Inspiración sin tiempo | Cristina Correa Rosales

Cristina Correa Rosales

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

El mundo a cuadros no entiende al artista. Para que la obra termine no se sigue un método, se vive. La sociedad acostumbrada a lo sistemático cree que todo se basa un proceso. Las experiencias marcan a todas las personas, al artista le atraviesan. El cuento “El Cangrejo de Chuang Tzu” (de “Rapidez”, en Seis propuestas para el próximo milenio, Siruela, 1989) de Italo Calvino presenta una historia absurda para muchos y coherente para pocos.

El ser humano tiene espíritu, y el espíritu se refleja en el arte. Hay hombres hechos para razonar y otros para expresar lo que llevan dentro. Para alguien que se basa en procesos, en el método inductivo, es ilógico que una persona pida tanto tiempo para realizar un dibujo con un simple gesto. Lo que no se preguntan es que ese gesto necesitó de la experiencia de diez años para llegar a la perfección.

El cuento se basa en la realización de un dibujo. Cuando se presenta el título “El cangrejo de Chuang Tzu”, se denota que la historia ocurre en China. Este país trae un pasado con civilizaciones. Su avance se ha dado por la experiencia, por la teoría puesta en práctica. Presenta también al cangrejo, animal que camina hacia los lados en lugar de hacia adelante y hacia atrás. En el título se alude a un ser que no sigue las mismas direcciones de todos. Se muestra que existe algo que va en otro sentido, contracorriente, fuera de lo común, que no sigue lo que los demás siguen.

Calvino inicia hablando de las virtudes, al decir “entre muchas virtudes”. Cuando una persona tiene la costumbre de realizar un acto bueno se convierte en virtud. Esto requiere de repetidas acciones para alcanzar la disciplina. Dice también “Chuang Tzu tenía la de ser diestro en el dibujo”. Al decir diestro explica su habilidad, pero también habla de la mano derecha. En algunas culturas se conoce la mano derecha como el camino correcto, la elección adecuada.

El cuento continúa con la petición del rey: “El rey le pidió que dibujara un cangrejo”. Los versos de pedir y dibujar inducen la realización de acciones respetando la libertad. El rey no obliga porque el artista no es su esclavo. En libertad el arte se desarrolla en plenitud. Chuang Tzu era ciudadano del reino y tenía la posibilidad de negarse a pintar. Al ver que el rey requiere de su habilidad exige algo a cambio: “respondió que necesitaba cinco años y una casa con doce servidores”. La respuesta parece un capricho, pero en realidad el artista necesita tiempo para la obra. Los doce servidores se pueden relacionar con los doce meses del año, con los doce apóstoles de Jesús. Tal vez el artista necesita que todas sus necesidades básicas se satisfagan para llegar a la inspiración.

Una obra de arte requiere tiempo. Y no tiempo en realizarla, tiempo en vivirla para terminar dibujándola. Para los hombres basados en la razón, el artista podría dibujar sin sentir. Se olvidan de que el sentimiento le da vida a la obra. Si el artista no ha vivido la obra estuviese muerta. Chuang Tzu necesitaba ese tiempo para que el arte salga del alma.

Después la historia continúa con Chuang Tzu pidiendo más tiempo al rey: “Pasaron cinco años y el dibujo aún no estaba empezado.” Al presentar las palabras “no estaba empezado”, se refiere al resultado del dibujo. En la mente del artista el cangrejo ya había nacido cinco años atrás. Pero como el mundo no ve, tampoco lo cree. La vida del artista necesitaba una transformación para el desarrollo del dibujo. El proceso del cuento se divide en cinco años y luego en cinco años más. La vida del cangrejo tiene diez años para luego morir en el dibujo. Si el artista no vive no puede pintar.

El rey conoce las habilidades de Chuang Tzu y concede cinco años más: “El rey se los concedió”. La palabra rey impone el poder. Cuando la autoridad cede demuestra su interés. El rey quiere el resultado, y hace cualquier cosa para obtenerlo. El cuento muestra de que se conocía de las virtudes de Chuang Tzu, y como se conocía, el rey esperó lo que el artista necesitaba.

El cuento finaliza con la realización del cangrejo. Primero presenta diez años como el total del tiempo: “Transcurrieron diez años”. La historia se divide en cinco años, más cinco años: inicia con el nacimiento del cangrejo, un crecimiento, una maduración, y luego la muerte en el dibujo. Chuang Tzu realiza la obra con un pincel, en lugar de un lápiz, un marcador, o un rapidógrafo: “Chuang Tzu tomó el pincel”. Al pincel hay que saber usarlo. Alguien sin experiencia no puede pintar perfecto con un pincel. Los diez años transcurridos no detallan el entrenamiento del artista, el cual pudo haber repasado y desarrollado sus habilidades. Habla también de “un solo gesto”, es decir, una solo movida. El artista necesitó diez años para que en un instante viva el cangrejo en su obra. El dibujo es espléndido: “el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto”. La obra se inicia diez años atrás y termina en el dibujo. El cangrejo es perfecto, porque el artista tuvo diez años de paz con doce servidores que construyeron el dibujo.

Dentro de cada persona se imprime una idea. El artista al ser hábil con sus manos puede mostrar esa idea al mundo, pero primero debe vivirla. El rey desea un cangrejo, y no cualquier cangrejo, sino aquel dibujado por Chuang Tzu. Sabe que este artista tiene destrezas con el dibujo y por esto pide un cangrejo de su mano. Le concede tantos años porque su arte es única. Le complace con doce servidores, aunque no entienda que tiene que ver con un cangrejo.

El arte no se puede forzar, ni apurar. Al arte hay que vivirlo para conocer su imagen. Si no hay vida no puede haber arte. Y si en el artista no crece la idea, es imposible realizarla. La vida es distinta y única para cada persona, y las experiencias detallan cada ser humano. El artista retrata lo que vive, y necesita vivir ciertas cosas para realizar una obra de arte. Así como el científico estudia años para crear, el artista tiene que vivir para pintar. Una obre de arte es un reflejo, y por esto siempre primero tiene que su imagen florecer.

 


ChuangFoto portada: https://fr.theepochtimes.com/zhuang-zi-plus-important-patriarche-taoisme-apres-lao-tseu-26410.html

 

 

Un comentario en “Inspiración sin tiempo | Cristina Correa Rosales

  1. Recordada Cristina:
    Nos conocimos hace casi dos años, en la Biblioteca del Centro Cultural Metropolitano de Quito. En aquel entonces, puse un comentario a su articulo “Sangre en las palabras”, publicado en la revista Punto Tlon.
    En esta ocasion, le informo que he viajado por la mitad del planeta. Conozco China, lugar donde se desarrolla el cuento que nos ocupa. Simplemente, deseo manifestarle que la escritura del Mandarín es a base de ideogramas y pictogramas. Los trazos de la escritura del Chino-Mandarín se los hace con pincel, moviendo la muñeca, no el antebrazo, en columnas de símbolos, de arriba hacia abajo, en columnas de izquierda a derecha.
    La escritura del Chino-Mandarín no es a base de letras, silabas, ni palabras, sino de ideogramas y pictogramas; es decir, de símbolos que representan: cosas, estados de ánimo, el clima, la ropa, etc.
    Felicitaciones, Cristina. Siga adelante.

    Gregorio de Larrea,
    Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador

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