Lady Satán | Marcelo Cruz González

Marcelo Cruz González

(Colaboración especial para Máquina Combinatoria)

 

“Había seguido el rastro de un hombre muerto.”

Sandra Araya, La gente dice

 

Tenía unos ojos hermosos, semejantes a ese momento claroscuro en que la tarde besa la noche. Nunca supe su nombre, sin embargo, me bastó ver su figura para reconocer el inicio del fin.

Sus manos jugaban con un mechón de su cabello –serpiente seductora– que caía de manera sensual sobre sus hombros. Podía pasar horas contemplando su belleza, tanto como contemplar una obra de Modigliani… Fue él, quien dijo –perdonen el uso de sus palabras–“el futuro del arte se encuentra en el rostro de una mujer”. El arco de sus cejas, la sutileza de su mirada, y sus hoyuelos al final de cada sonrisa…, sí, nunca supe su nombre. Pero la bauticé con uno: «Lady Satán».

Al llegar a casa lo único que hice fue recordar sus ojos, cada mínimo detalle, por insignificante que parezca, debía ser resaltado por mi memoria… Su mirada era la fuente de cierto poder que no logro explicar. En sus cuencas o fauces habitaba un ser. Un delirio, es probable, o alucinación –algo hay de eso–.

No podía dejar de pensar en Lady Satán, por mucho que medite sobre esto. En cuanto a la totalidad o particularidad del suceso, me di por vencido. Quedé absorto. Había nacido en mí un sentimiento de simpatía hacia ella, ¿algo más? Pero (ya lo dice la canción), tan impío el destino mío…

Desde ese día fueron frecuentes nuestros encuentros; escuchar su voz, ver cómo su mente se dispersa en cuestión de segundos. Ella era consciente de su juego, era quien llevaba las riendas de la situación, con un abrir y cerrar de ojos tenia a un sinnúmero de seguidores a sus pies –torpes y pobres de espíritu, aquellos que Lady Satán dominaba–. Yo incluido.

Una tarde, escuché su nombre. Hasta ese momento, solo en la literatura había escuchado nombre semejante. Nombre sacado de un libro sagrado. Cuando lo pronuncio fue como escuchar los mandatos divinos de una diosa que juega a ser mortal. Esos eran los juegos de Lady Satán.

…No supe nada más de ella, no volví a escuchar su voz, ni ver sus ojos, el eco de su caminar esbelto y la sombra de su figura que juega con el viento, quedaron tatuados en mi memoria.

Una casualidad nos puso en frente. Recuerdo haberla visto leyendo. Escapando –pues solía decir– que prefería buscar la magia que esconden las historias en el papel. A la realidad que la rodeaba.

Lady Satán ha muerto. Sin embargo, yo sigo creyendo en su sombra.

 


Marcelo Cruz González. Comunicador. Estudió en la Universidad Central del Ecuador. Es redactor de Metro Ecuador, columnista en Espora, bibliotecario en la Biblioteca José Moncada del IAEN. Mantiene un programa sobre literatura en la Radio de la Casa de la Cultura: “El galpón de los cuentos vivientes”.

 

 


Foto portada, fuente: https://pixabay.com/es/photos/memoria-rosa-flor-secado-2021124/

 

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