El supra-tiempo | Daniel Verón

Daniel Verón

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Argentina)

 

Hasta que, finalmente, Garyker y la Flota del Tiempo aparecieron en el mismo punto adonde habían desaparecido. No fue necesario que los Pantocratores buscaran mucho. De repente, un buen día, él y todos los demás se materializaron súbitamente. Lógicamente, se les brindó una impresionante recepción, se procedió a ver cómo estaban ellos y las naves en que viajaban, tras lo cual hubo una velada de gala en algún lugar del Panteón, tal como era costumbre entre todos ellos.

Garyker fue interrogado sobre cuál había sido su experiencia al desaparecer del espacio convencional y él también brindó muchos detalles. Básicamente se puede decir que la Flota siempre estuvo en movimiento, dando la impresión de que recorría lugares y distancias que los equipos sencillamente no captaban.

—Fue una sensación muy especial —dijo—. Era algo así como viajar por un túnel completamente oscuro sin percibir nada alrededor, pero sabíamos que estábamos en movimiento a velocidades de Lux 10 o más todavía. En ciertas ocasiones hasta nos parecía que todo se iba a desintegrar.

—En efecto —corroboró el comandante Somalensis—, fueron muchas las veces que del Supremo Garyker solo vi como una figura etérea, pero nada más, que se solidificaba recién un tiempo después. Lo mismo sucedía con los demás tripulantes, claro.

La sensación había sido mutua. A lo largo de todo el tiempo que duró aquel extraño viaje, todos ellos parecían materializarse y desmaterializarse periódicamente sin que se pudiese hacer nada para evitarlo. A todo esto, la Flota estaba miles de veces más allá de cualquier cosa sobre la que se hubiera sospechado su existencia. Desde luego, también fue imposible medir cuánto duró realmente aquella travesía, pero sí que duró un tiempo que a ellos les pareció extenso. La Flota atravesó sucesivamente zonas de luz y oscuridad imposibles de precisar hasta que, evidentemente, surgió a alguna clase de Nuevo Espacio, tal como lo llama el oficial Telense. Este NE no posee estrellas ni galaxias, pero sí contiene estructuras parecidas a túneles que rebosan de cierta clase de vida. Por el momento, sacar otras conclusiones es casi imposible.

Aquel fue un momento adonde Garyker y otros se plantearon muy seriamente que el HS (Hombre Solar) debería desarrollar una tecnología superior para determinar en dónde se encontraban. Garyker mismo venía de recorrer ya una serie de lugares tan extraños que ni siquiera habían sido detectados a la distancia nunca antes. Si se sabía que existían era exclusivamente gracias a estos viajes que superaban todo lo conocido.

Fueron momentos de mucha tensión en donde Somalensis estaba empeñado en establecer parámetros conocidos para saber por dónde debían volver luego. Sin embargo, pasaron otras cosas más increíbles aún.

Apenas la Flota del Tiempo pareció realmente estar detenida, todos ellos se observaron los unos a los otros con asombro y hasta cierto temor a la vez. Es que era algo increíble: cada uno se veía de una manera diferente. No solo se distinguía el cuerpo físico, como siempre, sino que también se veía algo así como un envoltorio luminoso de pies a cabeza y aún se veía claramente cómo, del medio del pecho, surgía una luz más como procedente del interior mismo del cuerpo. Luego de mucho analizar, Telense y varios científicos más llegaron a la conclusión de que estaban viendo algo así como el alma y el espíritu de cada individuo, además de su cuerpo físico. Sus ojos, su visión, no habían cambiado, pero, en este Nuevo Espacio, las cosas se veían de otra manera. Todo esto producía una sensación extraña y contribuía a saber que se encontraban muy lejos de los lugares conocidos.

—¿Qué tan lejos? —interrogó Thorklind.

—No hay parámetros seguros —respondió Somalensis—. Lo que sí sabemos es que estábamos a una distancia que superaba los 100.000 millones de UL (Universo Local) más allá de las fronteras de este. A eso se debe que todo lo existente allí sea inclasificable. Se trata de formas de materia que han evolucionado de una forma que ni siquiera imaginamos.

Pero eso no era todo. La Flota del Tiempo pasó en el NE lo que ellos creyeron un tiempo relativamente extenso. Durante el mismo, se realizaron toda clase de mediciones, en donde se pudo avanzar algo en el tema de dónde se hallaban. Tal como suponían los grandes kosmokratores, la Flota se había deslizado hacia algo así como “un costado” del UT (Universo Total), adonde regían fuerzas distintas a otras regiones. Garyker decidió llamar a este sitio El Supra-Tiempo, ya que en realidad se trataba de una complicada estructura de fuerzas a modo de envoltorio del resto del UT.

En el Supra-Tiempo había fuerzas que iban y venían de arriba hacia abajo en el UT, como el mar que rodea una isla. Los Túneles, a su vez, eran agrupaciones específicas de algunas de esas fuerzas que se movían independientemente unos de otros, algo así como galerías en una inmensa caverna. De modo, pues, que el Supra-Tiempo estaba lleno de túneles que conducían vaya a saber a qué, conformando algo así como un nuevo tipo de universos que se extendían indefinidamente en la lejanía. Todo esto sin olvidar que allí ellos mismos se veían en forma triple, con toda la extrañeza que esto producía.

—Y ustedes eligieron atravesar algunos de esos túneles —aventuró Varonn.

—El problema está en que no lo elegimos nosotros sino que las fuerzas del Supra-Tiempo nos llevaron inmediatamente a uno de ellos —respondió Garyker.

En efecto, así fue. Sin que pudieran hacer nada para evitarlo, la Flota del Tiempo se sumergió de lleno en uno de esos Túneles a una velocidad difícil de precisar. Al instante, todos tuvieron una sensación como de caída mas, al poco tiempo, las naves se estabilizaron y tanto Garyker como los demás pudieron ver diversos cúmulos de estrellas a lo lejos.

Ante el rostro sorprendido de los Pantocratores, Garyker insistió en este punto y dijo:

—Así es. Al principio ni yo mismo lo podía creer. Pero allí estaban: galaxias, estrellas y planetas aparentemente iguales a los que conocemos.

—¿Cómo es posible? —interrogó Mistor.

Quizá lo más increíble de todo era que allí estaban LOS MISMOS planetas y estrellas que todos ellos conocían de nuestro UL. Luego de mucho observar así lo confirmó Telense a los demás. Allí existían lo que parecían ser réplicas exactas de muchos cúmulos y galaxias conocidas. En algún momento hasta pudo individualizar la galaxia de Andrómeda, la Vía Láctea y varias más del Grupo Local. Entonces hay todo un debate a bordo sobre si se trata de las mismas o son algo así como clones de estas.

El caso es que, con la ayuda de instrumental óptico sofisticado, Somalensis y otros indagan qué es lo que hay en la superficie de algunos de esos mundos, por los que pasan a la velocidad del rayo. Aquí es donde se llevan una sorpresa mayor todavía.

—Sé que es difícil de creer —dice Garyker—, pero los Túneles son estructuras que agrupan estrellas y planetas de un modo distinto a como los conocemos aquí. En nuestro UL todo depende de las distancias y estas, a su vez, del tiempo. En los Túneles están agrupados en una serie de categorías que nada tienen que ver con esos dos factores. En un lugar hay un planeta con alguna civilización de hace 1.000 M.A. y, poco más allá, hay otro con una civilización de hace unos 2.000 años, o menos aún. Por eso que en los Túneles no existe el tiempo. Es como si alguien hubiese apretado un botón clasificando los mundos de otra manera. Solo así se puede entender que mundos de diferentes épocas del Universo convivan.

Durante unos segundos reina un extraño silencio en el recinto. Por fin, Varonn retoma la palabra y dice:

—¿Y qué es lo que ustedes vieron en esos mundos?

—Lo que vimos es exactamente igual a lo que conocemos. Pudimos ver Altair en uno de los momentos de mayor esplendor de su civilización. Alcancé a ver Marte cuando fue colonizado por los grandes pioneros. Vi algunos de los planetas conquistados por el Supremo Miqhvaar y otros por donde pasó el Supremo Solar o el Supremo Thorklind, así como muchos otros que existieron miles de años antes de la Federación.

—¿Y la Tierra? —interrogó Elyssius—. ¿Pudo ver la Tierra?

—Claro que sí. Pero la vi tal como era hacia el año 2500, no como es ahora. También vi cómo serán ciertos mundos en el futuro actual. Por ejemplo, pudimos contemplar uno de la galaxia Berenice perteneciente al año 10.000. Todos están allí, separados por distancias muy parecidas a las actuales, pero sin tiempo. Es por esa razón que hemos llamado a este orbe Supra-Tiempo.

—¿Pudieron recorrer otros Túneles? —preguntó Thorklind.

—No. Y sin embargo sabemos o tenemos idea de que existen miles y miles de Túneles, aunque ignoramos qué es lo que contienen.

—¿Y cómo es que pudieron salir? —interrogó Mistor.

—Pues eso también fue muy extraño —se adelantó Somalensis una vez que Garyker hizo un gesto dejándole la palabra—. No sé si lo creerán, pero en cierto momento de nuestro viaje llegamos a un planeta semiterrestre donde parecían estar en guerra. Ese panorama desentonaba completamente con todo lo que estábamos viendo. Y, sin embargo, en cierta región de ese planeta, nuestras cámaras de alta resolución pudieron captar claramente algo que no esperábamos ver.

Los demás pusieron cierta cara de incredulidad. ¿Es que todavía había algo más extraño en aquel fantástico viaje?

—Asistimos prácticamente al momento mismo de la crucifixión de un individuo entre una multitud que gritaba —relató Garyker.

Así era. Una crucifixión. Una antigua práctica realizada en tiempos del Imperio Romano en la Tierra y que era prácticamente desconocida en el resto del Universo. Sin embargo, apenas aquel personaje exhaló su último suspiro, los tripulantes de la Flota del Tiempo sintieron claramente una voz a su alrededor que les decía:

—Bienvenidos, hijos míos. Sé que vienen de muy lejos, pero entiéndanlo. Esta es mi tarea. En esta luz hallarán la salida.

Luego de otro breve silencio, Somalensis añadió:

—Nuestro viaje continuó a pesar de todo. Sin embargo, lo que nos dijo esa voz era cierto. La manera de salir de aquel túnel era siguiendo una línea de luz que había, casi imperceptiblemente, a cada lado, como si se tratara de luces a lo largo de una ruta.

—Ya entiendo —dijo Varonn—, sin embargo creo que aún necesitan decirnos algo más, ¿no es cierto?

Efectivamente así era. La Flota del Tiempo en su paso por aquel túnel había podido ver tanto el pasado, el presente y el futuro, según de qué mundos se tratase. Garyker, sin embargo, parecía especialmente preocupado con aquel encuentro con el hombre de la cruz en un lejano planeta.

—¿Sabe qué pasa? Eso significa que el mal sigue existiendo en algunos lugares del UT o por lo menos en el Supra-Tiempo. Esto era algo especialmente preocupante para alguien que había viajado al pasado más remoto para destruir al Lucero y liberar así al UL de su nefasta influencia.

—Esto puede significar que el mal, de algún modo, se regenera a sí mismo —dijo Garyker—. Y, lo que es peor, esto no es un hecho que pertenezca al pasado sino al futuro. Evidentemente es esa la razón por la cual no lo hemos visto aún.

—Lo entiendo perfectamente, Garyker —dijo Varonn—. Pero lo cierto es que aún no conocemos bien la naturaleza de ese túnel y ustedes mismos han visto que había mucho más.

—Así es, Supremo —dijo Somalensis—. Miríadas de ellos, tantos como puede haber de galaxias en el Cosmos.

—Entonces no podemos asegurar si se trata de un fenómeno puramente local del túnel que ustedes recorrieron o si, verdaderamente, el mal es algo que se ha perpetuado en el Supra-Tiempo. Creo que esto nos abre un panorama nuevo adonde extender el influjo de la Federación, dado que somos la suma más importante de civilizaciones que jamás hayan existido.

Thorklind, Mistor y otros estuvieron de acuerdo. Después de todo, el Supra-Tiempo era un área externa al Universo, pero adonde la tecnología permitiría llegar con toda facilidad en poco tiempo más.

Sin embargo, Garyker aún no parecía satisfecho. Apesadumbrado, balbuceó:

—Sé que debo sentirme honrado de haber visto al Redentor… Pero me pregunto… a cuántos mundos más tendrá que ir, para combatir la maldad de muchos MH esparcidos en diferentes lugares del UT. Quién sabe si algún día no lo volveremos a encontrar adonde menos lo esperamos. En cuántos lugares estuvo antes de pasar por la Tierra y a cuántos más irá.

En ese momento, Varonn lo tocó amigablemente en la espalda y le dijo como un padre a un hijo:

—Mi querido amigo, por ahora son solo suposiciones sobre cosas que no conocemos bien. Pero el Creador nos ha dado los medios para investigar este y otros universos durante los próximos milenios, tal vez por toda la eternidad. Como líder de la Federación le propongo, estimado Garyker, que usted mismo se ocupe de seguir adelante con esto. Y, si es necesario, vuelva al Supra-Tiempo tantas veces como sea necesario. Esa es la gran tarea que tiene por delante.

Al oír estas palabras, Garyker se irguió y dijo con voz solemne:

Con todo respeto, Supremo, creo que ya es mucho lo que se viene investigando acerca del Tiempo en nuestro UL. Yo fui uno de los primeros, pero luego vinieron muchos otros y hoy en día son incontables las flotas que recorren las rutas del tiempo de un extremo a otro. Acepto el desafío. De aquí en adelante me dedicaré a explorar el Supra-Tiempo para la Federación. No tengo ninguna duda que eso nos abrirá un horizonte completamente nuevo por delante.

Los demás ya se habían puesto de pie y, al finalizar Garyker su alocución, el Supremo Varonn dijo simplemente:

—Que así sea.

 

 


Daniel Verón (Buenos Aires, 1957). Escritor argentino, autor de obras de fantasía y ciencia ficción entre cuentos y novelas. Sus obras recientes representativas son: La exploración del universo (Tahiel, 2018) y Nuestros días en el sistema solar: más allá de Júpiter (2018).

 


Foto portada: https://pixabay.com/es/illustrations/ciencia-ficci%C3%B3n-nave-espacial-cohete-441708/

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