El Sísifo de Bulgákov y su metamorfosis en “El corazón de perro” | Mayra Aguirre Robayo

Mayra Aguirre Robayo

 

Mijáil Bulgákov.

Los riesgos de preservar la literatura y las obras de teatro se tornan estrafalarias en regímenes revolucionarios que abrieron un paso diferente humanista en los inicios del siglo XX. Las cartas de Bulgákov a Stalin, entre 1929-1938, evocan los quiebres de los poderes públicos y que reflejan el miedo platónico con los poetas en la modernidad. Si la dramaturgia y la literatura no germinan en los públicos, el arte fallece.

Stalin (Secretario General del Partido Comunista que heredó el cargo antes de Lenin) conocía el teatro de Bulgákov. Había disfrutado de sus obras entre diez y quince veces: Los diez días de los Turbín –convulsiones de los hermanos en el invierno de Kiev del 1919-1920– y El apartamento de Zoika –visiones de la NEP de la Revolución Rusa–. Las dos dramaturgias datan de 1926 y, La isla púrpura (1928), escenifican a las formas vivenciales de régimen soviético. La libertad artística fue lacerada. La crítica al poder staliniano le confinó al “inframundo” al mencionado escritor y dramaturgo. De las trescientas críticas, solo tres eran laudatorias. Cual Sísifo, según los críticos, era castigado de subir en una colina una piedra, que nunca llegaba a la cima; cada vez volvía a rodar hacia abajo (sima).

Las cartas de Bulgákov a Stalin se derivaban también a Alexei Makisimovich Gorki (jefe del Servicio de Bellas Artes). Se anunciaba como “literato”. Datan del 1929 a 1938. El escritor protesta por la permanente prohibición del régimen socialista de sus obras de teatro: Los días de Turbín, La isla púrpura, El apartamento de Zoika; ensayos críticos; la novela, La guardia blanca (la prensa cambió su final; metida de mano considerada por el escritor, infame). El literato se ponderaba como representante de la inteligencia rusa. A diferencia de La guerra y la paz de Tolstói que impregnaba a representar a la inteligencia como el mejor estamento de la nobleza. Sus relatos, Notas sobre los puños de las camisas, fueron aislados de su edición. Bulgákov termina solicitando ser expulsado de la URSS con su tercera esposa (Luibov Evguénievna Bulgákova) y evitar que su obra sea sustraída. 1929 coincide con la salida de Trotsky y rebota en la supremacía del stalinismo. Su prosa se la declara apolítica, a pesar de que Bulgákov pretendía colaborar con el poder soviético. La GPU (Poder Unificado Ruso) era el sustractor de voces no consideradas por Stalin.

Las críticas de la prensa al héroe de la obra de teatro Los días de los Turbín y a Hijo de puta denominaron a Bulgákov chochez de perro. Con semejante poder stalinista, su obra, Corazón de perro, recién se la publicó en 1987, a pesar de que se la escribió en 1929. El periódico Pravda en 1926, lo calificó de descendiente neoburgés. La doctrina marxista suprema en la conciencia de la lucha de clases y la dictadura del proletariado desde Stalin asentaba un epitafio en la libertad del arte. Visto, así, en el mundo contemporáneo actual.

La crítica soviética apelaba a que se convierta en un prosista comunista que sus contradicciones políticas las escriba entre comillas.

La isla púrpura fue declarada mediocre, mezquina, líbelo, mientras Bulgákov se autodefinía como escritor místico. Le favoreció la prensa germánica y Bulgákov aplaudió la libertad de prensa. El stalinismo lo nomina satírico: pulverizador del régimen soviético. El escritor se consideraba por encima de los rojos y los blancos. Fue borrado de la lista de dramaturgos. El literato se revestía como actor y realizador especializado; siempre dispuesto a montar desde obras de Shakespeare hasta su diversa dramaturgia. Pide que se le permita salir con su esposa de la URSS, ya que no se permite ni ser tramoyista. Su imagen en el extranjero es encomiable. Ya, basta, de verse abocado a la miseria, a la calle y a la muerte. Logró conversar con Stalin el 18 de abril de 1930. Al fin, se comunican. Pues, pasó escribiendo cartas y cartas, y nunca se las envío. No quería ser criticado como fue el escritor Pushkin por Nicolás I. Desde finales de los años 30 sufrió neurastenia con ataques de miedo, estado de angustia cardíaca. Se sentía perseguido como un lobo. No tenía rencor; solo estaba cansado. Las almas muertas de Nicolái Gogol la montó en teatro. Moscú fue el verdadero escenario de su arte. Se vinculó al Teatro de Arte de Moscú. Vivió 49 años desde su nacimiento en Kiev y falleció en Moscú en 1940 aquejado de problemas renales. La traducción es ahora de Víctor Gallego del prólogo de Marcelo Figueroa (escritor y cineasta argentino).

El corazón de Perro de Bulgákov tiene que ver con alguien que se declara animal obstinado, a pesar del frío y del dolor físico. No le importa tomar agua hirviendo y extraña la kasha (comida popular rusa). El perro es criticón. Se figura como un Tarzán cuando era perseguido por el stalinismo. Todos los personajes de la novela son distópicos. La dactilógrafa con sus 45 rublos no podía ni acudir ni al cine, a pesar, de que constituye un consuelo humanista. El recurso lingüístico: ¡wuu wuhu, wuhuhuhu, huuuuu! Refiere, en la novela, a las lamidas de los papeles de grasa de los salchichones arrojados en la calle. La palabra basura que se registra en la novela, envuelve la ira e ironía contra el régimen stalinista. Puede ir al pasto de Sokolniken y curar sus heridas. Ha sido pateado el perro en el vientre, el centro de nuestro hara (centro de contacto entre el cuerpo y el alma). No es un perro Bola, cuyo paladar disfruta de manjares. ¿Es tal vez de los blancos? En El corazón de perro, Filip Filipovich Preobrazhenski, es el médico que transforma la hipófisis del perro con la de un muerto borracho. Es el rey de los perros: se miran de reojo con Fiodor Pablovich. Todos los perros (los 40 mil canes rusos). Inclusive en El corazón de perro, husmean, levantan el hocico, tienen piojos… Zina le prende del pescuezo… los perros son rusos granujas. Showonder, administrador del edificio, racionaliza la distribución de vivienda… la distribución de cuartos, que era un requisito proletario de revolución socialista. El personaje Filip Filipovich, el médico, al transformar al perro en un monstruo es una crítica a la falta de espacio que el arte crítico padecía en una sociedad blindada por la persecución y la imposición. La espada orwelliana se atraviesa. No hablar de bolchevismo ni de prensa. Amarrarse los labios y atarse el pensamiento. La distopía era parte del alma de los personajes. Las galochas (protección del calzado tipo zuecos) y la calefacción central no congeniaba con la revolución. Bola no deja de participar… pensaba en las reuniones públicas. El socialismo desde lo utópico es solidaridad. La primera revolución proletaria de 1917, dirigida por Lenin, tiene un siglo de su acontecimiento. Me pregunto: ¿El Corazón de perro de Bulgákov, no ha sido un parámetro ético del poder transformador? El orwellismo ha permanecido en el seno social y artístico. Bulgákov, al final nos alerta con su novela de los desdenes que fabrican todos los poderes. ¿Entonces, no hay contrarrevolución? No pretendo realizar una reseña de El corazón de perro, sino una lectura alusiva a la crítica que depara el monstruo perro como reflejo de las libertades coartadas. Todos los personajes son distópicos. Rechazan en su diegética la dureza del gobierno soviético.

Acude a mi mente la obra de Mary Shelley (1791-1851), escritora londinense promotora, en el ambiente victoriano, de los monstruos de la ciencia ficción en la novela y en el cine. Sus varios embarazos y un único hijo que sobrevivió le acomplejaron de tal manera que terminó escribiendo la obra de terror Frankenstein o el moderno Prometeo. Hija de una activista de los derechos y novia a los 16 del poeta Percey Shelley, con una relación que le conectó con escritores como Byron (poeta inglés), con quien realizó una apuesta y nació la novela que ha precede a Corazón de Perro de Mijail Afanásiev Bulgákov.

Nosferatu (1979) de Werner Herzog (director alemán) es una de las películas basada en las novelas de terror y adaptada de la novela más famosa de Bram Stoker, en la que actúa Bruno Ganz (que acaba de fallecer de un cáncer de intestino). Este desempeña a Hutter, el joven que visita al Conde Orlok (Klaus Kinski) sin saber que es un vampiro. Al día siguiente se levanta con señales de colmillos en su cuello.

Recordar al actor suizo es parte de mi homenaje a la fabulosa actuación que ha desempeñado en su vida fílmica. Su actuación como Hitler en la película La caída (2014) en el hundimiento del nazismo alemán. Vale la pena mencionar este filme, si criticamos al stalinismo soviético con la novela Corazón de perro de Bulgákov.

La última película de Guillermo del Toro (cineasta mexicano), La forma del agua, gana Óscares a la partitura original, mejor película y diseño de producción, en 2018. En Guadalajara se está exponiendo En casa con mis monstruos. La muestra reúne 950 (colaboró con Eugenio Caballero, director de arte del filme Roma), con el fin de afianzar y oficio y su identidad. La exposición la llevará por todo México. La muestra exhibe esculturas, grabados, libros, pinturas, cómics, ropa y objetos de sus películas. Su amor a los demonios refiere al cineasta niño con dientes de vampiro. En un ambiente victoriano hay máscaras, vestuario, bocetos, películas como: Helloboy, Blade, The Shape of Water, Pacif Rim, Crimson Peak.


Mayra Aguirre Robayo. Columnista de La Hora, docente universitaria (UTE), periodista, socióloga, crítica de cine y crítica literaria.

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