Un amigo inesperado | Gianmarco Farfán Cerdán

Gianmarco Farfán Cerdán

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria desde Perú)

 

Era la tercera vez que Mario lo golpeaba en el estómago, en la calle, a pocas cuadras del colegio. Y aunque trataba de defenderse, para Luciano era difícil contrarrestar el metro noventa del abusivo adolescente. La diferencia de altura, de veinte centímetros, marcaba una ventaja insalvable.

Luciano se había prometido a sí mismo no contar nada de este repetido bullying a sus padres ni a sus dos hermanos mayores Fabián y Tomás. Quería sorprender a Mario la próxima vez que él lo buscase en la calle, regresando a casa, y darle su merecido. Por eso se ejercitaba con muchas planchas y abdominales en su cuarto desde la primera vez que le pegó. También se compró unos suplementos vitamínicos (gracias a una sustanciosa propina que le pidió a su tío Fernando, quien iba varias veces a la semana al gimnasio) para sentirse más fuerte.

Mario le había agarrado cólera a Luciano porque estaba enamorado de Lourdes, pero ella no le hacía caso en las clases ni a la hora del recreo ni a la salida y, en cambio, sí le daba alas a Luciano. Es más, parecía que ambos se gustaban. Siempre se buscaban y conversaban mucho. Reían de todo. Incluso, se llamaban con diminutivos cariñosos: “Lulicita” y “Lucianillo”. Escucharlos llamarse así llenaba de ira al grandote pegalón.

Darle su merecido al celoso de Mario, para que nunca más le encaje un solo golpe, se había vuelto un verdadero reto para Luciano. A sus dieciséis años, sentía que era una prueba de amor propio y una forma de volverse más hombre, más adulto. Una manera efectiva de dejar la adolescencia.

Le pidió a su hermano Tomás que le recomendase algunas películas de box, porque quería aprender.

—Tienes que ver toda la saga de Rocky, que protagoniza Sylvester Stallone. Sobre todo, las dos primeras películas.

—¿Has visto la saga completa, Tommy?

—Unas tres veces, hermanito. Rocky es un guerrero de la vida.

El día esperado llegó muy pronto.

El martes de la semana siguiente, Luciano salió rápido del colegio. Lourdes le pidió que se quede un rato más para conversar sobre unas dudas que tenía en el curso de Historia Universal, pero él no pudo. Su madre le había pedido que llegue temprano porque iban a comprar juntos un obsequio grande para la abuela Marina, a quien Luciano adoraba.

Tras caminar cinco cuadras, cuando pensó que nadie lo seguía, Mario gritó su nombre, como una declaración de guerra. Luciano volteó. Se sintió como esos pistoleros que usan sombreros vaqueros y aparecen en algunas películas de Clint Eastwood, que a su padre le encantaba ver en la sala de la casa.

—¿Qué esperas para correr, tonto de los tontos, idiota de los idiotas?

—¡No te tengo miedo, Mario! Esta vez no me vas a pegar.

Luciano empezó a sudar, pero no retrocedió ni un paso. Mario se acercó lentamente y cuando estuvo a dos pasos de él, hizo un mohín de profundo desprecio.

—Es tu última oportunidad para escapar como un conejo asustado. O, mejor dicho, como una rata de laboratorio.

—Adelante. Intenta pegarme, abusivo. Te estoy esperando.

Todo ocurrió muy rápido. Luciano esquivó el primer puñete de Mario hacia su estómago y le dio uno en el rostro, con todas sus fuerzas. Fue tal el impacto que logró hacerlo sangrar por la nariz. Enfurecido, Mario se le abalanzó mismo lobo hambriento y comenzó a golpear una y otra vez a Luciano, como si fuera un saco de arena. Incluso en el rostro. Pero, de pronto, gritó: “¡No, por favor! ¡Ya no, ya no!”.

Roberto había efectuado, por la espalda, una poderosa llave de judo en el brazo derecho de Mario y lo había obligado a arrodillarse en el suelo.

—¿Vas a volver a pegarle a Luciano?

—¡No, ya no!

—¿Estás seguro de lo que dices?

—¡Sí, te lo juro!

—Si no cumples tu palabra, la próxima te irá muchísimo peor.

Recién entonces Roberto, que era campeón nacional escolar de judo y tenía la misma talla que Mario (aunque un poco más de músculos), lo soltó. Llorando de dolor, el abusivo tuvo que pedirle disculpas a Luciano.

—Le voy a decir al director del colegio que has estado buscando a Luciano para pegarle en la calle.

—¡No, por favor! ¡Mis padres me van a castigar todo un mes! ¡O hasta medio año!

—Porque eres más grande o fuerte no puedes ser abusivo con otros, Mario. Yo no lo soy. Tú tampoco deberías serlo.

—Él me quitó a Lourdes.

—Pero si Lourdes ni siquiera sabe que existes. Si tú a las justas sabes hablar.

Al día siguiente, llamaron a los padres de Mario al colegio. El director les informó que iba a ser suspendido una semana completa de clases, porque el bullying entre compañeros estaba prohibido. Y les dijo que su hijo debía reunirse con el psicólogo del colegio dos veces a la semana durante los tres meses siguientes.

Esa misma tarde, los padres de Mario fueron a casa de Luciano a pedirle disculpas a él y a sus padres. Lo castigaron sin teléfono móvil ni salidas a reuniones con amigos ni fiestas por el resto del año. Y la computadora solamente la podía utilizar una hora cada semana.

Por su parte, Roberto y Luciano se hicieron grandes amigos. Roberto le enseñó algunas impresionantes llaves de judo, para que nunca más nadie volviera a hacerle bullying. A los dos meses, Mario fue cambiado de colegio. Se fue sin avisar ni despedirse de nadie. Y ni uno solo de sus compañeros lo extrañó.

Tres días antes de la primavera, Luciano se animó a pedirle a Lourdes que sea su enamorada en el bonito e inmenso parque que estaba cerca al colegio. Y ella aceptó.

 

 


Gianmarco Farfán Cerdán (Lima, 1978). Poeta, narrador y periodista cultural. Finalista del Concurso Nacional de Periodismo “Ramón Remolina Serrano” en 2012. Mención Honrosa del Concurso de cuentos “Horas de ágora” en 2006. Además, en 2018 su cuento “Amor en Navidad” fue publicado en una revista de la University of South Florida, en los Estados Unidos. Y su cuento “Las palabras de papá” fue publicado en la revista Letralia de Venezuela. En el Perú le publicaron cuentos en las revistas “Bocanada” y “Disidia”. Por otra parte, en 2019 fue incluido en la antología poética internacional, Discursos Estéticos. Asimismo, sus poemas han aparecido en dieciocho antologías y en revistas de España (“Voces” y “Palabras diversas”) y el Perú (“La Luna de Pierrot”, “Remolinos”, “Palabra en libertad”, “Vicio Perpetuo” y “Cuenta Artes”). Además, ha leído sus poemas en el Congreso de la República del Perú y la Casa de la Literatura Peruana. También tiene el blog cultural “Entrevistas desde Lima”, que ha recibido más de 150 897 visitas desde 108 países de cinco continentes (hasta el 13 de mayo de 2019). Otras entrevistas suyas han sido publicadas en la revista cultural Destiempos de México. Aparte, ha dado una conferencia sobre César Vallejo en la Feria Internacional del Libro de Trujillo 2017.

 

 


Foto portada, fuente: https://pixabay.com/es/photos/acoso-escolar-ni%C3%B1o-dedo-sugieren-3362025/

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s