Ruta hacia el destino | Carlos Enrique Saldívar

Por Carlos Enrique Saldívar

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Perú)

 

El enano seguía una senda abrupta, rocosa, dificilísima. No obstante, no podía, no deseaba detenerse, quería llegar a su meta cuanto antes.

Su vida había sido una suma de crueldades, de burlas, de maltratos. Los hombres altos lo habían pateado y echado a un lado desde que fuera un niño. Primero lo hicieron sus padres, quienes lo abandonaron, los que le enseñaron la vía del sufrimiento.

No solo era pequeño de estatura, también era deformado de cuerpo y de rostro.

Muchos de los que lo veían en las calles pidiendo limosna le hacían muecas de asco.

A veces, algunos muchachos y muchachas muy jóvenes le escupían y lo golpeaban en la cabeza con sus mochilas de colegio. También pasaba que le dejaban cucarachas en su lata en lugar de monedas y mensajes que decían: «muérete de una vez, diminuto bastardo».

Sin embargo, no se doblegaba. A menudo pasaba hambre, pero sus ganas de subsistir eran muy grandes.

Siguió adelante un par de décadas, hasta que lo botaron del pequeño rincón que ocupaba bajo un puente y acabó en la orilla del río donde alguna vez pensó en sumergirse y nadar hasta la inconsciencia. Fue allí donde encontró la botella con el papel dentro: un mapa. Una ruta que lo conduciría a un extraño país habitado por seres sin nombre, los cuales, por los dibujos en la hoja, lucían similares a él.

Trabajó un par de años más, la suerte parecía ya sonreírle cuando llegó el circo. Aunque no le pagaban mucho, pudo ahorrar para emprender el viaje con lo justo, con lo que llevaba puesto, con víveres y mucha fuerza para alcanzar su fin.

Tras pasar por bosques, mares y montañas, descendió por las laderas de un abismo; llegó a la tierra definitiva, aquella donde hallaría la paz, la aceptación.

Surge la noche y se alumbra con la linterna, ya ni los animales hacen ruido por allí, salvo algún insecto. Es un lugar muy oscuro, donde apenas emergen gotas de agua del subsuelo, hay una conexión de cavernas que se hunden cada vez más como las entrañas de un gusano.

El enano ya no tiene nada consigo, ni para comer ni beber, ni zapatos; sus ropas están hecha jirones. Es ubicar a esa misteriosa gente o fallecer.

Se le acaba la pila a la linterna.

Sombras totales.

Escucha los murmullos. Las voces.

Le dan la mano.

El pequeño pueblo lo acoge como uno de los suyos.

 

 


Carlos Enrique Saldívar (Lima, 1982). Director de la revista Argonautas y del fanzine El Horla; miembro del comité editorial del fanzine Agujero Negro, publicaciones dedicadas a la literatura fantástica. Director de la revista Minúsculo al Cubo, dedicada a la ficción brevísima. Finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. Finalista del Concurso Guka 2017. Publicó el relato El otro engendro (2012). Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008, 2018), Horizontes de fantasía (2010) y El otro engendro y algunos cuentos oscuros (2019). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016), Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017, 2018) y Muestra de literatura peruana (2018).

 


Foto portada tomada de: https://www.pexels.com/es-es/foto/adentro-adulto-arte-cable-2693537/

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