“El maestro y margarita” de Mijaíl Bulgákov | Fabricio Guerra

Fabricio Guerra

 

Poncio Pilatos, quinto procurador de Judea, lleva penando dos mil años por haber condenado de forma cobarde e injusta a Joshua-Cristo a morir crucificado. Entonces, Margarita y el maestro, montando portentosos corceles, arriban a los avernos para abogar por el procurador, logrando que Voland-Satanás lo libere y lo envíe a conferenciar con el propio Joshua.

Tras escribir un libro sobre tales sucesos, el maestro es censurado por los funcionarios de la Unión Soviética, quienes lo acusan de hacer apología del cristianismo y de ejercer militancia contrarevolucionaria, convirtiéndolo así en paria dentro del mundillo literario, y alejándolo de Margarita, la mujer a la que ama con obstinación.

Entonces, al más genuino estilo faústico, Margarita pacta con Voland para retomar su relación con el maestro, aunque aquí no hay alma de por medio como moneda de cambio, pues Voland no impone el mal, sino que más bien lo visibiliza e imparte castigos a quienes sí lo practican, poniendo en flagrante evidencia a los que, lejos de toda moral solidaria y socialista, siguen sucumbiendo al dinero y las conveniencias.

Geniales resultan los integrantes del elenco “diablil” que llegan al Moscú bolchevique del siglo anterior para poner las cosas de cabeza: Voland, Fagot, Asaselo, Abadonna, Guela, cautivan de principio a fin. Y más aún, Popota, el gato parlante de tamaño descomunal y negro pelo, que no se cansa de dar lata por todo, y hasta tiene la osadía de retirarse de una partida de ajedrez ante el gran Voland, pues previendo su inminente derrota, alega que no ha podido concentrarse en el juego debido a las envidias e intrigas de las que ha sido víctima. ¡El pobre gatito!

Relato polifónico, fantasmagórico, satírico, complejo. Novela colosal e incombustible ya para siempre, porque como bien lo sentencia Voland, sabio por viejo y por diablo, “los manuscritos no arden”. Por eso, El Maestro y Margarita (Alianza, 2006) sobrevivió a todas las hogueras que en la vida real, los rojos censores le tenían preparadas. Su lectura constituye una aventura, una temeridad, una completa locura que implica fundir realidad y fantasía en una nueva dimensión en la todo puede suceder: viajes en escobas brujiles, rublos devaluados que mutan en dólares, gatos inmunes a las balas, trajes de vestir que hablan y escriben solos, ranas que entonan piezas corales…

Tanta creatividad y talento desplegados a cada línea no tardan en obnubilar y maravillar al lector, quedando al final resonando el eco perturbador de una metistofélica vocecilla que sigilosa nos dice al oído que, quizás lo mejor de la vida sucede justo cuando prescindimos de la razón, esa señora aburrida que pretende cortarnos toda inspiración atándonos a su cuadrícula. Y aquella voz, suena tan subversiva como peligrosa.

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