Polvo de estrellas | Daniel Veron

Daniel Veron

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Argentina)

 

La desaparición de la nave Sol 2 y del Supremo Garyker, más todos aquellos que le acompañaban, causó un gran revuelo en la Federación y movilizó a varios importantes personajes. Algunos de los principales Pantocratores se interesaron personalmente en el caso, realizando reuniones consultivas en una gran base situada en el Supercúmulo de Virgo. Allí fueron citados, entre otros, los Señores del Tiempo, especialmente Dongede Mistor, el Supremo originario de Andrómeda.

El problema inicial era que Garyker se había alejado mucho más allá de lo que era conveniente, a una edad tan remota que ni siquiera había una comunicación directa. No solo eso; el Estado Mayor del Tiempo ni siquiera poseía un mapa cósmico de la Edad adonde se había dirigido. Peor aún: tampoco sabían qué tan adelante se había trasladado en el futuro. Así que no fue un trabajo fácil para los investigadores rehacer su camino.

Momentáneamente, su lugar en la Federación fue suplido por el sabio Benjs, aquel héroe de la II Cruzada Interestelar y uno de los mayores especialistas en razas no-humanas (NH). No sin cierta sorpresa creyó ver poco interés en Magnus Silversen sobre la suerte de su colega. El Supremo Magnus seguía siendo básicamente un explorador al que no le gustaba ser molestado en sus interminables viajes por el Mar de Galaxias. No era así el caso de Gaspar Thorklind, otro de los hombres que habían contribuido enormemente a entender la inmensidad del Universo y que de algún modo sentía que esto le podría haber pasado a él también.

Dan-El Varonn y Starmack Midas dejaron sus placenteros orbes donde solían descansar de su trabajo y decidieron reunirse con otros kosmokratores en el planeta Crespo, una de las clásicas reservaciones de la Federación, para tocar asuntos de interés general. Fue en ese sitio donde un grupo de sabios liderados por Marshall Brusock logró detectar tenues señales de la época en donde Garyker se había topado con la Flota del Tiempo. Las señales eran increíblemente tenues, pero lograron ser ampliadas y transportadas a pantallas adonde pudiesen ser observadas en detalle.

Esta fue una de las pocas ocasiones en que se reunía un grupo selecto de Supremos, acaso aquellos que habían ido acumulando más poder a lo largo de los siglos. No se trataba, como en las Asambleas Ecuménicas, de reuniones multitudinarias sino de algo para unos pocos. Con enorme interés, los kosmokratores observaron las imágenes provenientes de aquel lejanísimo futuro. Allí estaban las mismas escenas que hemos visto en capítulos anteriores, donde el Supremo Garyker primero se encuentra con la nave Sol 2 y allí él y sus compañeros son recibidos por el almirante Isomeo Somalensis. Podría haber pasado por película, pero lo que estaban viendo era la realidad misma, solo que, gracias a los sistemas temporales de detección, las escenas podían ser pasadas una y otra vez ante ellos como si realmente se tratara de una película. Y eso fue lo que hicieron. Así fue cómo los kosmokratores pudieron observar aquella especie de silueta humana a la que Garyker había llamado El Sembrador. Sin embargo, por ahora todo se detenía allí, ya que luego el rastro se perdía por completo. Sería, pues, necesario realizar un nuevo rastreo hasta dar con la Edad adonde habían ido a parar.

Luego de la proyección, el Supremo Mistor habló:

—Ustedes han oído las especulaciones que han elaborado nuestros compañeros —dijo—. ¿Debemos entender que esto es así realmente o están equivocados?

—Me gustaría oír a nuestro colega, el Supremo Archis Elyssius —respondió Varonn iniciando, en cierto modo, el debate.

—Sabía que iban a preguntarme algo así. Verán: las investigaciones que hemos podido realizar a las Edades más remotas del pasado parecerían corroborar la tesis de Garyker y Somalensis. En un pasado sumamente lejano nuestro Cosmos nació en base al proceso de Big Bang, pero no fue el único. Hasta donde podemos asegurarlo creemos que surgieron un número importante de cosmos proyectados como los espermatozoides en busca de un óvulo.

—¿O sea —intervino Goviner— que lo que hasta ahora hemos llamado UT no es sino uno entre muchos?

—Así es —asintió Elyssius—. El error ha sido dividirlo en UL y UT. El verdadero UT es aquel que contendría infinidad de cosmos y no solamente el nuestro.

—Parece increíble —murmuró Sol Varraiger que también estaba presente—. Si nuestro cosmos ya nos ha parecido inmensamente grande, imaginen lo que será esa estructura que contiene cientos o tal vez miles como él.

—Si estamos en lo cierto —dijo Varonn—, aquello fue una siembra y lo que ahora tienen ante sí Garyker y los otros es otra siembra más. Cada tanto millón de eones podría haber otras tantas siembras de cosmos.

—Hacia atrás y hacia adelante en el tiempo —dijo Midas—. No sabemos con precisión en qué parte de la cadena estamos.

—Bien, pero lo que no debemos olvidar —habló Mistor— es la Casa, el recipiente, el jarrón, como lo quieran llamar, que contiene a la totalidad de tales cosmos. Esto es lo que ha extraviado a nuestros compañeros.

—No va a ser nada fácil determinar qué pueda ser La Casa —dijo Varonn—. Piensen en que no se trata de nada que sea mensurable para nosotros, de lo contrario ya lo tendríamos bien clasificado.

Efectivamente así era. Todos los intentos que se hicieron para localizar la trayectoria seguida por la Flota del Tiempo fueron inútiles. En principio, no se podía saber qué tan al futuro se habían dirigido. Además, cuanto más lejos se hallara de algún cosmos menos posibilidades habían de detectarla por ningún medio. Si no habían muerto, los exploradores habían ingresado en un territorio completamente desconocido. Las reuniones se suceden y tanto kosmokratores como pantocrátores intentan dar con una solución. En cierta oportunidad, Varonn dijo a sus compañeros:

—El recipiente, para serlo, debe tener una existencia independiente a la de los cosmos. De otro modo desaparecería junto con ellos, ¿verdad?

—Desde el punto de vista humano sería casi eterno —respondió Mistor—. Por más que obtengamos una edad, esa cifra superaría a la de cada siembra de cosmos.

—En tal caso —insiste Varonn— dicho recipiente existe también en la actualidad. ¿Por qué no lo investigamos ahora?

—Corremos el riesgo de que nos suceda lo mismo que a Garyker —dijo entonces Thorklind—. Nos apartaríamos tanto de todo lo conocido que también desapareceríamos.

—No me refiero a eso — replica Varonn—. Nuestros compañeros se han dirigido adonde no había nada. Veamos entonces en qué se acomodan los cosmos vistos por Garyker. Si lo comparamos con resultados actuales, de esta siembra, podríamos ver, por lo pronto, adónde no buscar. Ese sería un principio.

La teoría fue discutida un tiempo más hasta que, finalmente, los equipos fueron preparados para volver a ver el nacimiento de los minicosmos vistos por Garyker en el momento mismo en que eran sembrados en el vacío. Una serie de complicados cálculos demostraron que, si bien los cosmos se abrían como los pétales de una flor, su distribución y proyección, luego, no eran iguales.

—Es increíble —dijo Midas—. Estos cosmos no avanzan en el vacío como si realmente estuviera vacio sino que, más bien, se acomodan en el vacío de acuerdo a ciertas leyes.

—¿Saben? —dijo Varonn—. Se me hace que La Casa no está tan vacía como algunos creen.

—Me parece que ya lo entiendo —intervino Varraiger—, Garyker y los demás olvidaron a los cosmos anteriores, ¿no es cierto? Tal vez no desaparecen nunca, sino que simplemente se transforman en otra cosa, pero ocupan un lugar.

—Estas imágenes —insiste Varonn— nos muestran que hay nuevos cosmos que un día ocuparán el lugar de los actuales; y los actuales quizá ocupan el lugar de otros más antiguos aún.

—Pero ¿es el mismo lugar exacto o solo un lugar cercano? —interroga el Supremo Mistor.

—Como La Habitación parece ser bastante grande, hay lugar para todos —responde Varonn— Si no tendríamos que pensar que ella es invadida por cosmos que se van desplazando unos a otros.

—Aún en ese caso —sugiere Elyssius—, parece confirmarse que los cosmos no se destruyen sino que solo se transforman. Me pregunto qué características tendrá el nuestro dentro de 100.000 millones de eones.

A todo esto, los equipos de alta tecnología de la Federación van trazando mapas cósmicos de la zona de donde reciben las señales. Aunque los resultados son prematuros, todo parece indicar que en la nueva siembra de cosmos éstos se dirigen a un sector ubicado hacia el N de lo que podría ser, efectivamente, La Casa. Luego, estos datos son cotejados con mapas cósmicos de la actualidad. Aquí va evidenciándose que nuestro cosmos y otros semejantes se dirigen, en cambio, a un sector diametralmente opuesto de los que surgirán en la nueva siembra. Los Supremos estudian los mapas durante largo tiempo.

—Los más nuevos van al Norte y los viejos al Sur —dijo Thorklind con cierto entusiasmo.

—Más bien creo otra cosa —replica Varonn—. Lo que estamos viendo es un arriba y un abajo. Señores, La Casa no es una casa: es un Edificio de varios pisos.

Por un instante reina un completo silencio en el recinto.

—Supremo —dice Mistor— si esto es así, lo nuevo va arriba y lo viejo cae al suelo. En tal caso ya sabemos cómo se transforman los cosmos: en polvo cósmico, el cual generará luego a otros más nuevos que subirán hasta que también caigan y así en un ciclo sin fin.

—Nuestros compañeros, entonces, se han dirigido a los costados —añade Varonn— adonde no hay otras estructuras. Es allí donde debemos buscar.

Pero antes, todos estuvieron de acuerdo en que había una manera de comprobar si todo esto era realmente así. Para eso había que dirigirse al Sur cósmico, aún en la edad actual. Enviando rayos trimen, dicho haz atravesaría la estructura de nuestro cosmos y saldría adonde, aparentemente, había otros más viejos aún, de una siembra anterior.

El experimento llevó varios días hasta ser preparado. Que supieran, era la primera vez que se intentaba algo así. Un rayo enviado por el MH debía salir del cosmos y ofrecer imágenes de estructuras de las cuales hasta ahora nada se sabía. Enorme fue entonces la expectativa cuando todo estuvo listo. El grupo de Supremos en pleno, estaban en la sala de audiencias de Crespo para ver si sus teorías eran correctas o simplemente se habían dejado llevar por la imaginación.

Por primera vez algo ideado por el MH abandonó el Universo y salió a un espacio que visiblemente era semejante. Las imágenes que llegaron eran nítidas e increíbles. A lo lejos se distinguían claramente formaciones de estrellas y galaxias primitivas que pertenecían a otro cosmos mucho más antiguo. Esta era la prueba irrefutable.

—Amigos —dijo Varonn emocionado—, estamos viendo otro universo. No es coetáneo del nuestro porque está más abajo en La Casa y es mucho más antiguo. Pertenece a otra siembra.

Todos los reunidos contemplaron en silencio aquellas maravillosas imágenes. Todo lo que contemplaban era semejante a lo que estaban acostumbrados a ver en nuestro cosmos y, sin embargo, también era diferente. Allí existían muchas estructuras que ahora eran bidimensionales y en otro tiempo tal vez habían sido rutilantes galaxias. Lo que en otro tiempo fueran gloriosas estrellas ahora eran pedacitos de luz titilantes en inmensidades de oscuridad. Todo, absolutamente, evidenciaba desolación. Quizá eso mismo es lo que ocurriría algún día con nuestro cosmos y otros de la misma Edad.

Pero el experimento continuó con tanto éxito, que al cabo de pocas horas pudieron ver otros cosmos, todos idénticos entre sí, pertenecientes a un mismo nivel de profundidad en el Edificio.

—Esto es algo que supera todo lo que habíamos imaginado —dijo Varonn—. Lo que vemos es algo así como un depósito de cosmos, de estructuras que ya no sirven y que han sido abandonadas para ser reemplazadas por otras. Todo esto nos demuestra un accionar inteligente que está mucho más allá de lo que podemos captar. Es más: en última instancia da la impresión de que en La Casa todo termina siendo reciclado, algo que parece imposible de no haber una o más inteligencias actuando. Jamás podría existir todo esto por sí solo.

—Yo también veo algo muy importante —intervino Midas—. Estos cosmos desgastados son algo así como las historias que no pudieron ser. Quién sabe cuántas clases de vida habrán albergado pero que, sin embargo, llegaron a su fin por causas externas a ellos mismos. Ahora también sabemos que esto es lo que ocurrirá un día con nuestro cosmos y ahí es entonces cuando el MH no tendrá escapatoria.

Varonn se quedó mirándolo en silencio unos segundos y luego repitió:

—Las historias que no pudieron ser… Las historias que no pudieron ser… ¡Pero ahora lo sabemos! Podemos modificar la historia cósmica de tal modo que eso nunca suceda. Si lo deseamos, ahora mismo estamos en condiciones de revertir el proceso de envejecimiento cósmico y cada cosmos dará de sí mucho más aún.

Los demás lo miraron con cierta incredulidad más Varonn insistió:

—Señores, la prioridad es buscar y recuperar al Supremo Garyker y sus compañeros. Pero luego… ¿Quién de ustedes querrá acompañarme?

—¿A qué se refiere, Supremo? —interrogó Varraiger.

—Es muy simple. Si intervenimos en el proceso de cada cosmos la historia seguirá transcurriendo en ellos y tal vez ni siquiera se necesite de nuevas siembras para llenar La Casa.

—Pues quizá el Sembrador tenga otras propiedades en donde sembrar —murmuró Elyssius.

—Pero también cada uno de nosotros dispondrá de un cosmos completo para desarrollarlo como desee —concluyó Varonn. Y señalando la inmensidad primitiva que se veía por las pantallas añadió: — Los invito a que cada uno de ustedes señoree sobre un universo completo.

Todos asintieron y se pusieron inmediatamente manos a la obra.

 

 


Daniel Verón (Buenos Aires, 1957). Escritor argentino, autor de obras de fantasía y ciencia ficción entre cuentos y novelas. Sus obras recientes representativas son: La exploración del universo (Tahiel, 2018) y Nuestros días en el sistema solar: más allá de Júpiter (2018).

 

 


Foto portada: https://pixabay.com/illustrations/planet-stars-space-sci-fi-nebula-3725082/

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