La teoría del recipiente | Daniel Verón

Por Daniel Verón

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Argentina)

Hermagler acostumbraba a llevar apuntes por escrito acerca de sus múltiples investigaciones. El era quien presidía el comité de estudios cósmicos dentro de la Federación y un grupo de kosmokratores, encabezado por Sol Varraiger que lo observaba con interés. Después de todo, aquel científico había pasado los últimos dos siglos viajando e indagando acerca de una serie de ítems sobre los cuales se sabía muy poco.

—En primer lugar —dijo Hermagler— debemos tener claro que toda raza posee una cierta concepción del Universo que se va modificando según las investigaciones que ellos mismos realicen al respecto. Ha pasado con el hombre solar, con el modelo humano en general, y pasa con cualquier otra raza inteligente. La forma en que cada raza concibe el Cosmos nunca es algo estático. Basta con que recordemos todo el sistema mitológico ideado por las razas semihumanas o las diferentes estructuras dualistas de las no humanas. En cuanto a los modelos humanos, si bien mantienen un cierto parecido entre sí, existen cosmogonías que han permanecido inalterables, a veces, por mucho tiempo, según cuál haya sido el grado de interés de esas razas en investigar al respecto. De hecho, dentro del GL (Grupo Local) hubo razas que prácticamente desaparecieron sin conocer gran cosa del Cosmos.

—¿Qué nos puede decir entre los modelos del hombre altairense y los del hombre solar? —interrogó Varraiger.

—En primer lugar, diría que los del HS (Hombre Solar) llegaron a ser mucho más depurados y más avanzados. Además, esto guarda cierta proporcionalidad con las investigaciones hechas por unos y otros. Si bien para explicar el Cosmos el hombre terrestre imaginó, originalmente, confusas mitologías en tiempos prehistóricos, a partir del llamado “sistema copernicano” su civilización empezó a acercarse a la verdad.

—¿Se puede decir que ese fue el punto de partida para cosmologías más avanzadas?

—Correcto. Desde luego que aquel Universo imaginado por los antiguos terrestres era muy simple. Recuérdenlo: el Sol era el centro de todo, luego venían los planetas y después una especie de telón de fondo que eran las estrellas fijas. El resto no era posible imaginarlo porque ni siquiera se sabía que esas estrellas eran otros soles tanto o más grandes que el suyo. La invención del telescopio y su perfeccionamiento le abrió al MS (Modelo Solar) un Universo mucho mayor.

—¿Y cuál fue el siguiente gran paso? —preguntó el kosmokrator Norstad.

—No hay uno sino dos en realidad —aseguró Hermagler— Al hallazgo de que había millones de estrellas y galaxias se le sumó el descubrimiento de la expansión del Universo, que luego devino en la teoría del Big Bang.

—¿Y cuál fue el papel que jugaron entonces los viajes espaciales?

—Al principio muy poco. Es que aquí hay un desfasaje. Con los viajes espaciales, el HS recién comenzó a recorrer lo que había sido descubierto siglos o milenios, por la simple observación visual. De todos modos, era algo necesario. Pero debe quedarnos claro que, en sus viajes por el Sistema Solar Local, el HS no descubrió absolutamente nada acerca de la estructura del Universo. Esta era, esencialmente, una tarea llevada a cabo por astrónomos con la ayuda de telescopios cada vez más potentes que eran capaces de auscultar el espacio en millones y millones de años-luz.

—Pero el alcance de los telescopios también tuvo un límite —se anticipó Varraiger.

—Exactamente. Es verdad que se colocaron telescopios gigantescos en la frontera del Sistema Solar, pero aquí no hay duda de que era preferible utilizar esa tecnología en trasladarse personalmente a las regiones más alejadas antes que simplemente visualizarlas. En realidad, es solamente varios siglos después que los viajes espaciales realmente comienzan a abrir un nuevo panorama de lo que es el Universo. Por supuesto, este hecho es posterior a la época de los grandes telescopios u otros métodos de observación.

—Desde ese punto de vista —dijo Varraiger—, los viajes del Supremo Miqhvaar y algunos de sus primeros sucesores no hicieron más que recorrer el espacio ya conocido, ¿verdad?

—Así es; tal cual. Siempre hablando del HS, ahora como líder del MH en general, yo diría que son los viajes del Supremo Thorklind los primeros que realmente introducen elementos nuevos en la exploración cósmica. Thorklind verdaderamente cruzó el Mar de Galaxias y así pudo reunir información suficiente sobre cómo es el Universo, del otro lado, adonde no había posibilidad de avistar nada hasta entonces. Con él se introduce el concepto de los Universos-Burbuja y la primera conclusión fue que la totalidad del Cosmos es así: una especie de mar de pseudomateria, en donde flotaban incontables universos-burbuja. También se descubrió que existía un incontable número de Atractores, los cuales interactuaban con las burbujas.

—Es admirable todo lo que ellos pudieron detectar con el instrumental de que disponían —comentó el kosmokrator Lucius Solaris.

—Aquí no tenemos que olvidar a la comandante Reyla Sharkis que, sin pertenecer a la civilización del HS, hizo importantes descubrimientos para la Federación. Gracias a sus viajes llegaron a descubrirse más de 30 dimensiones, algo que nos abrió un panorama completamente nuevo y nos sacó para siempre del viejo concepto del Cosmos tetradimensional.

—Tampoco fuimos nosotros los que descubrimos los Minicosmos —recordó Varraiger.

—Así es. Fueron los apkon, los seres que justamente Thorklind había descubierto. Ellos eran la expresión más elevada de las razas SH. Como recordarán, el comandante Sarrer y otros apkon, investigaron la evolución de las Burbujas en Minicosmos vivos, autoconscientes e influenciados por poderosas Mentes Galácticas, aún desconocidas. Claro que esos Minicosmos pertenecen al futuro y así fue como Sarrer descubrió la cultura de los Arquetipos, formas de vida extrañas a nosotros, acerca de los cuales tenemos un desconocimiento que es mutuo. Pues bien; fue la búsqueda de las Mentes Galácticas lo que llevó a los apkon a recorrer escaleras de universos. Es decir, nuestro UL con todo lo conocido y sus proyecciones a futuro, Burbujas, Atractores, Minicosmos y demás, es apenas uno entre miles de millones, cada uno con sus propias características. Esta es acaso la primera vez que se entrevió algo de lo que es el UT, o sea, un conglomerado prodigioso de universos que se extienden por más de 30 dimensiones en todas las direcciones que uno lo desee. Adonde vayamos, siempre hallaremos algo.

—Dentro de ese esquema, ¿dónde habitaban, entonces, los Seres Luminosos? —interrogó Norstad.

—El hábitat de los Seres Luminosos es una estructura multidimensional mucho más evolucionada de lo que antes fue conocido como Zona Fantasma, pero a la vez semejante a esta —respondió Hermagler—. Es igual que si miramos una galaxia ahora y luego la volvemos a mirar dentro de 10.000 M.A. Allí tenemos apenas un pequeño ejemplo de cómo son los universos en cada piso de la Escalera. Desde luego que para los apkon no era tan sencillo explicarlo. Ellos arrastraban el viejo criterio de que el UT es uno solo y cada estructura que descubrían eran simplemente como habitaciones en una gran casa.

—¿Cuál fue el siguiente paso importante entonces? —inquirió Varraiger.

—No hay duda que los viajes del Supremo Irvins. Sus exploraciones recorrieron Galerías y Masas que son sencillamente increíbles. Las he observado muchas veces y aún ahora costaría hacer algo así. Esto es lo que lo lleva a otro estrato universal adonde encuentra a los Guardianes. A ese lugar solo se accede por vía multidimensional, en ciertos puntos de la Escalera. Hasta cierto punto se podría decir que el suyo fue un descubrimiento más bien casual, pero de gran importancia.

—Con la mentalidad antigua se podría pensar que esos seres, lo mismo que los Luminosos, son algo así como entes espirituales de alguna mitología —dijo el sabio Curtis, colaborador de Hermagler—. Pero no es así. Son entidades supra-humanas pero pertenecientes a determinadas estructuras del UT (Universo Total) igual que nosotros.

—Algo que no debemos olvidar —apuntó Hermagler—, es el importante trabajo realizado en las diferentes Asambleas Ecuménicas. Allí se hizo un verdadero resumen y recopilación de descubrimientos dispersos, que de otro modo nunca podrían haber sido unificados. Ahora bien; la otra etapa de interés adonde se ha llegado en cuanto al tema de la estructura cósmica, surgió a partir de algunos viajes en el tiempo. No quisiera mezclar aquí las investigaciones acerca del Tiempo con las del Espacio, pero el Supremo Garyker, al remontarse arriba de los 10.000 M.A., halló señales de la forma que irán tomando las Escaleras de Universos en el remoto futuro.

—Estoy enterado de que esto es uno de los descubrimientos más importantes relacionados con este tema, ¿verdad? —dijo Varraiger.

—Así es. De igual modo que antes hablamos del Mar de Galaxias, por ejemplo, hoy es posible hablar de un Mar de Universos, millones y millones de ellos, cada uno con sus propias características, que realmente se distribuyen como si estuvieran dentro de una pecera, hacia todos lados y en forma multidimensional. Aunque parezca increíble, realmente hay un arriba y un abajo según su grado de evolución. Por un lado, más que nunca parece que el UT se recrea a sí mismo; por otro lado, cualquier recipiente que lo contenga es extra cósmico y entonces ya estamos hablando de que toda esta inmensa estructura puede ser solo una parte de un ámbito infinitamente más grande. Según cómo uno lo quiera imaginar, es fácil o difícil de comprender. Si nos detenemos a repasar todas las estructuras que formaban el Universos Total, llegaremos a un punto difícil de representar. Si, en cambio, miramos el UT como una simple mota de polvo insertada, vaya a saber en qué cosa, mucho mayor, por cierto, no es tan difícil.

—En otras palabras —habló Varraiger—, el UT es algo así como el líquido o la materia que llena otro recipiente.

—Sí, lo que falta, más bien, es determinar qué cosa sea ese recipiente que, de algún modo, le pone un límite al UT, por más que ello esté muy alejado todavía de nosotros.

—¿Es posible que desde algún otro universo o bien desde algunas de las Burbujas se pueda acceder más fácilmente al Recipiente? —interrogó Norstad.

—Para saberlo con certeza habría que recorrer minuciosamente esos conglomerados que usted dice —respondió Hermagler—. Ahí está uno de los grandes desafíos que todavía quedan dentro de la exploración espacial. De todos modos, si lo que usted dice es así, significaría que dentro del UT hay algo así como atajos o caminos más cortos, para salir y ver cómo es el Recipiente. Nosotros venimos investigando en conexión con esto una posible interrelación que pueda existir entre los diferentes universos y, en principio, diría que sí.

—¿Cómo es eso? —se interesó Varraiger.

—Nosotros, cuando hablamos de caminos imaginamos, en realidad, espacios libres. Sin embargo, la clave está en las multidimensiones. Hay dimensiones que, en cierto modo, acercan o alejan un objeto de nosotros, independientemente del espacio. El espacio es la 3ª dimensión de, por lo menos, 30 dimensiones más que conocemos. Es en algunas de estas que los universos se interrelacionan sin necesidad de hacer ningún viaje espacial. Esa es, entonces, un área muy importante donde hay que investigar.

—¿Y el Recipiente? ¿Es afectado por el paso de los millones de eones? —inquirió el kosmokrator Lehrmann.

—Yo me inclinaría a decir que el Recipiente es ajeno a cualquier cosa que suceda en el UT. Lo más probable es que esa y otras estructuras que podamos descubrir sean supra-temporales, es decir, están más allá del tiempo.

—¿Se sabe con cierta precisión qué lugar ocupa nuestro Universo Local en el Recipiente? —interrogó de nuevo Varraiger.

—Nuestra posición, en cuanto a la altura, parece ser intermedia. No está muy alto ni muy bajo. En ancho, ya diría que estamos bastante cercanos a un núcleo central donde se agrupan miles de Cosmos parecidos al nuestro.

—¿Quiere decirnos algo más sobre este punto?

—Solamente quiero destacar que debemos considerarnos muy afortunados. Ninguna otra raza SH, NH ni MH ha sido capaz de llegar tan lejos en sus investigaciones como nosotros. Solo las entidades supra-humanas que hemos descubierto nos superan en conocimientos. Pero dentro de todo lo que sea el espacio tetradimensional del Universo Local, nadie más ha descubierto estas cosas. Nosotros hoy, ustedes y yo, estamos aquí, cómodamente sentados, en algún lugar entre las estrellas, debatiendo acerca de esto, mientras incontables millones y millones de seres inteligentes esparcidos por el Cosmos no saben ni siquiera qué es una estrella o cómo está compuesta una galaxia. Volviendo al punto que hablamos al principio, de las mitologías cósmicas, nosotros mismos somos los dioses que imaginaron nuestros antepasados.

—Es cierto —asintió Varraiger— solo que no estamos en ninguna clase de paraíso etéreo, sino con enormes responsabilidades al servicio de la Federación y de la cultura cósmica en general. De nuestras decisiones depende lo que pueda suceder. Nadie jamás acumuló tanto poder, solo que el MH hace mucho que, básicamente, siente lo mismo y está unido para lograr una serie de objetivos que nadie imaginó jamás.

—Lo que tenemos que hacer Supremo —finalizó Hermagler—, es ponernos manos a la obra. En el tiempo total ya está hecho, en nuestro tiempo lineal todavía no. Para que se complete en el TT hay que dar estos pasos, necesariamente, en nuestro tiempo.

Varraiger y los demás se pusieron de pie realizando la habitual ceremonia. En poco tiempo habían aprendido mucho más acerca del UT y, ciertamente, era mucho lo que había por hacer.

En algún lugar, más allá del tiempo y del espacio, una serie de entes vagamente parecidos a humanos, parecieron regocijarse con la escena que estaban contemplando con algunos líderes de la Federación. En algún lenguaje que sonaba más o menos similar al de los federales, podría haberse escuchado que decían:

—¡Por fin! ¡Cuánto tiempo hemos esperado esto! Es lo único que nos faltaba. A partir de ahora, el tiempo ha sido vencido. Ya no habrá más tiempo y las distancias no significarán nada.

—¡Gloria! ¡Gloria! —respondieron los demás.

 

 


Daniel Verón (Buenos Aires, 1957). Escritor argentino, autor de obras de fantasía y ciencia ficción entre cuentos y novelas. Sus obras recientes representativas son: La exploración del universo (Tahiel, 2018) y Nuestros días en el sistema solar: más allá de Júpiter (2018).

 


Foto portada tomada de: https://www.freepik.es/foto-gratis/brillante-abstracto-arcos_606170.htm#page=3&query=ciencia+ficci%C3%B3n&position=2

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