Cuando un texto fluye | Leonardo Wild

Por Leonardo Wild

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Uno de los aspectos más críticos de un texto es su capacidad de llevarnos de principio a fin sin que tropecemos. El tema puede ser sumamente interesante. Las ideas pueden haber sido descritas magistralmente. Pero si el texto no fluye, es difícil que un lector no se deje distraer por lo que le rodea y pierda interés en lo leído.

Captando el interés

En una época en la que la televisión se ha convertido en el principal medio de entretenimiento, cualquier material escrito que no posea la cualidad innata de llamar la atención está destinado a perder la batalla.

Por eso el inicio de cualquier panfleto, artículo, ensayo, cuento o novela debe agarrar al lector por las solapas y evitar que mire a otro lado.

Es lo que se hace en el cine. Si no ha ocurrido algo crítico, si no se presenta algún tipo de crisis o conflicto en los primeros tres minutos de la película, esta tiene poco chance de interesar al vidente.

En la televisión ocurre lo mismo secundado por una serie de trucos de cámara que fuerzan a los ojos a mantenerse atentos a cualquier eventualidad, trucos que en lo escrito no son posibles de realizar, aunque sí es factible recrearlos utilizando el potencial de la propia mente del lector.

La época en la que las novelas podían darse el lujo de introducir a los personajes, a describir el ambiente en las primeras cincuenta páginas para recién entonces presentar el conflicto ha quedado atrás. En los Estados Unidos, por ejemplo, los editores confiesan que, si una novela no les llega a interesar en las primeras dos páginas, la dejan de lado y cogen otra de la pila.

Esto es triste, pues incentiva la proliferación de textos destinados simplemente a entretener, erradica la cualidad característica de un libro de permitirnos cavilar. Esto ha hecho que los libros y cuentos se conviertan cada vez más en algo afín a las comidas rápidas, apenas dándonos tiempo a masticar y engullir.

Pero, por lo menos algo se ha aprendido de todo esto, y es el arte de introducir en la literatura un lubricante para que los ojos se desparramen página abajo con la mínima fricción.

La inteligencia se detiene ante lo incongruente

Cuando una palabra sigue a otra crea un vínculo. Este vínculo es subconsciente, toma su estructura de entre las reglas gramaticales, de puntuación, de ortografía, de estilo, y estas a su vez han sido creadas de acuerdo a una realidad proveniente del lenguaje hablado, de las entonaciones, de los énfasis, de las estructuras de pensamiento recurrentes en una sociedad y cultura.

Existe una lógica en el seguimiento de las ideas. Esta lógica debe estar presente en el idioma.

“No claro un casco ya avísame considerarlo dos negativo igual que asilo una cabeza va con.”

La anterior frase carece de lógica a pesar de que las palabras están ortográficamente correctas y todas aparecen en castellano. La mente tal vez logró sacar un sentido de algunos pedazos que podrían ir juntos “igual que” “un casco” “va con” “una cabeza”.

Pero el mero hecho de que todas formaban una aparente oración hace trastabillar. Tal vez algunos la leyeron más de una vez pues de repente el cerebro, que no estaba preparado, clamó volver atrás pues cuando el mundo deja de tener sentido o cuando se rompen ciertas reglas del entorno es natural querer otorgar un sentido a lo que no lo tiene. Es parte de nuestra inteligencia.

Los puentes de la lógica

El truco para evitar estos lapsus es simplemente crear unas transiciones lógicas de una palabra a la otra, de un párrafo al otro, de una idea a la otra. Cuando se introduce una nueva idea, o un párrafo tiene poco o nada que ver con el párrafo anterior, lo más común es recoger elementos del párrafo anterior, palabras similares, en el mismo o en otro sentido, y la mente se encarga de crear un puente.

Los puentes están compuestos de palabras como “pero”, “y”, “cuando”, “esto”, “por ejemplo”, “que”, etc., las cuales, al ser utilizadas correctamente, tienen la cualidad de aceitar las diferentes piezas de manera que no se den los rozamientos de lógica.

Cerrando el círculo

Parte de la lógica es lo que se conoce como “cerrar el círculo”. Cuando se completa una idea el sentimiento deber llevar al lector a sentir que ningún cabo queda suelto, que todos los elementos presentados al principio fueron discutidos.

Esto se logra recurriendo otra vez al truco de repetir ciertas palabras o frases recogidas del principio, como ocurre en este artículo que intenta presentar algunos de los aspectos más críticos de un texto que quiere llevar al lector de principio a fin sin que tropiece en el camino y sin que se sienta como que al final han quedado algunos cabos sueltos.

 


Leonardo Wild. Escritor ecuatoriano-norteamericano. Estudió en Lord Fairfax y Nova College, Virginia. Escribe ciencia ficción desde 1996. La primera fue escrita en alemán, Unemotion (1996) la cual fue recientemente publicada en español bajo el título de Yo artificial (2014). Entre sus obras se tiene: Oro en la selva (1996); el ensayo: Ecología al rojo vivo (1997); Orquídea negra o el factor vida (1999); Cotopaxi, alerta roja (2006). Más recientemente ha publicado una reedición de su novela El caso de los muertos de risa (2019).

 


Tomado de: https://www.pexels.com/es-es/foto/auriculares-blanco-escritorio-fondo-de-pantalla-4k-1420709/

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