“Nefando” de Mónica Ojeda | Fabricio Guerra

Fabricio Guerra

 

Perturbadora, disruptiva, compleja, moderna, son entre otros los adjetivos que le caben a Nefando (Candaya, 2016), relato que arrastra al lector a las pestilentes aguas en las que se incuba la ignominia. Y no satisfecha aún, la autora emprende a continuación un sugestivo ejercicio de resignificación y ludificación de lo abyecto.

Pero lejos de postular una apologética del mal, Ojeda persigue ante todo su visibilización, aunque por supuesto, casi nadie está preparado para leer acerca de la sodomización de un bebé, por lo que la reacción más recurrente puede ser la condena al narrador. La tan trillada metáfora de “la culpa es del mensajero”.

Nefando propone un doble juego: el primero de corte detectivesco, a través del cual se van descubriendo las macabras relaciones al interior de la familia Terán. Y otro de orden virtual, esto es, un videogame en el que los mismos chicos Terán se exhiben siendo violentados sexualmente por su padre. Por si fuera poco, se incluye también una porno novela de rasgos surrealistas escrita por otro de los personajes del libro, experimento exitoso que refuerza el núcleo narrativo.

Explorar desde la literatura el tema del abuso sexual infantil es una apuesta demasiado riesgosa, sin embargo, Ojeda sale bien librada de semejante empresa, suscribiendo una tesis audaz: desvictimizar a las víctimas otorgándoles una especie de poder que emane de la propia experiencia dañina. Aquello que por lo general se oculta, tergiversa y niega, ya sea por miedo o vergüenza, en Nefando se lo expone sin recato, tal y como lo hacen los Terán, amplificándolo y globalizándolo en la web.

La escritora guayaquileña eleva así el estatuto de la víctima, alejándola de toda minusvalía y dotándola de una singular lucidez que le permite comprender que la abyección humana permanece siempre latente y al acecho, por lo que basta la recurrencia de unas cuantas circunstancias puntuales para convertir a cualquiera en victimario.

Otro de los grandes méritos de Nefando es su inquietante actualidad, ya que sintoniza con temas coyunturales tales como pederastia, videojuegos y porno online. Es decir, con lo que ahora mismo puede estar ocurriendo en el aula de clases, la sacristía o el dormitorio familiar. Nefando emerge entonces, siniestra, como signo de su tiempo. No obstante, si a alguien le resulta excesiva, bien puede quedarse con Jane Austen. O prender la tele para ver La Rosa de Guadalupe.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s