Sobre una obra de Serge Gruzinski | Cecilia Dávila Sánchez

Cecilia Dávila Sánchez

 

Octavio Paz escribió que “una sociedad se define no solo por su actitud ante el futuro sino frente al pasado”, por eso la lectura del libro Las cuatro partes del mundo (Fondo de Cultura Económica, 2010) de Serge Gruzinski es imprescindible.

“El rol del historiador es construir un dialogo entre el pasado y el presente”, declara Serge Gruzinski (1949), director del Colegio de Altos Estudios de Ciencias Sociales de Francia y autor de Las cuatro partes del mundo.

Sostiene, además, que la mundialización es un proceso que arrancó en el periodo de la conquista, con el afán expansionista de las monarquías ibéricas.

A mediados del siglo XV, con la llegada de Cristóbal Colón a América y las expediciones de Vasco da Gama en las costas atlánticas de África, el mundo deja de ser eurocéntrico, especialmente por el descubrimiento de imponentes ciudades fuera de Europa.

El imperio ibérico se forma a raíz de la unión de dos coronas –Castilla y Aragón–, pero se fortalece después de la alianza con la monarquía portuguesa y con los viajes de grandes exploradores a los cuatro continentes.

Durante el siglo XVI, América se convierte en el centro del mundo, pues México es el puente que comunica Asia con Europa, mientras Brasil se transforma en el nexo entre Portugal y África.

Las investigaciones de los colonos y el aporte de los misioneros, quienes se dedicaron a estudiar diversas culturas con la finalidad de cristianizar a las poblaciones, respondían únicamente a los intereses de la monarquía.

Según Gruzinski, “no se aprende una lengua únicamente para comunicar y darse a entender o redactar sermones. El conocimiento de la lengua local también permite penetrar los mundos desconocidos donde los europeos se internan” (p. 246).

Una de las cualidades más fascinantes de esta obra son las pequeñas historias a través de las cuales el autor ejemplifica la “mundialización”. Por ejemplo: Domingo Chimalpahin, cronista indígena mexicano, quien tuvo una formación mestiza, en sus escritos aborda las noticias de la época en los cuatro continentes sin salir de México, como cuando se refiere al asesinato de Enrique IV en Francia, o a los cuadros de los mártires de Nagasaki pintados en Macao.

Gruzinsky también relata la historia de María Barbosa, nacida en Évora, quien fue expulsada de Portugal por brujería. En África, María de Évora continúa con la práctica de la hechicería y se convierte en alcahueta. La sentencian y deportan a Brasil, donde nuevamente fue perseguida por la inquisición por actos inmorales, los mismo que empujaron al Santo Tribunal a perfeccionar sus métodos de persecución en los tres continentes. Esta fue otra de las manifestaciones de la mundialización.

La obra concluye con una comparación entre la mundialización ibérica y la mundialización actual, que se ha logrado por medio del cine hollywoodense, a través de conceptos como el mesianismo y el milenarismo, latentes aun hoy dentro de nuestras culturas.

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