María Magdalena | Máximo Ortega

Por Máximo Ortega

 

Me conseguí un trabajo de guardia en un night club. El sitio tenía cierto prestigio, de ahí que lo primero que me advirtieron, para mantenerme allá, era que no podía ni siquiera mirar a las chicas que, dicho sea de paso, eran hermosas. Ellas me tenían todo el tiempo baboseando, en especial una linda chica de ojos negros intensos que me impresionó. La verdad, tenía material pornográfico en tres dimensiones, gratuito. Mi jefe, un puto de cabeza y tórax grandes, que no guardaban proporción con sus piernas delgadas, digamos que se portaba bien conmigo. Pero por encima de él estaba un tipo con pinta de mafioso, que vestía terno oscuro y sombrero blanco, y que llegaba en un BMW con vidrios polarizados solo los viernes a la medianoche. Este inspeccionaba el local un rato y se largaba. Cuando me cruzaba con él le saludaba con esmero; quería hacerme su amigo con la idea de ver si me daba chance de ser su guardaespaldas, o algo así, y tener plata; pero el hijo de perra nunca me paró bola. Me adapté a su indiferencia. Me acostumbré también a ver desfilar a unos cuantos políticos y funcionarios de gobierno que frecuentaban el local. Tipos que llegaban en unos carrazos a quienes les hacía cualquier favor relacionado con las chicas, la cocaína o las tarjetas de crédito, me daban buenas propinas. Me hice amigo del guardaespaldas de un concejal, más que nada para que me invitara a fumar marihuana. Cuando le iba a visitar a su casa, en las afueras de la ciudad, me prestaba su moto de marca china para que me paseara. Con los auriculares puestos, escuchaba mi música preferida, me imaginaba estar en una Harley del año recorriendo una autopista, acompañado de unos cuantos ruteros, de esos barbudos que usan chompa de cuero y botas.

Así pasaba en el night club. Me resigné a trabajar como guardia, al fin y al cabo, tenía treinta años y era soltero. Además, ese ambiente nocturno me gustaba. Pero fue un desagradable incidente el que me dio una buena idea, que me motivó a abandonar ese antro. Me habría quedado de largo si no hubiera sido porque un día observé un acto de violencia en contra de la chica de ojos negros intensos por parte de mi jefe, quien, a propósito, andaba todo el tiempo con las mangas de la camisa arremangadas: le gustaba exhibir en sus antebrazos unos tatuajes satánicos. En efecto, fui testigo de la golpiza que el cabrón le dio a esa chica, debido a que un amigo guardia del night club, me traicionó, había ido con el chisme a mi jefe de que ella estaba por retirarse del negocio. Al miserable de mi jefe, proxeneta hijo de perra, me daba ganas de pegarle con un bate de béisbol que estaba arrimado por ahí, pero me contuve, de seguro, tarde o temprano, me habría mandado a matar.

Dos días después, decidí retirarme de aquel lugar. Le mentí a mi jefe que mi santa madre estaba mal de salud, que yo era el único que podía cuidarla. Pero antes de largarme, le di una buena paliza a mi compañero guardia, miserable traidor, y también, valiéndome de un nombre falso, hice una llamada telefónica a la policía para denunciar que en el night club trabajaban menores de edad. Solo días después pude conocer la felicidad con ella. Meses más tarde, ya tenía mi propio negocio: El templo.

 

 


Máximo Ortega Vintimilla: Especialista en Criminología, Universidad Complutense de Madrid; Master en Derecho Penal, Universidad Andina Simón Bolívar; doctor y abogado U. Católica Cuenca. Actualmente es Juez Penal en la Unidad Judicial de Iñaquito de Quito y Conferencista. Obras publicadas: Derecho: “La criminalidad económica”, Edit. Fondo de Cultura Ecuatoriana, Cuenca, 2000; La calumnia y las expresiones en descredito y deshonra perpetrados por medios digitales: Facebook, Watts App y más”, Edit. ONI y Editorial Jurídica del Ecuador, 2018 (2 ediciones). Literatura: “La Poesía es algo más que un sueño”: Edit. América, Azogues, 1990. “El arco iris del tiempo”: Novela, Edit. Huerga y Fierro, Madrid-España, 1996, 1ra. edición; Edit. El Conejo, Quito, 2da. edición, 2010; “Vibraciones en Verde”: Poemas; “El hombre que pintaba mariposas muertas”. Cuentos, “Gigantescos elefantes dormidos”, Novela, Edit. El Conejo, Quito, 2007.

 


Foto tomada de: https://www.pexels.com/es-es/foto/cama-colores-comodidad-desgaste-1497232/

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