Notas sobre la producción editorial en Ecuador | Iván Rodrigo Mendizábal

Iván Rodrigo Mendizábal

 

Casi siempre se oye decir que “Ecuador no lee” o que en “el país se lee media página”. Alguna vez, algún informe, del cual se hicieron eco los medios de comunicación masivos, sembró tales ideas que, como una perogrullada, se siguen repitiendo.

Pero cabe preguntarse siempre si estas voces y afirmaciones son ciertas. Quizá una presunción inicial, para romper con la mala publicidad, es afirmar que el libro sigue vivo en el país. Y los lectores también. Alguien dirá que el libro es un artículo de lujo, por lo que las ediciones son caras, lo que limita su acceso. Y otro dirá que ya cada vez menos la gente acude a las librerías y que el consumo es por internet, ya sea comprando libros digitales o bajando libros en pdf, algunos ya clásicos y accesibles y otros pirateados, igualmente disponibles en redes. La cuestión es que uno se sorprende si es que revisa otro tipo de datos.

Solo para rebatir a los que lanzan voces contra el libro, quisiera acudir a las cifras que la Cámara Ecuatoriana del Libro publica en sus boletines. El más reciente es “El libro en Ecuador 2018: estadísticas y datos ISBN”. Tal documento presenta los datos del pasado año y los compara con los de 2017.

Llama la atención, según el mencionado informe que el libro se sigue produciendo con cierto ímpetu en el país. El siguiente gráfico lo esboza:

¿Estamos ante la evidencia de que se produjeron 5253 títulos en el 2018, frente a los 5246 del 2017? Sí, eso es, una interesante cantidad de títulos nada despreciable para un mercado, como el ecuatoriano en tan solo un año. Claro está que tal cantidad de títulos representa, comparativamente similar al 1% de lo que Ecuador produjo en el 2017 en el contexto latinoamericano y europeo, de acuerdo al informe El espacio iberoamericano del libro 2018, informe presentado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), organismo auspiciado por la UNESCO, el pasado año. Tal producción ecuatoriana se puede apreciar precisamente en este gráfico del mencionado informe:

Si Ecuador representó un 1% en la producción librera, Brasil se llevó un 29%, constituyéndose a la fecha en el país que edita más libros en el continente, seguido de Argentina y México con 9% respectivamente. Con todo, América Latina, en conjunto representa un 64% de la producción de libros en el contexto iberoamericano, siendo España el que le sigue con apenas 30%. ¿Quiere decir que Latinoamérica empieza a cobrar protagonismo con su producción, enfrentando a la otrora potente industria editorial española? Quizá habría que decir que tanto escritores latinoamericanos como españoles siempre publicaron hermanados allende los mares. ¡Y más aún los ecuatorianos!

Incluso, si observamos el panorama de producción por sector productivo, considerando los ISBN registrados a nivel continental, se constatan los siguientes datos, de acuerdo al CERLALC:

Es evidente que en el continente la participación en la producción de empresas editoriales comerciales es relativamente alta, con un 40%, frente a las empresas privadas no editoriales, con un 35%; cualquiera sea el caso, en Latinoamérica el libro es impulsado por inversores privados, en tanto “otros” –autoediciones, auspicios…– intervienen en el mercado con un 9% y las editoriales universitarias y las entidades públicas participan con un 8%. ¿La Casa de la Cultura Ecuatoriana, antes una editorial importante en Ecuador participa en algo de ese pequeño rubro de editoriales del 8%? De hecho, parece que sí, lo que implica que su participación en el panorama cultural literario es incipiente. Ni qué decir de entidades estatales como el Ministerio de Cultura, venida a menos en sus inversiones pro-libro.

En todo caso, dentro del panorama anterior, ¿importa que Ecuador represente un 1% de la producción iberoamericana? Para los efectos de las exportaciones o de las importaciones de libros probablemente sí, aunque en sentido contradictorio, pero para el mercado local, para el mundo que lee o consume libros en Ecuador, para los que incluso pueden apersonarse a lo que es ecuatoriano, la cifra de 5253 título es realmente significativa.

Y en este marco, ¿a qué áreas corresponden la cifra de títulos señalados? El informe de la Cámara del Libro Ecuatoriana nos muestra lo siguiente:

Los libros de “interés general” son aquellos que son de referencia y comprenden libros de literatura, filosofía, sociología, etc.; estos representaron en el 2017, 45% (2285 títulos), lo mismo que en el 2018 (2241 títulos).

Los libros “científicos”, implican también a los técnicos y profesionales, sobre todo, los que han sido producidos en el ámbito universitario. Estos ocuparon el 35% (1727 títulos) en 2017 y el 30% (1501 títulos) en el 2018.

Los “didácticos” comprenden básicamente a los libros escolares y otros. Estos en 2017 llegaron al 24% (1148 obras), frente al 29% (1417 títulos) de 2018.

Y los “religiosos” se dieron en un 4% (86 títulos) en 2017, siendo este el mismo porcentaje (94 títulos) para el 2018.

Pero si se desglosan más los datos presentados por la Cámara del Libro Ecuatoriano, se constatan las siguientes cifras:

Nótese, en el cuadro anterior, que la mayoría de los títulos proceden del campo de las ciencias sociales en ambos años: 2452 títulos en 2017 y 2494 títulos en 2018. Otro rubro importante es de la “literatura y retórica”, siendo 998 títulos para 2017 y 1026 para 2018. Adviértase, en este campo, la ligera alza de títulos.

En concordancia con esto último, ahora apreciemos los datos por temas:

Concentremos nuestra atención a los títulos cuyos temas son: “literatura infantil”, con 424 títulos en el 2018; la “novelística ecuatoriana”, con 266; y “poesía”, con 136 títulos; incluso los textos de “literatura ecuatoriana” –ensayos…–, con 45 títulos.

Lo que queremos que el lector se convenza de que, del grueso de las producciones ecuatorianas realizadas en el año 2018, un buen número corresponden al dominio de la literatura infantil, de la novelística, de la poesía y de los ensayos. De ellos, son, en efecto, 266 novelas, las que se debe advertir en el panorama de la producción literaria ecuatoriana del año pasado. ¿Dónde están todos esos títulos? ¿Se los puede conseguir en las librerías locales? ¿Hay difusión de tales títulos? ¿Hay referencia sobre cada uno de dichos títulos? ¿Hay crítica literaria que se aproxime, aunque sea, solo a mencionarlos de paso?

A todas las preguntas anteriores, es debe decir que desconocemos el paradero, salvo algún puñado que se promociona o se autopromociona, de novelas ecuatorianas –dejemos de lado intencionalmente las otras producciones, para que el lector se sienta impulsado para preguntar–.

Y alguien quizá inquirirá que hoy en día el mercado es más digital que analógico. Las cifras del informe de la Cámara del Libro Ecuatoriano nos dicen lo siguiente para el año 2018:

Dicho de otro modo, lo que se produce en el país, en un 69,52% son libros impresos en analógico, es decir, en offset, en papel. Las publicaciones de tipo digital, para ser distribuidas como ebooks, como libros digitales, llegan a 22,06%. Quiere decir que el mercado sigue siendo del libro de papel. Algo similar ocurrió en Latinoamérica en el 2017, de acuerdo al CERLALC:

La producción de ebooks en 2017 sobrepasa el 25%, mientras el restante sigue siendo libro de papel. Nótese, empero, que la producción de libros digitales tiene un alza ligera, casi imperceptible entre 2013 y 2017. Y para redundar en este último ámbito, vemos el siguiente gráfico respecto a la proporción de títulos por país en cuanto a libros digitales:

Los países que han debido encarar producciones en formato digital son Venezuela y Cuba, sobrepasando el 40%. Es claro que el déficit de papel y la crisis de materiales de producción en ambos países es una característica. Pero también podría pensarse que tal tipo de producción también obedecería a cuestiones de innovación. Es posible pensar esto en el caso de Brasil, si se considera que hasta un 30% de su producción ya tiene que ver con lo digital, seguido por Colombia y Costa Rica, además de Ecuador.

Cuestión notoria, por otro lado, es el crecimiento de editoriales en el país. Observemos el siguiente gráfico:

Evidenciemos que hay una apuesta a la industria editorial que ha crecido paulatina y considerablemente entre 1987 y 2018. En este último año habría 646 editoriales, aunque sus ingresos no son necesariamente altos.

Según este otro gráfico, la mayor tasa de concentración de editoriales está en Quito, llegando a 448 empresas o sellos.

El CERLALC, incluso nos muestra, para el caso ecuatoriano, donde los autores son también sus propios editores o abrieron iniciativas de apoyo editorial arriesgando su capital, pero sobre todo, apostando a seguir abriendo el mercado:

En este sentido, en Ecuador habría 1201 iniciativas de autor-editor frente a otros agentes editoriales. En el conjunto latinoamericano, la participación temática sería en el ámbito de producción de obras literarias o de pensamiento respecto a la literatura. Así, considérese el siguiente gráfico:

El ítem 800 “Literatura y retórica” (barra verde), en efecto, ha ido creciendo entre 2013 al 2017.

Y frente a todo este panorama descubierto, ¿siguen cabiendo las afirmaciones de sentido común que se siguen diciendo en ciertos círculos respecto a la lectura, al consumo de libros en Ecuador?

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