Viajes literarios a la Luna | Iván Rodrigo Mendizábal

Iván Rodrigo Mendizábal

 

Introducción

En julio se celebra el 50 aniversario de la llegada del ser humano a la Luna. Un 20 de julio de 1969, el Apolo 11, tripulado por tres astronautas norteamericanos, Neil Armstrong, Edwin Aldrin Jr. y Michael Collins, se posó en la Luna. Dichos astronautas hicieron posible esta hazaña tras una serie de experimentos y fracasos. Tales hechos que están hoy descritos en la carrera espacial, iniciada por la ex URSS, supuestamente fue ganada por los Estados Unidos, justamente con el alunizaje del Apolo 11.

Pero, quizá habría que decir, antes que ellos, antes que los países que estaban impulsando la carrera espacial, estuvieron otros, sobre todo escritores que imaginaron la llegada a la Luna, impulsados por el deseo de conectarse con los dioses o por el deseo de ir a conocer otras comarcas. ¿Hay una “historia” del viaje y la llegada a la Luna desde el punto de vista literario?

Es posible que se deba emprender esta empresa. En todo caso, existe ya un primer intento: es la tesis doctoral de Alfonso Alcalde-Diosdado Gómez, El tópico: el hombre en la Luna en las literaturas cultas y populares (2012) para la Universidad de Granada. Por ahora señalemos una serie de hitos que han sido recordados y descritos en distintas fuentes tanto de revistas como informes de medios de comunicación que se han actualizado recientemente para rememorar el alunizaje del Apolo 11.

Una “historia” de la literatura de proto ciencia ficción sobre viajes a la Luna

Para recordar los hitos literarios, comienzo citando al más remoto. Es la Historia verdadera –también conocida como Relatos verídicos (siglo II d.C)– del griego Luciano de Samosata (125-181 d.C.). Cuenta un viaje en un barco a la Luna, yendo más allá de las Columnas de Hércules. En la Luna el narrador se encuentra con otro tipo de civilización, donde reina Endimión; los seres son fantásticos y las descripciones hoy por hoy se pueden leer como delirantes. No contento con este texto, luego el autor griego escribe Icaromenipo en el que un filósofo, imitando a Ícaro, vuela a la Luna –y luego al Sol–, encontrando esta vez espíritus.

En el siglo XVII, en Alemania, el astrónomo y matemático Johannes Kepler arguyó también sobre el viaje a la Luna. En su libro Somnium o Somnium sive Astronomia lunaris (1608-1634), Kepler imagina que dos personajes van a la Luna aprovechando un eclipse. En el viaje pasan a ver los dos hemisferios: el Subvolva, el lado luminoso; y el Privolva, el lado oscuro. Cuando llegan, encuentran una especie de civilización cuyo ciclo de vida es rápido; cual insectos, aprovechan algo de luz para coger agua y almacenarla en sus depósitos.

En la vieja Inglaterra el obispo de Hereford, Francis Godwin, contra los designios de la Inquisición –al igual que Kepler–, también escribe una historia titulada: The man in the moone, or a discourse of a voyage thither by Domingo Gonsales, the speedy messenger (1638). Trata de un navegante español que fabrica una nave que, impulsada por gansos, va a la Luna. Allá encuentra una sociedad de tipo utópico que ha ideado su forma de vida venciendo incluso la falta de gravidez. El francés Jean Beaudoin, entusiasmado por el contenido de la obra la traduce como: Viaje hecho al mundo de la luna por Domingo González, aventurero español (1649), para el público latino.

En el mismo año que Godwin publica su obra, otro inglés, John Wilkins, con el título de: The Discovery of a World in the Moone que luego fue reescrita como: Discourse Concerning a New World and Another Planet (1640), dado el impacto del texto de Godwin. Tales obras también tienen el componente utopista no solo viendo alguna civilización, sino sugiriendo que el hombre puede habitar la Luna.

Y en el mismo siglo XVII, esta vez en Francia, el poeta y escritor Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac del mismo modo va a publicar en dos partes sus ideas de viajes fuera de la Tierra. La primera es: Histoire comique des Estats et empires de la Lune (1657) y Histoire comiqué des Estats et impires du Soleil (1662). Es decir, eran dos historias, una dedicada a la Luna y la otra al Sol. En todo caso, siguiendo la lógica de sus predecesores, su narrador es también observador de civilizaciones extraterrestres, aunque el tono es el cómico o el burlesco, hecho que no quita que la narración presente un mundo, en el caso de la Luna, de modo utópico. En este marco, el mundo de la Luna es fantástico y surrealista, hay aromas y animales que piensan. Los seres que pueblan la Luna son más sabios que los de la Tierra. Como homenaje a Godwin, el autor francés hará aparecer en la historia a Domingo González, explorador español.

Hacia 1785 el alemán Rudolf Erich Raspe, un científico, escribe –en inglés– una historia que hoy circula como novela juvenil: Baron Munchausen’s Narrative of his Marvellous Travels and Campaigns in Russia. Basado en un personaje real, un barón que se jactaba de haber hecho cosas fantásticas, Raspe narra una historia, al modo de una autobiografía, donde el barón llega a diversos lugares y entabla amistad con los habitantes de los sitios que visita; uno de sus viajes es a la Luna donde encuentra un reino donde sus habitantes, principiando con el Rey, se pueden quitar la cabeza a voluntad.

Ya en el siglo XIX, será Edgar Allan Poe que, con su cuento: “The Unparalleled Adventure of One Hans Pfaall” (1835), nos ponga nuevamente en la Luna. Su personaje, un holandés, aprovechando un globo llegará a la Luna y será recibido por una civilización. Su periplo no queda ahí y el mencionado viajero retorna a la Tierra para contarlo, no sin antes enfrentar los problemas del cambio de la atmósfera.

En Francia, Alejandro Dumas también se aventura a imaginar un posible viaje a la Luna. Es su cuento “Voyage à la Lune” (1860) donde un guarda forestal se aventura a un viaje, usando como medio un águila, aunque este lo abandona en el satélite. El personaje tratará de volver usando para el caso la gravedad que permite que los astros giren, se alejen y se atraigan.

Y parangonable con el hito de 1969, del Apolo 11, están los dos libros de Jules Verne, De la Terre à la Lune Trajet direct en 97 heures (1865) y Autour de la Lune (1870). Es un viaje a la Luna en dos partes. La primera, sobre un grupo de desocupados militares que deciden usar un gran cañón e introducir en él una bala gigante con una tripulación a bordo, disparada a la Luna. En la segunda, se trata de contar cómo la bala orbita alrededor de la Luna y cómo la tripulación se las ingenia para volver a la Tierra, aprovechando el movimiento rotatorio de la Tierra y la órbita de la Luna.

De hecho, se podría decir, que ambas novelas de Verne son como bisagras entre el historial de viajes literarios a la Luna y la anticipación más positivista de lo que podría ser, en efecto, un viaje futuro al espacio exterior. Hasta la fecha, quienes se han dedicado al estudio de los viajes espaciales, han hallado en la obra de Verne coincidencias anticipatorias posicionándolo a este y a la ciencia ficción en el contexto de una literatura prospectiva de notable valor.

Luego de Verne hay que citar al libro de H.G. Wells, The First Men in the Moon (1901). La historia es también de un viaje tripulado en una nave preparada por dos hombres hacia la Luna donde se topan con una civilización no humana, la de los selenitas, que viven en cuevas.

En esta “historia”, se debe citar a la primera película de ciencia ficción, la francesa, Le Voyage dans la Lune (1902) de Georges Méliès, filme icónico hasta el presente que usa los motivos o las líneas argumentales y temáticas de las obras de Verne y de Wells.

El español Segundo de Chomón, siguiendo el trabajo de Méliès, también hizo una versión nueva de la película de 1902, con el título de Excursion dans la lune (1909). La variación respecto al filme de Méliès, esta centrada primero en la planeación del viaje a la Luna, el despegue y el aterrizaje –con la bala-nave que se incrusta en el ojo de la Luna–, y luego en el encuentro de una raza de habitantes casi insectoides, con la que entablan una batalla; la película de Chomón es que en lugar de pelear con los habitantes de la Luna, estos les agasajan y el rey les entrega a una mujer para que les acompañe, hecho que lleva a que los terrícolas la rapten y se la traigan a la Tierra.

Pues bien, hay más en el siglo XX. Una buena fuente de consulta al respecto es la entrada en la Encyclopedia of Science Fiction (SFE), en el artículo “Moon” (http://www.sf-encyclopedia.com/entry/moon) escrito por Brian M. Stableford y David Langford. Allá se puede profundizar más sobre autores y referencias literarias.

Los viajes literarios ideados desde Latinoamérica

Ahora quisiera detenerme, en la última parte de este artículo a América Latina y a Ecuador. ¿En nuestro continente y en el país también se ideó el viaje a la Luna?

Para el caso latinoamericano, cabe citar, además la primera obra de ciencia ficción del continente, un opúsculo escrito en Mérida-México en el siglo XVIII. Es Sizigias y cuadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un anctítona o habitador de la Luna y dirigidas al Bachiller Don Ambrosio de Echeverría, entonador que ha sido de kyries funerales en la parroquia del Jesús de dicha ciudad y al presente profesor de logarítmica en el pueblo de Mama de la península de Yucatán; para el año del Señor 1775 (1775) del fraile Manuel de Rivas. Se trata de un viaje a la Luna en un artefacto inventado por Onésimo Dutalón, el cual se encuentra con una sociedad de anctítonas, los habitantes de la Luna, que celebran un congreso en el que analizan la vida en la Tierra porque un habitante de la Tierra les ha pedido una evaluación de la civilización terráquea. Los anctítonas aprovechan el retorno de Dutalón para enviar la respuesta al requerimiento.

Igualmente, de México es: “Viaje a la luna de dos atrevidos alemanes: verificado en 1835 y una sucinta relación de la que observaron en aquel planeta” (1835) por Ignacio Cumplido; en este se narra el viaje por medio de un globo hacia la Luna donde hallan una mina de oro.

Otro texto es de Cuba, una obra teatral, una comedia escrita por Raimundo Cabrera y Bosch, “Viaje a la Luna” (1885). En esta obra en dos partes, se cuenta el viaje de unos cubanos gracias a un artefacto, tipo cohete impulsado por pólvora, los cuales tratan de escapar de la isla; cuando llegan a la Luna hallan los restos de una civilización antes floreciente, ahora destruida por un diluvio, cuyos sobrevivientes son mujeres. Se ha abolido los condicionamientos sociales “burgueses”, aunque también hay restricciones, anticipando, posiblemente a un cierto socialismo.

En Argentina, Leopoldo Lugones escribe “Himno a la Luna”, que forma parte del libro Lunario sentimental (1909). Quizá es un primer ejemplo de cómo en la poesía se puede tratar temas que pueden concernir a la ciencia ficción. Es una evocación de la vida y la muerte en un paisaje gélido.

En México, otro cuento de proto ciencia ficción es “La conquista de la Luna” (1917) de Julio Torri que sigue la línea de Wells.

Ecuador también va literariamente a la Luna

Para el caso ecuatoriano, mis investigaciones para la ciencia ficción nacional escritas para la primera entrada sobre el género para la Encyclopedia of Science Fiction (SFE), “Ecuador” (http://www.sf-encyclopedia.com/entry/ecuador) en 2013 me llevaron al descubrimiento, entre páginas de páginas de consulta, de un cuento de Alberto Arias Sánchez, “Un viaje de prueba”, que forma parte de su libro Ratos de ocio (1896).

El cuento de Arias Sánchez narra la experiencia de un ecuatoriano que sube a la que será, por otro lado, la primera nave espacial de Ecuador, “El cóndor”, manejada mediante un complicado sistema de pedales y de válvulas, el cual va hacia la Luna. El cuento es un retrato interesante que confronta la mentalidad racional, el de su conductor, un extranjero inventor, y el de un ecuatoriano, un quejumbroso querendón de su tierra. Justo cuando están por llegar a la Luna, el autor nos hace caer en cuenta que la idea era una pesadilla. Tal cuento lo introduje en mi compilación, el libro Imaginando a Verne (Campaña de Lectura Eugenio Espejo, 2018), libro que reúne los primeros cuentos de proto ciencia ficción ecuatorianos, escritos imitando o evocando el trabajo de Jules Verne.

Conclusión

El filósofo Walter Benjamin escribió libretos para radio. Estos se pueden ahora leer en libros póstumos suyos de compilación: Radio Benjamin (Akal, 2105, edición a cargo de Lecia Rosenthal) y el Libro IV, Vol 2 de sus Obras (Abada, 2010, edición a cargo de Tillman Rexroth) en este último que leemos: “Artículos ilustrados”, “Modelos de audición”, “Historias y relatos”, y “Miscelánea”. Uno de los libretos se titula “Lichtenberg. Un perfil”, el cual pudo ser terminado para la Radio Berlín en 1933, pero nunca representada ni transmitida.

En tal pieza de radio, Benjamin homenajea a un científico alemán de la Ilustración, Georg Cristoph Lichtenberg, connotado, entre otras cosas por ser uno de los primeros cartografistas de la Luna. El libreto, curiosamente trata –ligeramente como el texto del fraile mexicano Manuel de Rivas antes citado– de un grupo de científicos de la Luna, los llamados “seres lunares” que tratan de seguir los pasos de Lichtenberg en el planeta Tierra; tales seres no conocen la muerte y son curiosos observadores de los avances que hay en la Tierra y de hombres notables. Se sirven de un telescopio para mirar de cerca, del “espectrófono” para oír; del “parlamonio” que les ayuda a traducir las lenguas a la “música de las esferas” que ellos dominan; pero también de un “oneiroscopio”, una tecnología capaz de mirar en los sueños del científico. La pregunta que les mueve a estos científicos lunares es por qué Lichtenberg sufre de desdicha. Entre ellos se dan distintas hipótesis y sobre todo que el sino de la humanidad, como de este científico es que nunca pueden hallar la felicidad pese a sus proezas.

Es quizá el primer y único texto de Benjamin de ciencia ficción. Y es, por otro lado, una historia que mira a la Tierra desde el lado de la Luna.

El ser humano fue a la Luna en 1969, pero Benjamin posiblemente cierra un ciclo de deseos literarios de ir a la Luna, mostrando que hay otra racionalidad que desde afuera mira a la Tierra. Las historias que reseñé cuentan de civilizaciones, de mundos, de personajes, de selenitas que, fantásticamente, pueblan el satélite de la Tierra. Los seres humanos quisieron encontrar dioses, seres distintos, utopías de sociedades distintas en sus historias literarias. Benjamin muestra que hay seres no mortales, ideaciones de seres otros que nos miran. Mientras nosotros pensamos en expandirnos, los seres lunares de Benjamin nos afirman una tesis concreta y que es pronunciada por uno de los científicos de la Luna, Labu. Este dice: “Me atrevo así, estimados señores, en poner en duda el principio en que se basan nuestras investigaciones, según el cual los hombres por no ser felices, no nos aportan nada. Puede que sea su infelicidad lo que los haga avanzar, a algunos tanto como al profesor Lichtenberg, que no solo sus mapas lunares merecen todos los honores que podamos rendirle” (p. 371, en la edición de Rosenthal de Akal). ¿No es el viaje a la Luna –o el deseo de ir a otros lugares del espacio exterior– la muestra de que el ser humano, al no encontrar la felicidad en la Tierra, busca en las utopías de otros mundos exteriores la posibilidad de su realización? Se busca la felicidad y quizá su rostro no esté en un concepto, sino en un lugar que nunca se ha conocido.

 

 


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Magíster en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Actualmente director del Centro de Investigaciones y Vinculación de la Universidad de Los Hemisferios. Es director de la revista científica ComHumanitas. Fue director de la Maestría de Comunicación Digital de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Los Hemisferios. Fue director de la Revista Razón y Palabra. Autor (entre otros) de Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk), Cartografías de la comunicación (2002) y Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004). Imaginando a Verne (2018) e Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018).

 


Foto portada: https://pixabay.com/es/illustrations/luna-chico-libros-nubes-cielo-1275126/

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