Jugando con el duende | Álex Junior Chang Llerena

Por Álex Junior Chang Llerena

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Perú)

 

Es raro, me levanté muy temprano. Eran las 4 de la mañana. Regularmente me levanto a las 10, a veces a las 11; al parecer por un presentimiento. Es como si mi corazón atravesara mi pecho.

Mis hijos estaban echados, muy felices con sus osos de felpa. Mi esposa dormía serena con su almohada; sus rosas de ensueño sabor a caramelo endulzaban su reposo profundo. Unos pasos se escucharon por la cocina. Tal vez mi hijo Santos fue a tomar un vaso de leche.

A los minutos escucho ruidos silbantes y torturadores para mis oídos como si fueran golpes de martillos en mi cabeza. Temeroso, me acerco a la cocina; con mi estrepitoso cuerpo tembloroso y miedoso. Al pisar la cocina; un ser mítico cuyo rostro de nariz respingada, ojos achinados, boca ancha y bigotes largos ondulados en punta, un cuerpo delgado, aspecto de niño, calzaba zapatos de charol, medias largas y una casaca verde. Este ser de cuerpo y halo verde que flameaba fuego en todo su cuerpo. Estaba volviéndome loco. Se acercó agresivamente a mi rostro y me dijo:

—Eres víctima de mis deseos. Bienvenido a tus peores miedos. Tus deseos más ruines dan vida a este mágico ser. Muchos me llaman el duende mágico. Te gustaría jugar conmigo.

Atónito Yo respondo:

—No existes para mí, no eres real. No puedo jugar contigo. Vete hijo del diablo.

—Bienvenido al juego. Cuidado con las reglas y las trampas soy un duende repugnante. Nadie puede escapar de este juego. ¡Jajajajajajaaaaaaa…!

Terminado esta conversación. Emprendo mi camino al plan que en mi cabeza construía. Ese plan consiste en sobornar a este duende hasta conseguir matarlo.

Seguí los juegos del duende. Y en eso le ofrezco algunas joyas. Sorprendido acepta mi oferta. A cambio, me ofrece ser mi sirviente. Todos los días me limpiaba la casa, cocinaba, realizaba lavados; entre otras actividades caseras. Era divertido tenerlo como un esclavo dentro de casa. Y lo bueno que nadie sabía de su existencia, más que Yo.

Aburrido de tener un esclavo, mi retorcida mente ejecuta otra idea. En la noche que servía los tragos y preparaba la cena; en ese momento preparo una bolsa, un cuchillo, agua caliente y unas medias sudadas. Todo esto lo utilizaría para atrapar al duende. Para ello necesitaba distraer al duende y capturarlo a espaldas.

Muy hábil este duende, descubre y esquiva mis intenciones; golpea mis piernas y me escupe una saliva directo a mi rostro. Luego me maldice diciendo: “Eres maldito por siempre”, “Te serviré de por vida”, “Nunca moriré”.

Pasaron muchos años de ese incidente. La fortuna y la fama llegó a mi vida. Nunca creí que mi vida mejoraría después de tratar de aniquilar al duende y que se escapará. Al parecer la maldición desapareció. Tal vez fue una mentira. Un susto de mal gusto. Es como una pistola sin balas, para burlar el acto del disparo. La avaricia pudre mis más limpios sentimientos. Olvido a mi familia, amigos y mi alma transparente. La codicia de tener más dinero, fama y poder me lleva a un abismo sin salida.

A los pocos años postulo a la presidencia del Perú, con una campaña multimillonaria financiada por muchas empresas que apoyaron mi campaña sucia. A los dos meses soy elegido presidente de la república. Es chistoso burlarse de millones de peruanos. Ya en este cargo me llueven muchos negocios ilícitos, coimas y más “cariños” de los empresarios. Sin notarlo he visto la presencia del duende en una forma escondida: la avaricia.

Todas mis fechorías fueron descubiertas. La justicia me investiga luego soy sentenciado culpable y llevado a la cárcel. En mi fétido habitad; escucho voces que torturan mi mente. Todos en la cárcel me tildan de loco. Pues nadie escucha nada. Nadie ve a los duendes.

Tras tres meses de encerrado en la cárcel ocurre un incendio. Al parecer explotó la cocina del comedor. Sospechoso, pues yo había visto a estos duendes correr por la cocina. Nadie me tomaba en cuenta. Termino calcinado y mis cenizas sopladas por el viento. Muchos testigos murmuran más no afirman nada por miedo a las represalias. Es posible que escucharan las voces. Tal vez por pavor nunca dijeron nada mis colegas en la cárcel.

 


Alex Junior Chang Llerena (Perú, 1996). Estudia Medicina Veterinaria y Zootecnia en la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Persona inclusiva con discapacidad de autismo y fibromialgia. Escritor joven, poeta. Ha publicado el poemario Entropía (2019). Colabora con revistas peruanas e internacionales.

 


Foto portada tomada de: https://www.pexels.com/es-es/foto/5-bar-barra-carcel-1010973/

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