La cura resulta | Carlos Enrique Saldívar

Carlos Enrique Saldívar

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Perú)

 

Sí, somos culpables. ¿Cuántas estupideces ha cometido el hombre en pos de salvaguardar la civilización? Los errores han sido incontables, aunque creo que a estas alturas los hemos cometido todos.

Yo he estado en la cúspide de ambos proyectos. El primero fue el de la reanimación. Se avizoró un modo de prolongar la existencia de los cadáveres: los muertos no perecían, los zombis se convirtieron en una realidad y podíamos utilizarlos como armas de batalla. Solo, de esa manera, habríamos de ganar la guerra con los países del Norte y ¡vaya que lo conseguimos!, nuestro éxito fue abrumador. Nada podía salir mal, se suponía que teníamos control total sobre los autómatas.

No obstante, hubo un momento en que hallaron el modo de mutar, por comer demasiados cerebros humanos. Los zombis evolucionaron y ya no pudimos desactivarlos una vez terminada su misión soldadesca. Fue cuando arrasaron con el resto del mundo, cruzaron los mares y atacaron otras tierras. Por supuesto, también llegaron a nosotros: sus creadores y nos agredieron de manera devastadora. No había forma de matarlos, ni destruyéndoles los sesos.

Sin embargo, a nuestro equipo de investigación se le ocurrió una idea.

Podíamos acceder al ADN de los dinosaurios carnívoros por medio de los fósiles de los mosquitos y, tras muchas pruebas, descubrimos que cuando una de estas bestias se comía un zombi, lo mataba al digerirlo: las heces de los reptiles estaban totalmente muertas.

Por eso pusimos manos a la obra y llenamos el mundo de dinosaurios.

Al principio, actuaron con efectividad. Los teníamos bajo control también, desde luego, podíamos darles muerte cuando quisiéramos y les teníamos prohibidos atacarnos. Empero, cuando terminaron con el último zombi, y pensamos que todos nuestros problemas habían acabado con la desaparición de los reanimados, nos percatamos de que los reptiles ya no obedecían nuestras órdenes. Habían mutado también, al consumir carne no muerta.

Ahora los dinosaurios se alimentan de humanos. Nos cazan. Nos tienen cercados y parece que lograrán extinguirnos en breve.

Se nos ocurren nuevas ideas; no sabemos si ponerlas en práctica porque ya la jodimos antes. Sí, somos culpables; de lo sucedido y de lo que vendrá. Somos hombres, ¿qué se puede esperar de nosotros? Toda medicina tiene efectos secundarios… desgraciadamente.

 


Carlos Enrique Saldívar (Lima, 1982). Director de la revista Argonautas y del fanzine El Horla; miembro del comité editorial del fanzine Agujero Negro, publicaciones dedicadas a la literatura fantástica. Director de la revista Minúsculo al Cubo, dedicada a la ficción brevísima. Finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. Finalista del Concurso Guka 2017. Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008, 2018), Horizontes de fantasía (2010); y el relato El otro engendro (2012). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011), Ciencia Ficción Peruana 2 (2016) y Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror (2017, 2018).

 


Foto portada: https://pixabay.com/photos/the-syringe-glove-medical-blood-1291129/

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