Desasosiego | María de Lourdes Heredia

Por María de Lourdes Heredia

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

—¡Ayuda, por favor, auxilio!

Son las palabras que resuenan en la calle. Una voz tenue se pronuncia desde la ventana de un departamento.

—No puedo salir. ¡Ayuda! Que le llame dijo al 0-9-9-2-4-5-4-7-2-5.

Nadie la escucha, la calle está vacía y su voz resuena en el eco del silencio.

—2-4-5-4-7-2-5, señorita llame por favor. ¡Ayuda!

Los curiosos empiezan a acercarse, alguien llama al número y nadie contesta. Otros caminan como si no escucharan los gritos desesperados de la mujer.

Un señor intenta preguntar qué pasa, pero ella solo repite:

—0-9-9-2-4-5-4-7-2-5.

Unos jóvenes tratan de aproximarse, ella está peligrosamente asomada desde la ventana del tercer piso.

—¡Cuidado señora! Ya llamé, dice que ya viene, pero su voz se pierde entre los números que recita la mujer.

Algún buen samaritano ha llamado a la policía. Dos hombres uniformados se acercan al departamento. No pueden ingresar, tratan de abrir la puerta, de que algún vecino abra, pero no hay nadie en el edificio. Son las 9 a.m. y todos han salido a trabajar.

Buscan al conserje, no lo encuentran. Deciden saltar la puerta metálica que separa la calle de la entrada del edificio. Aparece el conserje, abre la puerta. No pueden ingresar al departamento. La mujer sigue asomada a la ventana. Un policía intenta calmarla mientras el otro busca la manera de ingresar, alguna forma de subir.

—La señora Cristina ya viene, le grita alguien desde la vereda, pero es mentira nadie ha contestado.

Las lágrimas ruedan por las mejillas de la mujer.

—No puedo salir. ¡Ayuda! Repite una y otra vez.

Las personas juzgan

—¿Quién será la familia de esa mujer? ¿Por qué la encerraron?

—Malvados, ojalá les hagan lo mismo cuando envejezcan.

No hay forma de entrar, la policía llama a los bomberos quienes deben ingresar por la ventana de la sala, usando su escalera de incendios.

La mujer se asusta y grita:

—No me hagan daño por favor, alguien llame al 0-9-9-2-4-5-4-7-2-5.

No pueden abrir la puerta, así que la acuestan en una camilla para bajarla por la ventana. Su ropa está bien planchada, su falda hasta las rodillas, su saco de lana rosa, unos collares y su bolso negro. Se ha pintado los labios de rojo carmesí como cuando solía salir a pasear por el centro de Quito.

El bombero empieza a tararear una canción y ella se tranquiliza, ya no lucha ni grita, solo llora en silencio mientras desciende por la ventana.

Mientras es llevada al hospital, se duerme en el auto de bomberos. En su bolso lleva su cedula y han logrado contactar a su familia.

Se despierta tranquila, conversa con los bomberos y las enfermeras. Tiene buen ánimo y no recuerda el episodio anterior. Tiene hambre, de su bolso saca una manzana y come feliz rodeada de toda esa gente preocupada por ella, que le prestan atención a cada instante y que no dejan que se incomode ni por el más mínimo detalle.

Su hijo ha llegado a recogerla, está pálido, lloroso, tiene ojeras y está mal afeitado. Las miradas lo siguen, se escuchan cuchicheos mientras camina y cuando llega su madre no lo reconoce, no se quiere ir con él. Ahí ha hecho nuevos amigos y no desea marcharse con un desconocido.

Sin embargo, está en un hospital y llega una ambulancia. Un herido grave necesita que las enfermeras y los doctores corran a su auxilio. Se escucha la sirena, los gritos, los pitidos de las máquinas y ella se asusta, no reconoce a nadie, sus ojos se llenan de lágrimas y cierra los ojos. En ese instante lo ve, su hijo, los mismos ojos brillantes y curiosos, el cabello rizado. Ella se aferra a su brazo porque sabe que ahí estará segura.

El enojo que sentía por la vergüenza, por el reproche, por el juicio que caía sobre él, se han marchado. Sabe que por unos minutos su madre ha vuelto a ser ella misma y que el Alzheimer no se la va a arrebatar hasta llegar a casa.

 


María de Lourdes Heredia. Quiteña nacida en 1993. Administradora hotelera, amante de los libros, la poesía y la música. Escritora novel y lectora entusiasta. Co propietaria del emprendimiento Bookish para amantes de los libros.

 


Foto tomada de: https://www.pexels.com/es-es/foto/abuela-adentro-adulto-anciano-2269726/

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