El diablo* | Carlos Gabriel Córdova Espinoza

Por Carlos Gabriel Córdova Espinoza

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

La vida del pobre, amarga, es tan como café en velorio, o así dicen muchos desafortunados que odian su existencia en la ciudad.

Gran parte de los trabajadores no esperan de manera optimista que la quincena sea pagada en el día justo y que el calor no sofoque en las noches. El único placer del pobre es poder ir en la ventana del bus, refrescarse con el viento mientras contempla la ciudad en su constante ir y venir de personas.

El calor del verano infernal es más en los meses de julio y agosto. El invierno y sus jodidas lluvias traen inundaciones a todo maldito lugar olvidado por el Municipio, presidente o Junta Militar de turno, porque donde existe un clima del carajo también hay un pésimo gobierno y falta democracia.

Esta noche de invierno, para ser exactos viernes del mes de febrero, se declaró enfermo mental al Prefecto Provincial. Un celular suena y en la pantalla se visualiza que es un recado con urgencia.

Entonces un hombre se levanta de su sillón. Posee un collar de plata con una estrella y un anillo bañado de oro y plata en su dedo anular derecho. No es alguien con trabajo fijo ni esas cosas de cumplir horario. Se dedica a estafar y resolver problemas. Quizás lo más honesto entre todas esas opciones es lo de resolver problemas, pero hay ocasiones que se vuelve un trabajo tan sucio como el de gasfitero o el de albañil.

Decir que es un solucionador es algo difícil de digerir para otras personas, pero menos vergüenza experimenta contando eso que resuelve los problemas de ciertos políticos, a que sepan que es un estafador con don de labia. También es algo difícil para él, porque pierde todo su carisma ante alguien.

No en balde la primera impresión siempre es la que vale, pero si él no tiene conocimiento de qué pata cojea le es más duro ejercer dicho oficio.

Se graduó de ingeniero eléctrico, en el momento en que el país se enrumbaba en construir grandes hidroeléctricas que fueron hechas con grandes capitales internos; cuando eso pudo lucirse se experimentó una suerte de sequía que desde entonces afecta al país durante años y le obliga a importar energía de su vecino.

Como siempre el trabajo escasea y la situación siempre jodida del país no ayuda, peor cuando se aproxima el fenómeno de “El Niño”. Se cree que por castigo divino cada año que esto sucedía, arrasaba con los cultivos y solo quedaban los árboles de mango que cuentan las personas mayores son eternos.

El contacto más importante que posee es el alcalde y esto gracias a los cielos ya que es un hombre poco coherente: no cualquiera contrataría un arregla-problemas y además estafador. Pero el asunto era tan turbio que necesitaba alguien que pueda ir al infierno y volver solo por un buen fajo de verdes.

En dos horas se encontrarían para pedir información del trabajo. Le remonta al pasado cada vez que le preguntan por qué sigue trabajando y si reunió una cantidad de dinero como para vivir en una hamaca hasta el fin de sus días.

Del dinero de sus trabajos compró dos casas que los puso al nombre de su madre, casa que pronto las convirtió en bares. Es así cómo ella se sustenta y él posee tranquilidad en su alma, que madre como la suya merece el cielo, pero las estrellas están tan caras como el petróleo que exporta el país.

Las personas de su cantón conocen su nombre y le temen ante la idea que un día compre todas sus tierras. Se sabe que de pequeño pasó hambre por culpa de la ausencia de padre y lo poco de comer se lo ganaba la madre siendo la empleada de muchas familias, la cuales ahora le miran con envidia y la conocen como la Madre del Diablo desde que él compró una finca de fruta del diablo.

Siempre piensa que involucrase en la política sería algo bien osado. Su rostro es conocido en ciertos lugares y hasta en pueblos de la Sierra le tienen odio por haber escapado de la “Justicia Indígena”.

Aunque sus métodos sean salvajes, son una manera de hacer respetar las Leyes. Pero retiene el miedo certero que un día, caminando por el centro de la ciudad, se encuentre una víctima de sus trabajos, le mirara y gritara que le robó de alguna manera. Es por eso que desde aquella disputa en la Iglesia de San Agustín no puede exponerse.

En la ciudad, el extranjero deambula como oveja entre la manada de lobos y presiente la falta la invitación en su cuello para ser estafado. Se amarga ante la idea de ver extranjeros triunfar en su tierra mientras otros se comen la camisa y empeñan la cédula para poder tener una libra de arroz, o que aparezcan sin dinero. Al cabo de un par de años ellos forman empresas, se unen y conforman sus gremios, pues el gobernador proviene de raíz de extranjeros.

Pensar que la cólera del presidente incrementaba el impuesto, mientras la paranoia de que existía guerrilla hace que la policía patrulle como desfile. Tales sucesos le obligan a mantener un perfil bajo y reconsiderar qué trabajos aceptar para no encontrarse con la Ley.

La situación del país, en respuesta a la delincuencia, se ha vuelto incontrolable. Parece no existir importancia por la seguridad del pueblo. Gracias a eso ha podido camuflarse y buscar refugio con criminales menores que, por unos cuantos billetes, hacen un trabajo que él puede encargarlos para después ser despachados.

Sin embargo, durante todo el año el miedo a la calle creció con la aparición de un asesino bestial que asustaba al más ruin de los matones. Incluso en sus años de ejercer como solucionador de problemas temía encontrarse con un caso similar a la bestia que andaba azotando la ciudad y jugando con la policía. La ciudad es un foso del que están emergiendo seres alejado de lo humano y mientras más corrupta es la política en el país, más personas atroces aparecen en esta sociedad.

Tales actos de barbarie hacen ver que ser un estafador solo es una profesión de supervivencia como vendedor de discos piratas.

La mansión del alcalde es el lugar más acogedor en la ciudad; en su sala están colgadas pinturas de distintas épocas de la ciudad y el puerto. Recorrer sus pasillos es igual que un viaje en el tiempo por la ciudad y todos sus lugares turísticos. Lo único difícil es acceder a dicha casa, se encuentra fuertemente resguardada en una urbanización privada en una isla cerca de la ciudad.

Él es un hombre sexagenario con guayabera blanca, de sonrisa tan brillante como las perlas y mirada carismática.

Le conoció por medio de un amigo notario y le encargó un trabajo complejo, pero privado que nadie debía saber.

Todos deben guardar secretos algo oscuros, más si poseen cierto poder y están al ojo del público.

Él lo hizo su gallinazo o, mejor dicho, su “Limpiador de problemas”. No es que mate gente, así, por deporte, y peor por inocentes. Posee honor como todo criminal honrado. Solo se dedicó asustar a personas en sus malos pasos; mata en caso de que sea alguien dañino para la sociedad y más si es amenaza contra su empleador

El alcalde le sugirió que investigue sucesos extraños en el antiguo hospital psiquiátrico de la ciudad. Hace muchos años, en aquel lugar, hubo una gran cantidad de personas con problemas mentales y conductas peligrosas, pero un día muchos desaparecieron. Los médicos del lugar fueron asesinados en su mayoría y pocos quedaron vivos, pero con severos traumas psicológicos; por lo tanto, ahora los loqueros pasaron a ser locos.

La primera parte de la misión consistía en buscar aquellas personas que supieron qué suceso se desencadenó toda esa noche: en menos de doce horas, cerca de medio centenar de pacientes desaparecieron y hubo una docena de empleados fallecidos. Los noticieros habían notificado desapariciones de muchas personas, muertes y una posible marcha en contra de la policía. La inicial impresión que tuvo es que había una relación entre aquel psiquiátrico y la situación caótica en la que se veía envuelta la ciudad. Después de tantos años había que buscar pruebas. Consideró que su trabajo no era hacer preguntas comprometedoras. Solo debía ir y conseguir una explicación creíble y pruebas de lo que sucedió en verdad, aunque el caso le resultaba curioso, por el hecho que el alcalde tenía dos décadas en el puesto y con su nivel de influencia curiosamente no tenía conocimiento de los hechos o quizás ocultaba algo que podría ser descubierto y deseaba que todo rastro de él sea eliminado.

 


*El diablo es el segundo capítulo de la novela inédita: ¿Que pasó en el Hospital Ponce Di Lorenzzo?

Carlos Gabriel Córdova Espinoza (Guayaquil, 1997). Egresado de Administración de Empresas; dedicado a dar clases particulares sobre cómo fomentar pequeños negocios y en su tiempo libre escribe. En este contexto, desde hace cuatro años, lleva escribiendo y formando un bosquejo de lo que será una saga que contendrá temas sociales, migración, corrupción, diferencias de clases, racismo y otros temas.


Foto tomada de: https://www.pexels.com/es-es/foto/colegio-concentrarse-dorado-efecto-desenfocado-451/

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