“Trainspotting” de Irvine Welsh | Fabricio Guerra Salgado

Por Fabricio Guerra Salgado

 

La política monetarista y de libre mercado impuesta por Margaret Thatcher durante los años ochenta, mejoró de forma ostensible la macroeconomía del Reino Unido, pero a la vez recortó el gasto social afectando a los sectores más vulnerables. En ese contexto, en muchos tugurios malolientes de Edimburgo, Escocia, miles de adictos comparten jeringuillas de heroína, mientras el índice de contagio de sida por uso de agujas infectadas se dispara de forma dramática.

Trainspotting (Anagrama, 2010) es el retrato descarnado, aunque nada victimista, de una generación perdida, cuyos grandes anclajes son el exceso y la violencia, los cuales definen la existencia de quienes parecen estar condenados a sostener perennes conflictos con la institucionalidad imperante y consigo mismos.

Surgen entonces personajes desprovistos de los más elementales escrúpulos, como Sick Boy. Pero ¿por qué tenerlos en un medio tan hostil? O criminales psicópatas como Franco Begbie, el líder de esta banda de amigos, quien se abre paso a navajazos al tiempo que le entra a patadas a su novia gestante. ¡Y el buen Begbie es el héroe de muchos de sus secuaces!

En Trainspotting los yonquis o drogatas deambulan soportando el doloroso síndrome de abstinencia, dispuestos a hacer cualquier cosa por otra dosis de heroína. Con tal elemento humano, Irvine Welsh acierta a configurar la cartografía de una sociedad fracturada por la recesión económica, la falta de expectativas y un sectarismo religioso que impone el binarismo, “o católico o protestante”, que no tarda en convertirse en un venenoso catalizador del enfrentamiento y la exclusión.

Los antagonismos entre unos y otros se dirimen en la calle, en los pubs y hasta en la cancha, cada vez que los dos clubes de futbol más importantes de la ciudad, representantes y signatarios de ambos bandos confesionales disputan enconados partidos en los que se pone en juego algo más trascendente que los puntos y los trofeos.

Trainspotting es la novela de la adicción a la droga, pero no a partir de la apología sino desde la experiencia desgarradora de quien vive y muere por consumirla, pintándose así el lado b de una Europa Occidental marginal y ajena a toda sofisticación. En consecuencia, es también la voz de los toxicómanos, beodos, dealers, carteristas, proxenetas, putas, seropositivos y otros tantos exponentes de la más genuina Scottish Lumpen.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s