Superposición | Sebastián Gómez Piñeros

Por Sebastián Gómez Piñeros

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Colombia)

 

Rememoró el cruento invierno cuando un aliento seco gutural saludo emitió, irrumpiendo su ociosa meditación. El poniente áureo fijó un haz entre la estrecha ventana hasta el pleno rostro bajo el umbral. Un mentón perdido en una espesa barba veteada de negro, y un ojo con signos de pterigión; él se adelantó luciendo un elegante traje de paño. Mi réplica tardía cortó su discurso. Y reanudó solemne su caso.

El predio a su nombre sobrepasaba el área que configuraba lo urbano. Su deseo de ampliar la casa familiar no sería viable, por el garrafal error de no consultar el ordenamiento territorial que le acarrearía perdidas invaluables. Él sostuvo soberbio cómo sus antepasados favorecieron al pueblo en la invasión de milicias. Apeló a que se cultivaba sobre estratos cadavéricos; sus héroes –enunció eufórico– merecían prioridad, desagradecido pueblo, ¡hipócrita!

Adoptando luego un carismático talante, dio muestras de poseer raíces extranjeras que por azarosos designios arribaron justo aquí; una larga descripción envolvía al funcionario perdido en cómo dominaban y jineteaban rinocerontes, su ungimiento en desolados parajes cobijados en la negrura los iniciaban: moldeando a un ser que zambullido en terribles vacíos de infinitud estelar, traspasando millares de atmósferas corroyendo su materialidad, reduciéndolo a su mínima expresión, sofocado al percatarse del extenso acaso infinito subsistema que lo conformaba, vio a través de tejidos cómo colosales chispazos reelaboraban una incipiente rotura, los ensordecedores compuestos cuyos enlaces marcaban una estela electrizante, su sustancialidad cómo se ensamblaba sistemáticamente.

Se desprendió del ropaje miasmático el anonadado funcionario, como si él hubiese emprendido tal. Un cuadro colgado detrás del sujeto conformó una imagen que correspondía a su interminable fárrago descriptivo que intentó evitar.

Un escarabajo impulsaba un ojo sobre un lomo endurecido. En fondo negro titilantes puntos eran testigos de como resbaló; sin desviarse a los costados continuó su trayecto por el cráneo hasta golpear un cuerno. Una inusitada molestia ocular le percató del silencioso señor, lo asesoró y despacho efusivo sin mirarlo.

Cierto odioso espejo le conminó a gritar una vez. Más tarde portaba, optimista, su distintivo: Su descendencia con honorabilidad se habituó a adorar el pterigión.

 


Sebastián Gómez Piñeros (Colombia). Estudiante de Ingeniería Ambiental.


Foto portada tomado de: https://www.freepik.es/foto-gratis/primer-plano-monton-documentos-sobre-mesa_867539.htm#page=1&query=papeleo&position=9

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