar dos objetos emulados.
  4. Un bucle entrópico es posible cuando hay un acto creativo, o cuando se hace realidad algo planeado. La entropía queda dentro del bucle, dejando libre al actante para avanzar en el eje temporal, pero anclado a esa entropía que pasa a llamarse historia.
  5. La vida es organización no orden, entre esos bucles de caos se despeja el camino más probable para una acción y para el ser. La vida no es equilibrio, es creación.
  6. Los actos simbólicos son puentes o atajos entre niveles de la realidad. Reducen la entropía. Consisten en lograr sin hacer, en reconocer.

Una tímida voz reventó el silencio del auditorio.

—Doctor Montoya… esas no parecen ser reglas de ajedrez.

—Así es, ahora contemplamos el hiper-ser, bajo un velo simbólico, claro. Necesitamos reglas para planos discontinuos. Quiero decir que, si ustedes plasman su estrategia en varios planos y varias jugadas a la vez, y usan una línea temporal que coordine posición y oportunidad, tendrán alguna oportunidad en esta partida.

—Parece mucho más difícil de ganar que el ajedrez real.

—Podría ser, si no sabes poner trampas. Recuerde que tenemos múltiples planos interrelacionados, muchos movimientos provienen de la “realidad” de otro plano del juego.

—¿Hacer trampa, o poner trampas?

—Ponerlas. El ajedrez es ajeno a la muerte, se basa en la captura y no en la aniquilación. Es un juego mental. ¿Recuerdan? Nuestra estrategia requiere usar más de un plano mental en nuestras jugadas, un plano principal visible y narrativo, y un plano secreto previamente producido.

Sobre el escenario flotaba la pizarra con las extrañas reglas del Ajedrez 2. Montoya se deshizo en consejos de estrategias posibles, muchas de ellas eran adaptaciones de estrategias defensivas útiles en otros juegos, pero la masacre presentida ya retumbaba en el piso, como mil tambores, bajo mis pies.

Fue… como ver a la muerte con su escoba barriendo tan tranquila. Los primeros tres movimientos de Marcellus provocaron una lluvia de peones que, si no hubieran sido holográficos, nos hubieran golpeado las cabezas. En este nuevo ajedrez podías perder dos piezas en un mismo ataque, si te atacan desde dos direcciones distintas, y a veces tu movimiento podía volverse en tu contra o en contra de un aliado.

Algunos logramos formar una especie de resistencia que Montoya parecía ignorar adrede. Por ahora se entretenía en limpiar la partida de jugadores marginales cuyas piezas moviéndose a través del aspecto propio de este mundo de tiempos y espacios superpuestos, se asemejaban a mariposas huyendo de un Balrog. Muchas de estas mariposas lograban unírsenos, y nuestra estrategia fue tomando cuerpo ante nuestros propios ojos asombrados.

Justamente los últimos en llegar, eran expertos en despistar el látigo del Balrog con espejismos, y trepando a los tableros perpendiculares y móviles. Esta estrategia funcionó al principio contra Marcellus. Pero, este tenía nuevos y sutiles ataques, solo limitados por su experta imaginación. Casi nos habíamos acostumbrado a esa lluvia de piezas, cuando logramos derribarle un caballo. Y luego un peón.

Dar golpes sincronizados no fue difícil, pero ya contábamos con poquísimas piezas. Y sonó desde debajo del edificio una voz como una trompeta que nos inmovilizó de terror. Decía: jaque mate.

Las luces volvieron al paraninfo y todos volvimos a respirar. Marcellus guardó los resultados en el Pensum, y prosiguió con la conferencia.

—Como ven, no es tan difícil moverse en un ambiente probabilístico. Se necesita cierto tipo de comunicación, cierta inspiración. Hoy hemos venido a aprenderla. Adrede he dado reglas anti-técnicas. Ustedes han tenido que renunciar a su estrategia individual y lograron formar un ente emocional; la segunda partida será muy diferente, ya lo verán.

Vamos a extraer del sistema ciertos datos acerca de nuestros médicos. Para empezar, necesito una Gráfica 3D de la ciudad. Cruzamos la información del censo, y visualizamos una curva de la edad de la población. Si, algo en la curva, habla de nuestra historia y nuestro futuro. Ahora, extraemos la población de médicos hace tres meses, y reflejan una curva similar a la población total, ahora comparemos con la curva de los médicos revenidos. La nueva curva es más parecida a un huso que a una campana, lo que deja ver de algún modo su improbabilidad, al estar despegados de la normal.

—¿Qué hizo revivir a los médicos?

—¿Por qué no a todos?

—Mi hipótesis ha ido cambiando desde que inicié esta investigación, pero estoy casi seguro de que el factor que vuelve menos improbable a una persona es su uso de varios lenguajes o capacidades comunicativas con fluidez. Cuantos más lenguajes, contextos, habilidades construidas domine una persona, más probable será que su contexto sea muy plástico y resiliente, y les será posible volver de la improbabilidad.

—Ahora la revancha. Jueguen a matar amigos, ustedes mueven. Aunque parezca un tablero empezado, se darán cuenta de que el orden de partida es distinto para cada paciente.

Nos apoderamos del centro de la partida principal, y eso se reflejó en las posiciones iniciales de las demás partidas. Vinicius conforme a su estrategia anterior desertizó los márgenes y busco nuevas víctimas. Cuando formamos un cúmulo organizado nos atacó.

Sus latigazos, que daba con alfiles y caballos coordinados, mataban piezas, pero pocas. Piezas que usábamos como cebo acortándole su campo. Cuando se dio cuenta, abrió una gran brecha en el hipercentro de la partida, pero estábamos tan bien ubicados que pudimos mantener la posición y cobrar muchos caballos. De nuevo brutales ataques, que resistimos. Y Nuevamente. Creímos vencerlo, pero entonces M.M.M. demostró su verdadera dimensión y cambió de estrategia. Decidió ganar ciertas partidas que tenía encima de la principal, y acto seguido, sus piezas sobrantes cayeron en los distintos tableros inferiores ocupando posiciones previamente ganadas con gran gasto de piezas.

Eso pudo desconcentrarnos lo suficiente para perder el centro de la partida y nuevamente llovieron nuestras piezas, esta vez sin resistencia posible. Otra vez esa voz de la tierra dictó el jaque mate.

Las luces subieron y me di cuenta de que estaba bañado en sudor. Los demás asistentes estaban en silencio, mitad ardidos, mitad curiosos. Habíamos dado por sentado que conocíamos a nuestro juego y a nuestro adversario, pero nos demostró un juego inesperado, lo cual era el clímax de su presentación.

—Les gustó mi estrategia? Nada más que un alarde técnico. El sistema no admite los cabos sueltos, necesariamente todas las piezas de todas las partidas deben colapsarse en un jaque mate general. Mientras este no se logre, las piezas libres ocupan posiciones virtuales, latentes.

¿En eso se parece a la vida, no les parece?

—Iba diciendo que usamos el Ajedrez 2.0 como metáfora de las relaciones interpersonales de una persona a través de partidas de ajedrez perpendiculares, cuyas piezas representan al jugador en relación con las personas importantes de su vida. ¿Para que es útil esto?

“Conocerte a ti mismo.” Conocerse es básico para trazar una estrategia, no te defiendes igual cuando eres un peón que cuando eres una torre; pero, es más básico, evitar que el enemigo conozca de ti esos datos.

Ahora bien, revelaré el nombre de nuestro enemigo, y la estrategia para vencerlo en Las mil Muertes. La llamamos Parca, la muerte, la huesuda, la risueña, la burlona, la pelada etc. Y nuestra estrategia para vencerla es retarla a un juego que cree conocer. Algunos de ustedes, los que más probabilidad tienen para ayudar a sus conocidos, han sido invitados al grupo taller de estrategia ludo-existencial. Muchas gracias a todos. La próxima lectura en treinta minutos.

Diciendo esto, Miguel Marcellus Montoya se desmaterializó y las luces se encendieron del todo.

 

Uno

Random

—No lo llames Random a tu gatito.

—Random, como el disco de Charly!

Maquinalmente Tomás dispuso todo el menaje necesario para rebajar el opio. Un embudito, una pipeta, una balanza, una mascarilla. Eran habilidades basura de su antigua vida, habilidades en vías de ser olvidadas por el mundo gracias a la DtD o Lady Di, como se la llamaba en las calles.

Nunca más sería posible la enfermedad o la muerte. Eso lo desconsolaba.

Una mínima gota de sudor crecía sobre la ceja de Tomás. Añadía líquidos a la mezcla con sus juguetitos y las manos en posiciones propias de un titiretero; tan serio y ridículo que no sospechó ni vio moverse a su oscuro cazador. Una mancha corriendo por las sombras: Garrito.

Teresa hundió con odio sus ojos en los ojos del gato que se había vuelto su tortura y torturador. Se sentía atrapada en alguno de los innumerables cuentos de miedo que tratan de gatos que le leía su padre, o peor, en alguna de esas historias sobre mujeres que viven con nada más que gatos. Gatos, plural. Se arrepintió de pensarlo, pero, ya el daño estaba hecho. Sus pensamientos no le pertenecían siempre, sino que los compartía con otras versiones de sí misma. Una especie de lluvia de fragmentos interiores, que los adictos llaman híperser. Logras conversar con versiones más viejas o ulteriores de ti mismo, con tus padres muertos con tus abuelos, según el nivel de incertidumbre que los una a ti. Logras recordarlo todo, lo sucedido y lo imposible.

De un zarpazo invisible, Garrito derribó el embudo y huyó. Tomás cerró el frasco sin perder concentración. El embutido de cristal se había roto en la caída. Iba a decir algo, pero el gato se materializó en la mesa, y de nuevo con total gracia y rapidez atacó a Tomás. Una inocente rayita de sangre en el dorso de la mano, su lengua rojísima por fuera de la boca, un gato infeliz… no había comido. Tomás se levantó despacio e hizo todo el ruido posible mezclando hígados y pepitas.

—Garrito, ven gatito —pero Garrito, apenas probó bocado prefirió irse a matar polillas.

Teresa sintió el frío donde se levantó el gato. Encendió un cigarrillo que despachó en treinta y ocho golpes continuos cada tres segundos. De tanto y tan seguido sacudir la ceniza en el filtro húmedo, lo desgastaba siempre, y la ceniza se reunía en una cevichera de cristal. Observaba distante como Tomás se acercaba con la jeringa en alto y un algodón en ristre. A ciertas personas les resultaba fácil recuperarse de las mil muertes de la Dama, e incluso recomendaban su uso semanal. Pero ella no, a ella le estaba costando respirar, dejar ir las posibilidades era morir. Era esas muertes chiquitas que uno ignora cada día: la última vez que…; la siguiente vez que …; pero sensibles, acumulativas, imposibles de ignorar.

Luego de la inyección ella habló:

—¿Trajiste tabacos?

—La nicotina anula la…

—¿Trajiste?

—Sí.

A día seguido los encontraba mirándose perdidos uno en la otra. Fue un gatito negro, flaco, de menos de una libra de peso. En una semana se convirtió en Garrito. El gato de Teresa, el gato a quien nadie ama. Pues los gatos miden, te miden; y alguien con desfase cuántico, no soporta ser medido.

Luego de fumar, ella fingió dormir y él fingió irse, pero regresó enseguida con un conocido. Sin grandes ceremonias se acercaron al sofá donde Teresa leía. El conocido mantenía sus manos totalmente relajadas, tan distinto de Tomás. Y sus ropas eran… normales: Limpias y a la medida. Ella los miró con desagrado mientras movían sillas y carraspeaban. Tomás sirvió agua en vasos para todos. La mano del extraño pidió el libro rojo que Teresa leía, y lo sopesó pensativo. Entonces ella lo reconoció. Era el famoso doctor Montoya. Tomás los miraba desde el rincón más oscuro del oscuro cuarto, aun así, parecía gritar: ¡APÚRATE!

—¿Es cierto que nunca has probado esto? Me mandas a derrotar a un Goliat, y solo debo ir protegida por cuentos de hadas. Tu libro no contiene sino cuentos absurdos. Algo de las Mil y Una Noches, algo de los hermanos Grimm, algo de Shakespeare, y poco más… no veo como me puedan ayudar. ¿No te explicó Tomás que era una cuestión de vida o muerte?

—La vida, la muerte; muchos las confunden por verse inmersos e implicados.

—Mmm. Dígame más doctor, por favor.

—No le digas doctor, me confundes; dile Miguel.

—Miguel o doctor me da igual. Se piensa que vida y muerte son dos caras de la misma moneda, gran error. No pueden ser parte de la misma cosa porque se anulan mutuamente, ni pueden ser los ingredientes del sexo, pues uno de ellos no replica nada.

—Usted… Miguel, dice que la muerte no existe, que es sitio, no puerta; pero cada puente del mundo destruye su argumento. Usted dice que debo regresar a mí misma, pero he ido dejando pedazos míos en cada estación de este viaje…estos mil viajes. No hay manera de recoger esos pasos… Doctor.

—No es necesario Teresa, muchas historias abandonamos cada día y seguimos aquí, el truco es demostrarte a ti misma que sigues aquí.

—¡A Monterroso le gustaría eso!

—Buena reflexión, eso me ayuda a cerrar la idea. Vida y muerte hay que separarlas como siempre han estado, y hay que interponer montañas y mares en donde se han tocado. La muerte no es el contrario de la Vida, es tan solo su reflejo.

—Eso ya no se entiende doctor. ¿Una cosa y su reflejo acaso no son lo mismo? O partes de lo mismo…

—Ese reflejo es copia de un aspecto de la vida, uno que te interesa más; pero no la misma cosa o su contrario, solo un aspecto.

—Pero ese aspecto borra el original. Adquiere fuerza física y mata o reduce a la nada al huésped.

—Continúas tratando la muerte como un ser, pero un ser tiene voluntad y nombre… categorías; y Muerte no tiene nada de eso, ni género, ni rostro, ni ser. Es un No-Ser.

—Pero, entonces doctor, según su hipótesis que es lo que me visita cada vez que parpadeo. ¿Qué me mata?

—Anti-vida, vida. Otra voluntad dentro del ser mismo. Una voluntad de prevalecer en…otras opciones, otros caminos.

—La DtD ofrece un deseo, un escape de tu vida; publicidad mentirosa. -Acotó Tomás desde el rincón.

—La DtD no debió escapar del laboratorio hasta mucho después. ¿Ves lo que ha causado?

—Veo náufragos agarrados a cuentos, Miguel.

—Es parte de nuestra estrategia, prolongar tu partida hasta que la Dama cometa un error. Te habrás dado cuenta de que ponerle un nombre la aleja. Sin derrotarla la alejas, aunque sabes que volverá. Ella sabe todo de ti, sabe con qué nombres la llamas, cómo la atraes. Debes ser capaz de reconocerla y cambiarle de nombre cada vez que se te acerque.

—Trato de entender, pero tú requieres que te crea. Si he mejorado, pero también estoy peor. No sabes cómo es ver su cara, cómo te arrastra por realidades inesperadas…es como tener a todos los que amas en tu contra; vas matando y siendo matada por enemigos, parpadeas y son tus hermanos. No sueñas, y cada despertar me encuentra más vacía de mi.

—Ahí es donde te puedo ayudar. Desfosilizando tus impulsos. La Dama posee cierta información de tu pasado que no puedes cambiar: tus ondas cerebrales. Ella se ha amoldado a esos picos de tu conciencia y ya es tu perfecto negativo, tu anti-conciencia, algunos le llaman engrama. Tu conciencia rodeada de su opuesto trata de aferrarse a algún fragmento de alguna realidad, pero rodeada como está por fragmentos caóticos, elige el desfase o improbabilidad del engrama; de ese modo la realidad se restablecerá amputando de raíz el origen de la crisis: los médicos que tomaron DtD. Pero, a tu favor, esas mismas ondas cerebrales, a su vez, se adaptan a la topografía de una historia, un cuento. Cuando ella venga a por Teresa, le serás invisible… serás otra, por un instante, y entonces te camuflarás a los ojos de la Dama, y te la comerás.

—Si me la como, tú te comerás el gato.

—Cuéntame del gato, dice Tomás que antes te gustaban.

—Antes sí, en la época de los memes. Pero no soporto tener que reconocerlo cada vez, no soporto que cambie de color, y por eso le cambié de nombre, y Tomás se enojó y te fue con el chisme.

—Ahora entiendo: ¡Random! Me gusta. Es interesante. Deberé pensarlo y calcular si afectará el bucle.

—Explícame lo del bucle.

—Tiene que ver con la entropía. Si concebimos el universo como información, hay dos maneras de producir esta información. El modo normal de hacer las cosas es modificar la materia o las circunstancias, requiere tiempo y energía. Pero hay otro modo que llamamos simpático o simbólico, que consiste en llamar o provocar las cosas con la mente. El primer tipo causa entropía en el sistema mundo, el segundo la reduce. Muchas veces todo ya está hecho y no lo vemos. ¿Hemos de reinterpretar la realidad o abrir los ojos? El segundo consiste en intuir, buscar, transitar y observar desde la mente, y descubrir lo deseado: Reconocer. El primero requiere saber sudar, el segundo modo requiere saber desear.

—¿Y si ya no deseo nada? ¿Y si te equivocas?

—Tengo una As bajo la manga, una prueba de que funcionará.

—¡Muéstramela!

—Está allí en el rincón.

—Solo Tomás está sentado en el rincón.

—Exactamente. Tomás no es Tomás, el que tu recuerdas. Mas bien tú eres alguien que él recuerda y que perdió. Te ha venido a buscar desde otra realidad, desde otro deseo, y te encuentra colgando de un hilo improbable. Ignoramos donde esté el Tomás que tu recuerdas, pero este es todo tuyo, y es tu peón.

 

Dos

Con un pie en Samarkanda

 

—Me sorprende encontrarte aquí, al verte tan lejos en la mañana.

La Muerte

 

Odiaba leer ficción, Tomás la obligaba. Era como una fuerza que cerraba sus ojos en el primer párrafo. Teresa esperaba las campanadas de las seis. Mientras, leía uno de esos varios cuentos acerca de la Muerte. Ella prefería la literatura médica o por último algo de Historia, no entendía el fuerte mirar de MMM, mirada pesada en bits, escaneándola allí sentada en el sofá cubierta con las cobijas, entre platos sucios y ceniceros variados. Los médicos ignoran por reflejo esas Muertes mayúsculas, para ellos era una cadena de eventos sistémicos, no distintos del dolor, la debilidad o la vejez. Pero, los narradores sí conocían otras Muertes: unas con voces y huellas; que pululan por el mundo sublunar saboreando una lista de nombres. Esa forma de pensar le daba acidez, esas Muertes personales eran infantiles. Ella estudió medicina cuando la muerte era un enemigo letal y no comprendía el ponerse a charlar de tú a tú con ella. Desde esa nueva luz, el método de los médicos había sido tomar cada enfermedad con pinzas y guantes; y tratar de asfixiar a la muerte mediante artilugios. Su Ciencia y la Muerte no habían sido presentadas formalmente, y se tiraban a matar; pero, mientras la primera corría tras los males del mundo, la segunda esperaba recostada en cada circunstancia de la vida. Una Tortuga entre muchas liebres, termina comiendo liebres.

Teresa leía un cuento donde un jardinero desea dejar memoria de su nombre en el mundo, pero escucha a la Muerte hablar con el Califa de su propio deceso esa misma noche. El jardinero roba un caballo y huye. Su montura tropieza en las afueras de Samarkanda, donde la Muerte le dice: “Al verte tan lejos en la mañana, pensé que no llegarías a nuestra cita”.

Esa frase le hizo saltar un recuerdo de su hermano Andrés con un globito blanco en el aeropuerto y una de sus novias de toda la vida. La muchacha tenía una orquídea blanca que le entregó, y salió de su recuerdo. Andrés sonreía para lucir su barba peinada, y abría sus brazos para mostrar su pecho ancho. La abrazó y susurró en su oído:

—¿Qué me trajiste?

La primera campanada espantó el fantasma de su hermano, instintivamente palpó esa Mano de Fátima que trajo para Andrés de su viaje. Según los creyentes, evitaría el mal de ojo y la adversidad.

—Debí quedármela —pensaba y apretaba el pico de paloma casi hasta sangrar.

—No sirvió de nada —pensaba y molía su uña contra los peces de plata. Sonaron llaves, sería Tomás.

Lo conoció años antes en la facultad de medicina, hasta que desapareció. Teresa se graduó y empezó su servicio en emergencias. Quería, necesitaba, salvar a alguien. Dedicaría su vida a salvar cada vida, en memoria de Andrés.

Tomás llegaba siempre pasadas las seis, traía libros y comida. Su ropa, siempre grande, le hacía parecer más delgado de lo que era. Y su libro siempre distinto, forrado con una tela roja, siempre una tela roja. Era quizás el único de la ciudad que leía, ya nadie soñaba nada imposible o demasiado lejano. Todos éramos dioses. Todos excepto los que habían caído… como Teresa.

Teresa se desconocía. Al mirarse se sabía otra. Su voz sonaba a destiempo con su sentimiento, pero lo peor eran los sueños causados por la Dama, sueños funestos e hiperreales no se podían recordar. Cada sueño era una muerte, pero recordarlos era morir.

—En el cuento —había dicho Tomás—, ronda una idea no dicha, pero que es el destino. Cada persona merece, por así decirlo, su propia muerte, y esa muerte particular es la Muerte mayúscula, a ella le gusta oír cuentos y apostar, y es buena en ambas artes. En cambio, la muerte que alejan los médicos es la muerte real, una que no entiende nada de nada… pero; que con las drogas cuánticas se ha logrado vencer, o al menos aplazar indefinidamente.

Sin embargo, la conciencia del mundo cuántico llega a colapsar por su misma esencia esa realidad ideal y la materializa en una realidad consensuada donde tus deseos no invadan las esferas de los deseos de los demás. El deseo que te concede la Dama se cumplirá siempre y cuando no sea colapsado por algo más fuerte… o más sutil.

—¿Eso que significa Tomás?

—Que debes aprender a desear.

—Ya lo deseo. ¿Y ahora?

—No tan rápido. Primero debes perderlo todo, entonces sabrás que es lo esencial para ti.

—Lo esencial para mí es volver a ser yo…

—¿Y Andrés?

—…

—¿El deseo que te hizo esto era acerca de él?

—No, ya yo sabía que no se puede resucitar a nadie muerto hace tanto…

—Pero…

—Deseé nunca haberle dado un amuleto. Era un deseo sobre mí misma. Una idea tonta.

—Los deseos no deseados, son un gran problema. Son como esas cajas de resorte de las que sale una fea sorpresa.

—¡Pobre jardinero! ¿No? Lo trágico no es llegar a tiempo a la cita con la Muerte. Lo trágico es el resultado de su deseo. ¿No?

—¿Por qué te parece eso?

—Él deseaba dejar huella de su nombre en el mundo. Con poquito ánimo hubiese sido el único hombre que burló a la Muerte. ¡Sabríamos su nombre! Pero, al saber que la muerte lo buscaba decidió robar y huir; y eso sabemos de él, en lugar de su nombre.

—Lo captaste rápido. Así te recuerdo. ¿Sabes?

—Gracias.

—Ya debo irme. Pero, si hubo otros hombres que en cuentos burlaron la Muerte mayúscula. Lee lo de Sísifo. Así se llamaba uno de ellos. Y sobre Aristarco…

—Adiós… quiso decir Teresa con un gesto a medias, pues Tomás no solía despedirse formalmente.

 


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