Clips | Carlos Enrique Saldívar

Por Carlos Enrique Saldívar

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Perú)

 

Hoy, a las seis de la tarde, encontré un perturbador testimonio en el interior de un libro de la biblioteca del sótano de la Universidad La Villa. Recién a estas horas, pasando el crepúsculo, animado por alguna extraña fuerza, he decidido leer el texto, el cual dice así:

 

«Tengo un serio problema con los clips.

No hablo de esos útiles pedacitos de fierro que se usan para sujetar papeles, claro que no, solo un idiota de verdad tendría un problema con esas mierdecitas, aunque a un tío materno siempre se le caían sus documentos de trabajo, decía que los clips se rebelaban contra él y se abrían a propósito, ¿alguna maldición o gran torpeza por parte suya? En fin…

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Tampoco hablo de los videoclips, esas tonterías de moda, que cada vez se vuelven más pueriles, que casi son un atentando contra el funcionamiento del cerebro humano, y que, al parecer, acompañarán a la humanidad hasta que esta se extinga. Videoclips, tonterías que uno ve en televisión, en los programas transmitidos por los canales de mayor rating, donde se observa a un músico respetable (en algunos casos), o detestable (en la mayoría de estos) vendiendo una canción o ¿por qué no?, un álbum musical entero, a cambio de unas cuantas imágenes gratuitas con culos, tetas y bailes atorrantes, que están vigentes unos meses, y luego desaparecen para siempre. Videoclips, ¿por qué diablos estoy hablando sobre estos?

Mucho menos hablo de aquellos avances de las películas que sirven para publicitarlas.

No entiendo por qué siempre tiendo a divagar. Este ha de ser quizá un gran defecto mío.

Aunque mi mayor defecto es percatarme de que divago y persistir en el palabreo soso.

Como dije, no hablo de los videoclips, solo un necio de verdad tendría algún problema con estos panfletos ruidosos que entumecen mentes. No, de estos clips no quiero hablarles.

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Mi problema es con otro tipo de clips.

Sé que no pueden oírlos. Podrían estar ahí, junto a ustedes, ahora mismo.

Yo sí los escucho, son numerosos, van en aumento, son más. Hace poco eran centenas, ahora son millares, millones; intenten imaginar que los oyen, presten atención. Seguro, para cuando lean el presente relato, yo estaré muerto, pero, por favor, háganme caso, déjenme advertirles, esa es mi meta: que ustedes se enteren de todo y así consigan salvar su vida.

Resido en una casa diminuta, he pasado un mes reforzando mis puertas y ventanas con fierro, me han creído loco, pero hice todo esto para protegerme de aquellos clips, sí, así es como les llamo. Casi toda mi casa está cubierta de metal, incluso quité la terraza y puse un techo especial: de acero con navajas en los bordes.

Intentarán entrar por mí y se lastimarán… Malditas porquerías de mierda.

¿Por qué me joderán tanto? ¿Qué diablos querrán de mi persona? Quiero adivinarlo.

Ya lo saben, si están leyendo este relato es porque he muerto, aunque no voy a perder la oportunidad de prevenirles para que no padezcan el mismo destino que yo. Si escuchan un «clip», ¡huyan! No se confundan, no es un «clic» ni un «clib»; no, el sonido es «clip», es un maldito ruido, ¡entiendan! No sé lo que es, no puedo decir si se trata de patitas o antenas moviéndose, o son hocicos repletos de colmillos que se abren y se cierran rápidamente, no es el entrechocar de dientes; no obstante, sé que son entidades sombrías las que realizan tal ruido, no sé el tamaño que tienen aquellas criaturas horripilantes, mas, como dije, conozco el sonido que emiten: ¡clip!, algo sólido quizá, la dureza del diamante en sus dentaduras. Quieren comerme, pero debido al ruido que hacen las oigo venir y puedo estar prevenido.

Esta noche hay tormenta, aunque a lo mejor no, debe ser mi imaginación. Es de noche, eso sí. Me encuentro en una casita de dos pisos, en un lugar aislado. Solo tres habitaciones hay en esta parte de la casa: sala, baño y cocina, y más más más más más más más más más

Clips Clips Clips Clips Clips Clips Clips Clips Clips Clips Clips Clips Clips. Muchos Clips.

Cientos, millares, millones, estoy solo aquí, ¿cómo podre deshacerme de ellos?, cogeré un cuchillo si vienen por mí y logran traspasar la puerta… me suicidaré… me cortaré la yugular, me tajaré la arteria del brazo, la muerte será dulce, instantánea, mucho mejor que el dolor que me harían pasar aquellas criaturas… Están… están aquí… ¿qué hago? ¿Qué puedo hacer…? Dios, Dios, rezaré, sálvame, ayúdame a sobrellevar esta dura prueba. Hacen ruido, gritan, gimen, escucho sus ¡sí, eso es! Sus picos, sus picos, ¡picos! Como los de los pájaros carpinteros. Están tratando de echar la puerta y las paredes abajo. Sí, quieren hacerlo, están picoteando una y otra vez. Se han posado en mi casa por todos los rincones. Deben tener cubierta mi vivienda por entero. Formaciones asesinas, malditas sean, tratan de hacer hoyos y penetrar. No lo conseguirán. No lo harán, porque no se los voy a permitir.

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¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!

¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

¡Por Dios!

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……

¡Están adentro! No sé cómo, pero han entrado esos pájaros macizos, odiosas aberraciones que no representan otra cosa que el mal. Las detesto. Han ingresado por la cocina, aunque ya la había sellado, también penetraron por el segundo piso. Sí, están arriba se metieron por la ventana de mi habitación. Pronto estarán en la sala. Debo esconderme en el baño. Si aseguro la puerta, estaré a salvo. Será mejor, aquí nunca me encontrarán jajajajajajajajajaja jajajajajajajajaajajajajajajajajajajajajajajajajaja

JA

JA

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JA

JA

JA

JA

JA

JA

¡JA!

¡CARAJO, OLVIDÉ LA LLAVE DEL BAÑO!

¡No podré encerrarme, tendré que salir!

No quiero imaginar más a las criaturas. Siento miedo, mi corazón late a mil por segundo. El cuchillo, ¿dónde lo he dejado? Lo usaré para defenderme. Debí comprar un revólver, pero a alguien como yo, que ha tenido tantos problemas… le ha sido difícil conseguir uno legalmente. No, aun teniendo una pistola con cien balas no podría acabar con todos. Salgo a la sala. Están cerca… los escucho…

E S T Á N A H Í J U S T O A H Í A J Á A H Í

Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip

¿EMPIEZAS A PERCIBIR LA LOCURA?

Imagina lo que siento yo, o lo que sentí. Imagínalo un segundo: en una noche de invierno oscura y ruidosa, por algunos truenos, oír claramente el sonido de los picos puntiagudos de estas criaturas que salieron del infierno y que están buscando el modo de aniquilarme.

¡¡¡LLLLOOOOOVVVVEEEOOOOOOO!!!

¡Sí! Es uno de ellos, es… Clip Clip Clip Clip… Echa baba y hace un hoyo en el suelo, como si tuviera ácido. La luz oscila. Oscuridad. El cuchillo, ¿dónde se encuentra? Mi corazón… me duele mi corazón. Debo retroceder… al armario. Quizá aún no me ha visto. Yo lo he visionado, por momentos es azul y a ratos transparente. Una forma casi humana, pero con un enorme pico. Ha entrado por la cocina, como dije. Azul, azul, azul, transparente. Casi sin volumen, aunque enorme. Su silueta cambia. Clip Clip Clip Clip, y sigue picando.

Querrá quitarme los ojos, sin embargo, no me ha visto. Lo he evadido, me he escondido en el armario. Está cerca. Camina con sus patas de ave. Lleno de negrura (y a muy breves ratos traslúcido). Sus brazos son casi humanos y sus ojos… no los he visto, no quiero mirarlos. Suenan más Clips… La entidad avanza.

¡Mierda! ¡Recuerden esto: si uno, solo uno entra, están perdidos! Esa pesadilla andante se dirige hacia la puerta de entrada de mi casa, empieza a golpear desde dentro, picotea los bordes. La puerta se abrirá pronto. Suenan Tac Tac y Clip Clip una y otra vez. Los sonidos aumentan, es horrible, no se pudo hacer nada con una pared metálica en el patio de afuera. Tanto metal inútil en toda mi casa, metal plateado cubriendo mi agonía. Moriré aquí. Lo sé.

¡Tac! ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!

El umbral se ha abierto… entran…

Algo se ha posado junto al armario…

¡Sí, aquello me había visto…!

¡Mi hogar se inunda de Clips…!

Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip CLIP CLIP CLIP

y más…

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¡No!

¡Mi corazón me duele! ¡Me caigo de costado!

Aún tengo el lapicero, la hoja….. yanopodréescribirmuchoyanonono Clip Clip Clip Clip

Prepárense a enfrentarlos.

En los días de invierno llegarán las tormentas, los traerán, volarán entre relámpagos aullantes y buscarán carne humana de algunos elegidos para satisfacerse.

Jajajajajajajjajajajajajaja

No tengo miedo. Que hagan lo que vinieron a hacer.

Clip Clip Clip Clip muchos Clips hasta el fin del mundo. ¡INFINITOS CLIPS!

JAJAJAJAJAjajajajajaJAJAJAJAJAjajajajaja

¡Se ha abierto la puerta del armar….!»

 

Lo demás, muy poco, está ilegible. No cabe la menor duda de que se trata del relato de una mente desquiciada o algún tipo de broma macabra, pero el volumen que tengo en la mano trata sobre algunos mitos latinoamericanos, los monstruos ave, los tengus y los demonios de la lluvia; en realidad tengo que analizar este material. El relato es fascinante y escrito así: a mano, con letra imprenta, una caligrafía simplista y a la vez excepcional. Hay cierto encanto en todo esto. Hay un pequeño recorte periodístico incompleto que acompaña la narración. No lo había visto, es antiguo. Tiene ocho años. Dice así:

 

Miércoles 24 de junio de 1992

Extraña muerte de un hombre dentro de un armario

No se ha podido determinar con exactitud la causa del deceso de Gastón Ramiro Puertas Canales, hombre de cincuenta y seis años que vivía solo en una casa en las afueras de la Hacienda Cruz Vieja. La residencia tenía dos pisos y un dato curioso es que el señor la tenía cubierta con metal casi en su totalidad, al parecer para evitar que entren los ladrones que a veces pululan en dicha zona a altas horas de la noche. Es así como la tormenta de la década ha dejado otra víctima, aunque en esta época del año ha descendido la frecuencia de las lluvias torrenciales. Aquella noche se registró mucha lluvia y hubo ligeros atisbos de granizada en los alrededores de Aija, Ancash, a pocos kilómetros de donde vivía el difunto. Se especula que la causa de su muerte fue un paro cardiaco, aunque el hecho de haberlo hallado dentro del armario, y un cuchillo en la sala cubierto con la sangre de sus propias manos da mucho que pensar. La puerta de su vivienda estaba abierta y había huellas con agua, que eran de Gastón, mas no se vieron pisadas ajenas a las del dueño de la propiedad.

El testimonio del guardián de la zona dice: «Escuché unos gritos salvajes y me dirigí hacia allí subiendo la pequeña loma, penetré en la casa y no vi a nadie, la puerta estaba abierta, por eso pedí ayuda a una patrulla. No sé cómo conseguí pasar a través de la tormenta, la lluvia era fortísima, aún recuerdo el sonido de las gotas de agua cayendo…»

 

Había fragmentos de otro recorte periodístico que acompañaba al anterior. Había que armarlos y eso se hacía tedioso, sin embargo, pudo más mi curiosidad y lo hice. La noticia era otra y pertenecía a un periódico distinto, con la misma fecha que el anterior. Decía:

 

Una familia sobrevive a la tormenta de la década

Después encontrarse mucho tiempo sepultados bajo su casa de esteras, una familia que vivía en la provincia de Aija fue rescatada por Defensa Civil, que acudió rápidamente a la zona ni bien amainó la furia de la naturaleza. Por desgracia, en las afueras de la zona, un hombre murió en su casa, al parecer de frío y de fatiga, aunque no se descarta un paro cardiaco súbito. El señor Gastón Ramiro Puertas Canales se guareció en el armario de su sala, y según los peritos, el fuerte viento abrió la puerta de su domicilio. La morada del sujeto estaba cubierta de metal y cuando su cadáver fue hallado, su casa estaba empapada; el techo y los muros estaban cubiertos con una tenue escarcha. Los climatólogos dicen que no habrá más tormentas, pero la población está a la expectativa, el agua helada crea formas muy gruesas, como el granizo, y los lugares donde antes aparecían ligeras lloviznas ahora presentan hostiles lluvias, aunque no torrenciales, muy preocupantes. Incluso un científico atmosférico dijo que había algo anormal en las gotas de lluvia, no obstante, ya no debemos preocuparnos, el Fenómeno del Niño cesará de complicarnos la vida. No se atribule la gente de Ancash. Allí no lloverá durante un buen tiempo ni caerá granizo. Esperemos que sea así.

La lluvia… Eso es todo, guardaré el presente material. El pasado, esto es lo que es. Ahora debo concentrarme en estudiar las notas sobre el clima para mi examen. Por hoy paso de los hechos del ayer. Aún permanezco en la biblioteca. Hay mal tiempo, después de varios años el Fenómeno del Niño ha vuelto y estamos en invierno, una época muy fría. Por suerte, no estoy en el norte, en una zona de lluvias, me hallo en Lima, en la Universidad La Villa.

Empieza la garúa, las gotas acarician el marco metálico del techo y el vidrio grueso de la ventana. Es algo al principio sobrecogedor…

La ventana suena: Clip Clip Clip Clip…

No puedo estudiar.

La ventana está cerrada, me alejaré, empero, suenan más…

Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip Clip

Escucho la voz de la jefa de la biblioteca, le dice a una alumna: «parece que tendremos una noche pesada». Solo estamos en la hemeroteca ambas mujeres y yo. La estudiante coge sus cosas, devuelve el libro que estaba leyendo y se retira. La bibliotecaria cierra con llave el área donde se guardan los textos. Apaga las luces sin percatarse de mi presencia, sale de la estancia y asegura la puerta del ambiente, gira la llave una, dos, tres veces. Me he quedado solo en la hemeroteca, a oscuras. En tanto, aún resuenan los Clips Clips Clips Clips Clips…

Tengo deseos de irme, pero me hallo atrapado, no puedo salir de este habitáculo.

Miro por la ventana. Veo las líneas que pasan veloces e impactan sobre las calles.

Me da miedo. El temor es inconmensurable. Me estremezco. No paro de temblar.

CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP. CLIP.

No… NO… Intentaré algo para escabullirme, debo hacerlo, pero antes he de advertirles…

A ustedes…. y tal vez logren sobrevivir si se encuentran, por infortunio, en mi situación.

Si llegan a leer este mensaje, que estoy escribiendo en una hoja de papel (que ahora pongo dentro de un libro titulado «Los horrores de la mente», de Richard S. Cornwell), es porque ellos lograron capturarme…

No puede ser, son reales…

Rompen la ventana…

Se ríen, se mofan…

Aquí vienen…

Son muchos…

Demasiados…

Infinitos clips

 


Carlos Enrique Saldívar (Lima, 1982). Director de la revista Argonautas y del fanzine El Horla; miembro del comité editorial del fanzine Agujero Negro, publicaciones dedicadas a la literatura fantástica. Director de la revista Minúsculo al Cubo, dedicada a la ficción brevísima. Finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. Finalista del Concurso Guka 2017. Publicó el relato El otro engendro (2012). Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008, 2018), Horizontes de fantasía (2010) y El otro engendro y algunos cuentos oscuros (2019). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016), Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017, 2018) y Muestra de literatura peruana (2018).

 


Foto portada tomada de: https://www.pxfuel.com/es/free-photo-jrtiv

 

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