El maniquí | Mariana Falconí Samaniego

Por Mariana Falconí Samaniego

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Parecían personas, aquellas figuras guardadas en el desván de la vieja casa donde transcurrió mi niñez y adolescencia.

Solía subir por las desvencijadas gradas y atisbar a través de la rendija de la puerta.

No me atrevía a más, estaban allí desde que tenía uso de razón.

Parecían hombres de carne y hueso, vestidos de la cintura para arriba, con camisa de cuello almidonado, levita de buen corte, ojos negros brillantes y espeso bigote.

Solamente al mirar hacía abajo y ver la armazón de madera que los sostenía, uno se daba cuenta que eran muñecos.

Un día, movida por la curiosidad pregunté a mamá de quien eran esos tres muñecos grandes que siempre estaban en el desván.

—Son maniquíes —me dijo—. Sirven para exhibir ropa y son de tu padre, de cuando tenía la sastrería.

Dejé entonces de tenerles miedo y cada vez que era posible subía al desván, empujaba la puerta silenciosamente y pasaba horas de horas contemplándolos y tocándolos.

Había uno que especialmente me gustaba. Tenía la cara de Alberto Vásquez, creo que entonces me enamoré de él, fue en realidad mi primer amor.

Apenas regresaba de la escuela, con la cabeza llena de fantasías como nos ocurre cuando tenemos diez años, subía al desván y ya no solamente me limitaba a mirar el maniquí que me gustaba, también le hablaba contándole todo lo que había hecho durante el día, mientras lo abrazaba sintiéndome la heroína de aquella historia de amor.

Esta costumbre se convirtió en obsesión que comenzaba a ser notada en la escuela y en mi casa.

Las compañeras empezaron a embromarme. ¡María está enamorada! … ¡.…morada …morada, …ja, …ja, …jaaaa!

Cómo las aborrecía a las muy tontas. Ellas no tenían el dulce secreto que yo guardaba para mí.

Pero en casa también empezaron a darse cuenta de mi obsesión.

—No sé que le ocurre a María —comentaba mamá con la abuela—. Se pasa horas encerrada en el desván dizque estudiando; claro que saca buenas notas, pero es raro que le guste ese lugar lleno de telarañas y polvo.

Y fue precisamente la abuela quién me descubrió una tarde que febrilmente abrazaba a mi amado inmóvil, me quedé fría cuando me di cuenta de que me observaba con sus ojos verdosos, no dijo nada, dio media vuelta y se fue.

Aquella noche no pude dormir pensando qué castigo estaría tramando junto con mi madre.

Al día siguiente al volver de la escuela conocí la respuesta.

¡El desván había sido vaciado! ¡Los maniquíes no estaban!… ¡Mi amado había desaparecido!

¡¡¡¡Desde entonces empecé a odiar a la abuela!!!!

 

 


Mariana Falconí Samaniego, escritora ecuatoriana, es autora de nueve libros de poesía y más de veinte obras narrativas de cuento y leyendas juveniles e infantiles. Ha participado en diversos encuentros literarios nacionales e internacionales. (Fuente: Casa de la Cultura Ecuatoriana: http://www.casadelacultura.gob.ec/?ar_id=11&no_id=2911&palabrasclaves=Islas%20Encantadas,%20libros&title=Mariana%20Falcon%ED%20presentar%E1%20dos%20obras%20literarias)

 


Foto portada: https://pixabay.com/es/photos/maniqu%C3%AD-la-moda-mu%C3%B1eca-decoraci%C3%B3n-1305455/

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s