Tratado elemental de alquimia humoral | Javier Velásquez

Javier Velásquez

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Colombia)

 

Of the seasons of the year, the autumn is most melancholy

Anatomy of Melancholy, Part I. Sec. I, Robert Burton.

Encontrarla no fue fácil, los viajeros solo recitaban las leyendas sobre fantasmas, indios y criminales que allí aguardaban, los demás le temían al sol y la arena, solo la mencionaban más que en fogatas y borracheras para asustar forasteros o ingenuos.

Pero ahí estaba, aquella casa con su destartalado y derruido exterior, entorpeciendo los colores purpúreos y rojizos del ocaso desértico. Tal y como la habían indicado los trabajadores del ferrocarril, los únicos seres humanos por la árida zona. La única referencia que tenían los viajeros y bandidos de este lugar, y la cual se encontraba en los mapas a los que accedí en la única población no tan cercana, era un punto en el mapa llamado Maltrecho.

Después de darle la merecida hidratación al caballo, con pistola y lámpara en mano, anticipando todo riesgo, me adentré en el caserón, el ambiente del lugar era de esperar, pero había algo más allí, sugestión tal vez producto de las habladurías supersticiosas sobre casas embrujadas o el temor a los criminales refugiados en el olvido, una sensación que solo permitía desear salir huyendo, mas no hacerlo repentinamente.

El desierto devoraba su estructura exterior, al ingresar por la puerta rechinante y colapsada, en su oscuro interior la casa solo contaba con viejas mesas y estantes de madera podrida junto un sofá polvoriento en su esquina izquierda, en lo que era la sala, no había allí ninguna alhaja, al lado derecho, una cama sin colchón y en el suelo había una tetera, y junto a esta una taza llena de un líquido que no me atreví a identificar con ninguno de mis sentidos.

Después de admirar lo que alguna vez fueron los enseres, cuyo estado parecía más cuestión de decoración original a un producto del saqueo o efectos del tiempo, me dispuse a buscar lo que se me encomendó en el urbanizado norte, algo que parecía insensato si pensaba que no se me dijo si buscaba un objeto, cosa o ser, solo se me encomendó por confianza. Tampoco sabía si se trataba de una metáfora, idea o algo intangible, iba a ciegas obedeciendo en busca de pago y reconocimiento.

Traté de correr el polvoriento sofá para tener cercanía a la puerta mientras dormía, teniendo control del único acceso, previniendo cualquier entrada inesperada, y alguna salida de emergencia. Al moverlo para estar tras este y empujarlo, el crujir del piso de madera llamó mi atención. Había dado con una entrada a un sótano, aunque quise esperar al siguiente día para explorarlo, decidí buscar, en lo que parecía el último rincón de la casa que me faltaba, fuera algo inusual o valioso para dar con lo que se supone me habían encomendado buscar, y así poder marcharme cuanto antes en la mañana.

La trampilla no tenía ningún tipo de cierre, el sofá era lo único que la escondía. Al descender, dos paredes de madera demasiado juntas hacían el lugar bastante incómodo, a la izquierda se podía ver una luz amarillenta que iluminaba lo que resultó ser un polvoriento habitáculo al final del estrecho corredor.

Había allí un mediocre escritorio de madera decadente con gran cantidad de papeles y recipientes, pluma y un tintero, un compás. Muchos libros polvorientos y mohosos en todos los rincones, en otra silla en un rincón se posaban varios recipientes llenos de líquidos variados, sobre ellos una cuasi poliédrica piedra de un ajeno mineral.

Era, así mismo, bastante extraño ver la vela encendida, posada en un pequeño plato ubicado en la mesa, suponía que la casa llevaba tanto tiempo abandonada y la vela no parecía tener más de unas cuantas horas encendida.

El ver los documentos, libros y recipientes me hizo pensar que estaba cerca de lo que buscaba, así que busqué calmadamente. Los libros eran tomos de astronomía, alquimia, medicina, botánica, entre otros. En cuencos y morteros había hojas marchitas y líquidos de distintos colores. Estaba ante un laboratorio improvisado.

Los papeles del escritorio contenían frenéticas anotaciones sobre extraños experimentos. Al tratar de ordenarlas, di con la página inicial con el título: Extracción y análisis de éter mediante procedimiento alquímico. Lo que pude entender es que al parecer era una extracción que implicaba machacar el follaje otoñal de la especie Acer saccharum en un mortero, la falta de humedad, debido al ambiente desértico, hacía más dispendioso el proceso, implicaba triturar mayor cantidad de follaje. La acción debía repetirse tantas veces hasta que apareciese un líquido que sería el éter, afirmaba el texto era el medio en el que se mueven las esferas cósmicas en lo alto del universo, de apariencia viscosa e incolora, aunque dependía de su contacto con otros elementos y el clima. Para disipar las dudas sobre la identificación de este particular fluido, el mismo autor de las notas experimentó con este sometiéndolo a variados y extraños procesos.

Así mismo se trataba de explicar la procedencia de este material, su autor aseguraba que era la estructura líquida misma de la bóveda celeste, era el líquido en el que se posaban todos los cuerpos celestes, la luz lo repelía, por eso la bóveda celeste cambiaba de color con el amanecer, se preguntaba si al contacto directo en el espacio tendría algún efecto extremo en el cuerpo, pues se filtraba de alguna manera hasta el cerebro y allí se mezclaba con la sangre para invadir el cuerpo.

Las anotaciones contenían toda clase de pruebas extrañas, ante el agua, por ejemplo, el éter no reaccionaba ni se modificaba su contenido, como si ignorara el líquido vital, el autor explicaba que por ser otro líquido vital jamás se mezclaban entre sí, cada uno cumple su papel. Al tocarlo el fluido parecía ser ligero, incluso más gaseoso que líquido, y levemente frío a pesar del calor externo. El fuego generaba una reacción particular, parecía evaporar al instante el fluido y lo absorbía creando una leve coloración azulada en la llama. Otro apunte curioso era cómo este fluido permitía el paso de la luz e imagen sin desviación o efecto óptico, sin importar que el recipiente en el que se encontrara causara refracción alguna.

El más extraño de los ensayos, definitivo para la identificación del fluido, era con sangre, no solo por la retorcida idea de emplearla y el pensar en la procedencia de esta, sino por la reacción del fluido, según el autor, al contacto con la sangre este se tornaba negruzco y repugnante a los sentidos, para luego evaporarse en su estado primigenio, siendo este producto la bilis negra, uno de los cuatro humores, cuyo exceso en nuestro cuerpo significaba la inevitable melancolía de muchos desdichados.

Terminada esa lectura, me sentí confundido por tantas supercherías, agobiado por el abandono y decepcionado de una vida dedicada a la búsqueda de algo ajeno e ininteligible. Tal vez quien estuvo en este lugar pensaba lo mismo, por eso desistió de seguir empleando sudor y sangre en aventuras místicas. Tal vez nada era lo que debía encontrar, pues nada valía esta vida. Noté que la vela ardía inmutable sobre esta extraña cera trasparentosa y un extraño y casi imperceptible humo purpúreo arrojaba constantemente.

Pensé… Pero… Y si eso representaba la sangre… La bilis negra… La ausencia en la casa… El fluido cósmico… Eso era.

Sentado, tomé un cuchillo que me acompañaba, la sangre brotó de mi muñeca izquierda y la dejé caer sobre el cuenco, mezclé con mi sangre el éter y lavé mi herida con este, venas y sangre tomaron aquel color negruzco, la realidad se deshizo, lo ulterior se manifestó…

Entonces, vi el abismo eterno. Y apacigüé la infinita melancolía con un disparo.

…………………………………………………

Finalización de experimentación 16.3.2.13

Ambiente propenso a resultados esperados, estudiar mayor efectividad del elemento en diferentes estados y cantidad, sujeto colapsado totalmente, densidad mayor mas no masa corporal, hacer averiguaciones.

 

 


Javier Velásquez (Colombia). Licenciatura en educación básica con énfasis en humanidades: Lengua castellana e inglés. Autor del blog Radiotelescopio abandonado (http://melancolicaentropia.blogspot.com/2015/06/el-necronomicon-entre-la-literatura-y.html).

 


OldbooksFoto portada: https://wordpress.com/post/revistamaquinacombinatoria.wordpress.com/1135

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