Colonias | Daniel Verón

Por Daniel Verón

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Argentina)

 

Hay un hecho muy importante que el hombre solar vivió por primera vez en las Nubes de Magallanes: Aquí no había ningún competidor, ninguna civilización importante, nada que representara un enemigo potencial, así que aquí existía uno oportunidad, tal vez única, de extender el poderío de la Federación. Por entonces, la misma era liderada por Aloha Christensen, una mujer que representaba a diversas sociedades por ser una “cruza” de altairenses con arturenses. Sus viajes la habían llevado de un lado a otro de la Vía Láctea y estaba permanentemente al tanto de cómo iban prosperando las colonias extragalácticas. Fue ella misma quien encomendó al almirante Rendía Lamister que se ocupara de consolidar todo lo iniciado por Gedeón Solar y que ahora seguían sus oficiales.

Antes ya hemos visto que el verdadero trabajo de Lamister era más parecido al de un supervisor de las florecientes colonias. Los que realmente se encargaban de decidir qué mundo próximo colonizar, eran los kosmokratores Rhesis, Sorzyn y Smeith. Cada uno de ellos contaba con muchas naves y numeroso personal. Todo era cuestión de explorar cada región y seleccionar los planetas que parecían más apropiados. No es que en las Nubes hubiera muchos mundos terrestres, al contrario; pero existían algunos planetas más o menos jóvenes con esas características y también muchos más habitables, pero, de condiciones diferentes. En su gran mayoría se trataba de mundos de gran tamaño (superterrestres), en sistemas planetarios que contaban con unos pocos miembros. De todos modos, en las Nubes se dio, por primera vez, el caso de hallar planetas con atmósferas de oxígeno, pero, con extrañas geofísicas, más parecidas a Venus o algunos mundos de Alfa Centauro. Se trataba, además, de superficies que no recibían luz solar alguna, no obstante, lo cual, la misma atmósfera poseía cierta luminosidad semejante a las auroras, para diversas criaturas que los poblaban.

Zenna Rhesis y sus dirigidos establecieron tres grandes destacamentos-colonias en la Nube Menor. Uno de ellos era, por supuesto, Cielo-1. verdadera base central en aquella minigalaxia. Aquel fue un mundo que prosperó rápidamente y que, en solo 10 años desde la llegada de los conquistadores, llegó a contar con una población estable de casi 5.000 personas, que vivían perfectamente en condiciones naturales y con todos los recursos necesarios. Otro lugar de gran importancia fue Thor-4, el cual, Zenna decidió consagrarlo, principalmente, a la investigación científica. Así que todo dato, toda información de interés sobre aquellas regiones, se concentraba allí; por lo tanto, fue el lugar adonde se establecieron algunos de los principales científicos de aquel grupo. El tercer lugar fue Moren-6. especie de gran puesto estratégico en uno de los bordes de la Nube Menor, adonde se canalizaban principalmente las comunicaciones. Esto incluía el contacto permanente con los destacamentos de la Nube Mayor, los de Andrómeda y los principales centros de la Federación en la Vía Láctea. Por esta misma causa, sirvió, en muchos casos, como centro de recepción de muchos visitantes que llegaban a ese lugar del Cosmos.

Generalmente, las dotaciones que se establecían para poblar un mundo se quedaban en él por muchos años; no así el personal científico que simplemente pasaban temporadas en forma sucesivas, en diferentes mundos. Todo se hacía en forma muy ordenada. Por otro lado, estaba el trabajo de los exploradores propiamente dicho; ellos sí tenían la posibilidad de ver continuamente un paisaje distinto ante sus ojos. Eran los pioneros, pero también eran los que no se quedaban en un lugar fijo. Una vez que cierto mundo era más o menos bien conocido, partían de allí con rumbo a otro horizonte nuevo. Recién después llegaban los demás, si es que se trataba de un lugar apto para el hombre.

Diferente es lo hecho por Kevin Sorzyn. Este gran comandante, inicialmente apuntó más a la cantidad y así fue que, en solo 5 años, colonizó más de una docena de mundos, todos con una población similar y un estatus similar, utilizando Rockland-5 para residir él, personalmente. Sin embargo, después las cosas siguieron de otro modo. Luego de cierta rivalidad con Zenna, Sorzyn cambió todos sus planes en la Nube Menor, cuando el Comando Espacial de la Federación lo llamó para enviarlo a un nuevo destino: Andrómeda. Esto sucedió luego que Gedeón Solar abandonara la Flota. Ahora, en Andrómeda, hacía falta un líder fuerte para conducir el destino de las diferentes colonias y Sorzyn fue el elegido. Entonces, dentro de la Nube Menor su trabajo fue continuado por Tarek Majens, uno de sus principales oficiales. Este nunca entró en conflicto con Zenna y luego de algunos años, la Federación aceptó que Zenna fuese la Suprema en la Nube Menor. Para entonces ya se habían establecido firmemente docenas de colonias por doquier y su autoridad era indiscutida en todas partes. Con el tiempo, la figura de Zenna adquirió dimensiones casi mitológicas, siendo reverenciada, prácticamente, como una reina, cada vez que visitaba algunos de los planetas donde el hombre solar se había establecido.

Schefin Eyless fue el comandante que, desde Tau-9, completó la exploración de la Nube Menor. Entró en contacto con diversas formas de vida y, aunque fundó muchas colonias, las principales eran siete. En todos los casos, la prioridad era poblar estas nuevas tierras, así que el nivel de vida alcanzado fue sumamente importante. Sin embargo, Eyless tampoco quedó mucho tiempo en la Nube Menor, y de allí pasó a la Mayor, para colaborar con Smeith en la conquista. El talento demostrado por Eyless hizo que se convirtiera en el primero que llevaba a cabo una conquista metódica en ambas minigalaxias. De este modo también quedó comprobado que ambas no tenían grandes diferencias entre sí. Tal vez las únicas diferencias significativas eran, que la Menor era algo más antigua que la Mayor, y esto determinaba que sus soles y planetas fuesen también algo más antiguos, con todo lo que eso podía representar para un estudio más detallado a nivel astrofísico.

En la Nube Mayor, como ya se ha dicho, desde un principio fue Rugger Smeith quien quedó como kosmokrator. Por tamaño y por la juventud de los planetas, se erigieron allí, finalmente, más establecimientos que en la Menor, hallándose también con algunas formas de vida sumamente antiguas. Algunos de los más importantes, eran ciertos seres parecidos a plantas, que veían al hombre más bien como una rareza, sin que pudieran comprender el por qué de sus actos. Pero hay que insistir con lo dicho al comienzo: En las Nubes, ninguna raza podía equipararse al modelo humano.

Los federales conquistaban de acuerdo a ciertos modelos aplicados, principalmente, por Gedeón Solar. Esto es: se creaban territorios o “reservaciones” para el uso humano, con una incidencia mínima en el medio ambiente de cada mundo. El hombre solar no necesitaba los recursos naturales de ningún lugar. Con la energía de las estrellas, el uso de materias primas traídas por las flotas y una formidable tecnología capaz de proveerle de alimentos, casas, aire, agua y cualquier cosa que necesitara, el hombre solar no era ningún depredador, salvo en caso de defensa. Lo mismo en situaciones de catástrofes y peligros naturales, cada comandante tenía autorización para tomar las medidas que fuesen necesarias. Allí sí, entonces, el hombre podía modificar todo lo que fuese necesario: desde destruir a alguna raza completa, a cambiar la órbita de un planeta. Y ante la ausencia de otras civilizaciones a quien tener que dar cuenta, las Nubes se fueron convirtiendo en el primer gran campo de experimentación planetaria. Lentamente, las condiciones físicas de algunos mundos empezaron a ser modificadas y, al cabo de unos cuantos años, hubo planetas “manipulados” según la voluntad del hombre, volviéndolos más atractivos para vivir en ellos.

Por mucho tiempo, el almirante Lamister se lo pasó viajando de una colonia a otra. Sin duda, llegó a ser su mayor pasión. La enorme experiencia que fue acumulando le permitía ver, desde un principio, qué elementos podía faltarle a una colonia para un pleno éxito. Entonces, solía reunirse con el comandante (luego devenidos en gobernadores) y, con el tiempo, llegó a formar un gran Estado Mayor adonde se reunía con todos los comandantes de una misma región. Estos encuentros fueron adquiriendo cada vez más trascendencia hasta volverse algo parecido a las Asambleas Ecuménicas. Era la única vez al año en que todos ellos podían encontrarse personalmente y debatir acerca del futuro. En cuanto a Lamister mismo, él eligió para vivir junto a su familia, el planeta Silva-7, en la Mayor, situado en un sistema planetario que se caracterizaba por poseer tres planetas, prácticamente habitables en condiciones naturales. Esto hizo que, unos años después, su hijo mayor, Thorriens, se instalara en Silva-8.

En cuanto a Andrómeda, hay que aclarar que todo lo hecho allí fue bastante diferente. A partir del planeta Color-5, lo federales fueron expandiéndose más y más, pero la inmensidad de aquella galaxia los sobrepasaba. Como además existían numerosas civilizaciones de cierta importancia, los planes fueron los siguientes: Una línea de conquistadores se dedicarían principalmente a la exploración de mundos para la posible instalación del hombre; esto es lo que estaría a cargo, específicamente, de Sorzyn. Otra línea, en cambio, estaría dirigida personalmente por el nuevo almirante de la Flota para investigar formas de vida o contactarse con otras civilizaciones. Esta sería la misión de Vater Lumcek, otro de los oficiales de Gedeón que ahora lo sucedían a éste como los diádocos a Alejandro Magno.

Estos eran los planes, pero no todo salió como estaba previsto. Por primera vez en mucho tiempo (desde la guerra con los aurigenses) la Federación sufrió una crisis, sobre todo por las razas que se sentían excluidas de su liderazgo. Hubo una serie de cambios en muy poco tiempo y la crisis que esto produjo está relatado en otra parte. Y aunque el hombre solar retomó el liderazgo, ya no tuvo el apoyo de otros, de modo que la importancia de la Federación disminuyó. Esto, unido a las grandes conquistas logradas en el pasado, hicieron que el hombre solar en general, perdiera cierto interés en seguir expandiéndose por el Cosmos. Además, dentro de su propia Galaxia quedaba mucho por hacer y los nuevos líderes de la Federación se inclinaron por seguir con este proyecto. Así que dejaron de enviarse flotas extra-galácticas para concentrar el trabajo, una vez más, en la Vía Láctea. Sucede que, desde los viajes de Miqhvaar o de Gedeón, los mundos descubiertos, en muchos casos, no habían vuelto a ser visitados por nadie más; hasta había civilizaciones con las que no se había retomado el contacto después de aquellos grandes almirantes. es de aquellos grandes almirantes de aquellos grandes almirantes.

Todo esto era perfectamente lógico y comprensible. Además, los líderes de la Federación querían invitar a muchas de las nuevas razas descubiertas, a integrarse a la misma. La Federación había demostrado tener, todavía, cierta vulnerabilidad, así que el remedio podía ser, reforzarla con la presencia de más razas amigas, más civilizaciones, en donde el hombre solar pudiera demostrar su poderío, y más mundos para conquistar. Excelentes almirantes, de una gran capacidad, esperaban las órdenes para seguir las huellas de Miqhvaar y Gedeón.

El resultado fue que las colonias extragalácticas, de este modo, quedaron prácticamente libradas a su suerte. Es verdad que aquí se daba una situación nueva. En otros tiempos, los mundos conquistados por Miqhvaar, por ejemplo, pasaban a depender directamente de la Federación y el doblamiento de estos no habría sido posible sin el envío de sucesivas flotas. Aquí, tanto en ambas Nubes como lo logrado en Andrómeda, los colonos no dependían realmente de nadie para subsistir. Y aunque el intercambio intercolonial era mínimo, todos estaban unidos por obedecer a líderes que tenían en común. Eran Zenna, Smeith y Sorzyn. A su vez, estos tampoco tenían un contacto personal entre sí, salvo por comunicación y nada más. Dentro de este cuadro se explica perfectamente que cada una de estas agrupaciones de colonos se volviera cada vez más independiente. Los hombres habían encontrado infinidad de mundos en donde reproducirse y multiplicarse, así que consideraban que su objetivo estaba plenamente alcanzado. Habían salido de la Vía Láctea en busca de esto, así que, ¿para qué más?

Los viajes espaciales disminuyeron increíblemente, los grandes líderes desaparecieron y, con el tiempo, cada colonia llegó a conformar una rica sociedad con una cultura propia, diferenciadas unas de otras. Para las nuevas generaciones que nacieron bajo esos soles, la Tierra, Marte, Janus Miqhvaar, la Federación y hasta el mismo Gedeón Solar ingresaron al ámbito de la leyenda, un fenómeno que se apreció aún más en las Nubes. En Andrómeda, en cambio, el contacto con otras civilizaciones hizo que los colonos se fueran fijando nuevos objetivos, pero durante mucho tiempo carecieron de líderes importantes. El espacio a su alrededor era aún casi desconocido para ellos y no había un motivo importante para explorarla. Pero el tiempo pasa, los adelantos son cada vez mayores, y así vemos surgir la figura de Rodick Kayser, tal vez el primer gran líder surgido de los descendientes del hombre solar en Andrómeda.

Luego de realizar con éxito algunas misiones de gran importancia, Rodick comienza a visitar a diferentes pueblos que tienen un origen común. Aunque muchos casi ni lo recuerdan, existen cientos de mundos que han sido conquistados por las flotas de la Federación hace muchísimo tiempo. Algunos lugares han permanecido solitarios, en tanto que hay otros lugares donde hasta se han mezclado con los habitantes naturales. Por las diferencias genéticas hay casos que han sido exitosos y otros que no. El caso es que Rodick efectúa numerosos viajes interestelares y lentamente va dando forma a una organización que, al principio es llamada simplemente Núcleo.

El proyecto avanza, hay contratiempos, pero estos son superados, y así el Núcleo crece en importancia. ¿Cuáles son sus objetivos? El gran sueño de Rodick es restaurar plenamente los viajes espaciales, conocer mejor Andrómeda y, en un futuro más lejano, volver a contactarse con la Federación o lo que haya quedado del hombre solar luego de la Edad Media Cósmica. Tras algunas vacilaciones, los Colonos, como son genéricamente llamados, aceptan su autoridad. Lo que no es tan fácil es convencerlos de dejar cierta comodidad que poseen para lanzarse de nuevo al espacio, igual que sus antecesores. Pero hay quienes lo apoyan y la actividad espacial es retomada. Utilizando tecnologías todavía similares a las del tiempo de Gedeón Solar, diferentes grupos comienzan a explorar sistemas planetarios y a visitarse entre sí. Sin embargo, no le tocará a ninguno de estos hombres el honor de convertirse en el gran explorador de Andrómeda. Rodick fue simplemente un peldaño para llegar a esto. Era un gran proyecto que comenzaba aquí, pero luego debía extenderse mucho más allá, al resto del Grupo Local de galaxias.

 

 


Daniel Verón (Buenos Aires, 1957). Escritor argentino, autor de obras de fantasía y ciencia ficción entre cuentos y novelas. Sus obras recientes representativas son: La exploración del universo (Tahiel, 2018) y Nuestros días en el sistema solar: más allá de Júpiter (2018).

 


Foto portada: https://pixabay.com/es/photos/componer-fantas%C3%ADa-estado-de-%C3%A1nimo-2434042/

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