Fantasmas | Sandra Beltrán

Por Sandra Beltrán

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde México)

 

Mamá siempre ha tenido la habilidad de ver fantasmas. Ella dice que no les teme y yo le creo. A veces habla con ellos, les ofrece café y galletas para la merienda porque considera que sería una grosería no hacerlo si es la única persona viva que puede tener una atención con ellos.

Dice que muchos se quedan porque tienen algo pendiente que decirle a alguien, les ayuda si ellos así lo desean, pero no lo hace como en los programas de televisión en los que un médium va con la familia del difunto, hace toda una exposición de sus habilidades y al final logra pasar el recado, no, esa fanfarronería no le va. Mamá es muy sutil para no asustar a los vivos. Ella le hace preguntas al fallecido y toma notas, para encontrar la mejor manera de que el mensaje llegue a la persona indicada. A veces solo se necesita una caja de galletas olvidada en un rincón, con una nota pequeñita, en la que se habla de amor incondicional.

Las cucarachas son buenas asistentes, escuchan con atención y son tercas, obstinadas como ellas solas pueden ser. Una cucaracha nunca deja una tarea sin terminar, si está en peligro de muerte antes de completar el encargo, con sus antenas se comunica con las demás y deja instrucciones antes de que el zapato o el insecticida termine con su vida.

Mamá sabe que ni siquiera tiene que recompensarlas. Se conforman con que no las pise mientras camina por el patio, saben que si rompen el trato de no entrar a la casa el fumigador hará una visita y no tendrá piedad de ellas.

Cuando mamá deja de ver al difunto en la casa, sabe que el mensaje fue entregado. A veces tarda un poco en que eso suceda, pero ella pide al remitente que sea paciente, que su método es infalible y de satisfacción garantizada. Muchos no tienen su paciencia, en ocasiones le agrian la comida o mueven las cosas de lugar, pero ella solo sonríe y vuelve a pedirles que esperen, tratando de convencerlos de que todas las cosas que son importantes tardan un poco más en llegar. Al final, casi todos se van.

Una vez, mientras tomábamos café y galletas, le pregunté cómo fue que desarrolló su metodología. Ella se rio de la pregunta.

—Francamente, no lo sé. Las cosas se fueron dando.

Es la clase de respuesta que yo esperaba de ella, pero luego siguió.

—Los sentimientos de los muertos son tan importantes como los de los vivos, nada más que muy pocos los podemos escuchar. Son muy vulnerables, se debe tener mucho cuidado con no herirlos, creo que esa es la clave.

Le pregunté si alguien de la familia también tenía el don. Ella se encogió de hombros.

—Nunca nadie me dijo que pudiera verlos, creo que, si ése es el caso, soy la única que se lo ha dicho a alguien.

Le dije que no contaba si solo se lo decía a los muertos. Ella sonrió.

—Pero tú aún no mueres para mí.

 

 


Sandra Beltrán (Monterrey, 1991). Es una autora novel que reside en su ciudad natal y es graduada de la Licenciatura en Negocios Internacionales del Tecnológico de Monterrey, en donde participó de la primera edición del equipo Borregos Literarios. Aunque pausó por muchos años la escritura y actualmente trabaja como production planner en una empresa automotriz, ha continuado con la elaboración de su primera antología de cuentos que se publicará a inicios del 2020.

 


Foto portada: https://pixabay.com/es/photos/fantasmas-gespenter-spooky-horror-572038/

 

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