“Manson: la historia real” de Tom O’Neill | Fabricio Guerra

Por Fabricio Guerra

 

Charles Manson fue, sigue siendo, la metáfora del mal, el criminal más famoso y mediático de Norteamérica, el hombre que de manera abrupta marcó el final de la utopía hippie de la paz y el amor. En agosto de 1969 varios integrantes de La Familia, comuna formada y manejada por Manson, cometieron una serie de brutales homicidios en los elegantes suburbios de Los Ángeles.

Según Vincent Bugliosi, fiscal a cargo del caso, el móvil de los crímenes fue que Charles interpretó en clave apocalíptica una canción de Los Beatles y preparó los asesinatos con el objetivo de echarle la culpa al grupo antirracista Panteras Negras, lo que debía desatar una guerra racial en la que los blancos perecerían, excepto el trastornado Manson y los suyos, quienes se esconderían en el desierto para luego retornar a someter a los negros.

Tan singular móvil, aceptado unánimemente y sin beneficio de inventario, es cuestionado de forma contundente por Tom O’Neill a través de una exhaustiva investigación que le tomó más de una década, exhumando mohosos archivos judiciales, hablando con avejentados policías y hasta encarando al propio Bugliosi. Con la fijación de un obseso, O’Neill disecciona los hechos, concluyendo que el móvil de la guerra étnica no cuadra, y que Manson bien pudo haber obedecido a otros oscuros intereses.

El autor afirma que meses antes de los fatídicos sucesos, Charles violó varias veces la libertad condicional, a la que se acogía por delitos previos, sin que el aparato judicial se inmutara. Así mismo, varios miembros de La Familia que infringieron la ley recibieron tratos preferenciales, detalles que, según O’Neill, apuntan a que Manson gozaba de protección, quizás por ser parte de alguna conspiración al más alto nivel dentro de las políticas macartistas que se pretendían imponer en ese tiempo.

La California de los años sesenta fue cuna de una contracultura que glorificaba las drogas, desafiaba al sistema imperante y condenaba la guerra de Vietnam, constituyéndose a la vez en caldo de cultivo para el avance de las ideas de izquierda, que representaban una amenaza para los estadounidenses más reaccionarios. Los servicios de inteligencia trabajaban en la sombra para desactivar tales posturas, y en ese sentido emerge la inevitable pregunta: ¿Fue Manson un colaborador, un informante o incluso un agente de las fuerzas del orden?

La intención de controlar la conducta humana fue un anhelo incesante durante la época de la Guerra Fría, y la CIA no escatimó esfuerzos para indagar en el tema. Durante el relato, en el entorno de Charles, surgen misteriosos psiquiatras desarrollando experimentos de control mental mediante LSD. ¿Es casual que nuestro hombre controlara la mente de sus seguidores hasta el punto de inducirlos a matar?

A estas alturas es poco probable saber en realidad si Charles Manson fue la encarnación del mal, como siempre se lo pintó, o apenas un pobre diablo, una suerte de rata de laboratorio manipulada al antojo del poder de turno. Pero aún cuando todo lo que se diga y escriba al respecto resulte conjetural, el libro de Tom O’Neill se lee con agilidad trepidante, contribuyendo de paso a incrementar la leyenda negra del personaje, cuya historia admitámoslo, perturba y fascina por igual.

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