¿Quién asesinó a la novela policíaca? | Leonardo Wild

Leonardo Wild

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

Es sorprendente. En la mesa de los acusados están aquellos que crearon a la novela policíaca: Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, Ellery Queen, Austin Freeman, G.K. Chesterton, John Dickson Carr, todos aquellos que la consumieron hasta su muerte. Aunque, ¿está realmente muerta la novela policíaca? Hay ciertos indicios de que tal vez aún viva…, disfrazada.

Testigos creen haberla visto vestida de novela de suspenso. Cierta gente la ha confundido con la novela negra o el mismísimo thriller. Pero, reverendo público, luego de una breve inspección, se ha comprobado que la novela policíaca no es ninguna de las tres.

Impostores, ¡identificarse!

a) Señora Suspenso: ¿usted, en qué se diferencia de la novela policíaca?

En mi caso, la víctima es la figura principal. Esta es amenazada, siente el peligro, trata de ponerse a salvo. Para ello debe sacar a la luz quién es el verdadero asesino o estafador. No soy como la novela policíaca, que requiere del trío inseparable: cazador, cazado y víctima.

b) Señor thriller, usted “que-tanto-miedo-da”, ¿se considera ser una novela policíaca?

¡Por supuesto que no! Yo era ya maduro cuando la policíaca aún no llegaba al mundo. La lógica me tiene sin cuidado, y mientras más sangre, golpes y balazos presento, mejor retendré la atención del lector. Cuando en mí se enfrentan el criminal y “la ley”, las víctimas —objetos casi secundarios— caen por doquier.

c) Bueno, Novela Negra, a usted mejor ni le pregunto. Todos sabemos que sus personajes frecuentan lugares oscuros, aquellos submundos de la sociedad. Sus detectives, tan faltos de tacto, sonsacan la verdad más por intuición y violencia, que por lógica y análisis. Vamos, bajen del estrado. Aún no encontramos el cuerpo de la víctima, si es que hay tal.

Una época, un modo de ver el mundo

“El golpe genial de [Edgar Allan] Poe (…)”, escribió cierta vez Thomas Narcejac, en Una máquina de leer: la novela policíaca, “es haber confundido determinismo y necesidad, demostrando que los actos humanos obedecen a leyes del mismo modo que los fenómenos físicos, que por tanto son previsibles, que por tanto pueden deducirse y por tanto el misterio solo es apariencia; bastará con razonar correctamente para resolverlo. Y henos aquí en el centro de la novela policíaca”.

La novela policíaca nació cuando el positivismo, invento del siglo XIX, forjó un mundo donde se opinaba que la ciencia podría descifrar, tarde o temprano, todos los eventos del universo, tanto filosóficos como físicos.

A fines del siglo XIX se consideró a la joven novela policíaca como la literatura de vanguardia. Rompió los esquemas literarios prevalecientes. Alrededor de 1940, quedó demostrado que era el relato científico por excelencia. Absenta de lo emocional, relegó lo subjetivo a un segundo plano.

Pero décadas más tarde cayó de la gloria en la desdicha, consumida ya no por la aristocracia que huía del thriller, sino por las masas que perdían la fe en la religión. ¿Qué le hicieron? ¿La condenaron a muerte aquellos que soplaron vida en ella?

Estructura mecanicista

Cuando crearon la novela policíaca, quedaron fijas las reglas del juego, tan fijas como el mecanismo de un reloj.

En el primer capítulo: una víctima. Esta queda inmediatamente relegada a un segundo plano para dar paso al cazador y al criminal.

Luego, se los suelta a los dos en un laberinto social y físico cuya única salida deja airoso al bueno, que es, por supuesto, el detective/cazador cuya lógica, secundada por una intuición que vale poco sin pruebas contundentes, lo arrastran hasta el buen final.

Mensaje moral y religioso

La novela policíaca ascendió con rapidez al tiempo que comenzaba una decadencia en la religión en la época victoriana. Nicholas Blake (ibid.) escribe: “Nuestro antropólogo nos hará observar que el pattern [patrón] de la novela policíaca es un verdadero rito religioso, con su pecado original y necesario (el asesinato), su víctima y su sacerdote (el criminal), quién a su vez debe ser destruido por una fuerza aún mayor (el detective)”.

En otras palabras: la lógica con su luz logra desentrañar el misterio, sacándolo de la oscuridad. El mal siempre pierde ante el bien. Sin esta regla no hay novela policíaca.

¿Podríamos decir entonces que este es el veneno que mató a la novela policíaca? ¿Una fijación con los valores religiosos?

No, es tan solo una pista falsa…, como tantas otras. El problema está en que el laberinto siempre es el mismo. Descubiertos sus recovecos y todos los cuartos secretos, lo único que queda por hacer es cambiar los cerrojos de las puertas para dificultar la entrada al lector/investigador. Nada más. Es como un muerto al cual no queda más que hacerle la autopsia. Aunque, ¿no estará tal vez tan solo en coma?

El nombre de la rosa es ciencia

Una cosa sí está clara: la novela policíaca clásica es del pasado, su lógica fue el producto de una época, y su actitud hacia la vida el resultado de una era. La ciencia era determinista, no relativista. Hasta la misma psicología pretendía responder con exactitud el comportamiento humano.

Hoy en día, sin embargo, con el indeterminismo como pilar de la física cuántica, todo cambia. La cibernética, aliada principal de la lógica, nos ha hecho ver que hay creencias y meta-creencias y que, como resultado, el bien puede ser el mal en otro nivel (y viceversa).

Tal vez aún se descubran autores que logren encontrar lo que Agatha Christie y Arthur Conan Doyle pasaron por alto o no tuvieron a mano, escritores que, sin romper las reglas básicas, reencarnen a la novela policíaca utilizando la visión del mundo actual inculcada por la física cuántica y la lógica difusa. Pero: ¿lograrán hacerlo sin entrar en el territorio de la ciencia ficción?

Testimonio final

Poe, Doyle, Christie, Queen, Freeman, Chesterton, Carr: están bajo libertad condicional hasta que se encuentre el corpus delicti. El caso queda pendiente. Pueden retirarse.

 

 


Leonardo Wild. Escritor ecuatoriano-norteamericano. Estudió en Lord Fairfax y Nova College, Virginia. Escribe ciencia ficción desde 1996. La primera fue escrita en alemán, Unemotion (1996) la cual fue recientemente publicada en español bajo el título de Yo artificial (2014). Entre sus obras se tiene: Oro en la selva (1996); el ensayo: Ecología al rojo vivo (1997); Orquídea negra o el factor vida (1999); Cotopaxi, alerta roja (2006). Más recientemente ha publicado una reedición de su novela El caso de los muertos de risa (2019).

 


novelapolicialFoto portada tomada de: https://litnet.com/es/blogs/post/54762

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