Javier Sierra y “La pirámide inmortal: el secreto egipcio de Napoleón” | Mayra Aguirre Robayo

Mayra Aguirre Robayo

 

Napoleón Bonaparte nació el 15 de agosto de 1769. De signo Leo con el ascendente de Escorpio. La luna está en Capricornio en oposición a Saturno. La unión con Neptuno y Marte lo hacen genial. Según el astrólogo, Bonaparte decidirá su vida a los 30 años. Igual que lo hizo Jesús y Buda.

El paso del corso-italiano Napoleón Bonaparte por Egipto no declinó con el revés militar con el almirante británico Nelson, cuyo choque redujo su ejército a mil setecientas bajas, que lo aisló y le dejó sin suministros. Los siguientes catorce meses no cabeceó ante su desgracia, reunió a un centenar de sabios para recuperar la memoria egipcia (1798). Osiris y Jesús habían nacido el 25 de diciembre y revivieron a los tres días. En sus andanzas de conquista por Egipto, Elías Buktur, su intérprete, le convenció que hace 500 años (1291) los musulmanes dominaban Acre (fortaleza de Los Templarios en Tierra Santa que debían resguardar las reliquias de la sangre de Jesús). Por lo que San Bernardo del Claraval acuñó Nuestra Señora y emprendió la construcción de catedrales en honor de la Virgen María.

Napoleón pernoctó en las orillas del río Nilo, luego atravesó Palestina, estuvo cerca del lago Tiberiades (Nazaret). Por el miedo a otro fracaso militar, dominó a sangre y fuego Jaffa. Lamentó no llegar a Constantinopla para emular a Alejandro Magno. Antes de su regreso a París (1799) pasó una noche en la gran Pirámide de Giza (12 al 13 de agosto). Las pirámides son instrumentos de manufactura divina fueron construidas para la inmortalidad. Quien se tumba para morir, resucita. Estas son las enseñanzas del dios de la sabiduría egipcio Toth. La pirámide reproduce a escala los laberintos a los que se enfrenta el alma humana. Cuando salió de la Gran Pirámide de Giza repitió lo que diría al final de sus días en la Isla de Santa Elena: “aunque los contara no me vais a creer”.

La estadía nocturna de Napoleón Bonaparte en la Gran Pirámide (construida por el faraón Keopos) le dio la inmortalidad que hasta hoy nos sorprende. Sus biógrafos recalcan que ese inusitado extrañamiento en un sarcófago enderezó su destinó. El hombre de 30 años tragó saliva, tuvo una crisis de ansiedad, aumentó el ritmo de su respiración. Pero, luego a su regreso a Francia, ya se auto coronó en la catedral de Notre-Dame.

El periodista y novelista español Javier Sierra en su libro La pirámide inmortal: el secreto egipcio de Napoleón (Planeta, 2015) relata que Napoleón languidecía a un ritmo preocupante como si fuera a apagarse de un momento a otro. El humo de su antorcha desapareció y los murciélagos y un grillo se confabularon con la oscuridad y el silencio. Lo importante anotar es que en esta novela (según su autor, no hay invención alguna). Bonaparte consideró que se estaba ¡muriendo! Le vino a la mente sus recuerdos de infancia en el Mediterráneo, en Córcega. Extrañó los brazos de su madre, Leticia. Se le esfumó su providencial confianza en el triunfo pasado que atravesó Los Alpes y conquistó Italia. La Gran Pirámide egipcia Giza (Sáhara) endureció su cuerpo. Perdería reputación ante tropas que habían palpado dificultades, temió. Pues, estaba atrapado en un monumento que hacía sombra a la catedral de Notre Dame.

Echado en el sarcófago, Napoleón se sentía derrotado. Pero, le demanda palabras, predicciones a la pirámide: ¿Qué quieres decirme? ¡Te escucho! Bonaparte era maldecido porque sus tropas ya habían devorado sus escasa provisiones de galletas y agua. Sin embargo, se sentía pleno. Poco sujetos han tenido semejante experiencia.

Abandonó en secreto Egipto custodiado por la flota de dos barcos, las fragatas La Muiron y Carrére, Luego del famoso 13 de agosto de 1799 ya no tuvo miedo a la muerte Dominó toda Europa. A principios del siglo XIX ya Napoleón se había transformado en lo que hoy la historia conoce de él.

Javier Sierra es un periodista español, ensayista y ha colaborado en revistas, programas televisivos y radiales. Tiene más de diez obras editadas. Su última obra El fuego invisible (2017) obtuvo el Premio Planeta.

 


Mayra Aguirre Robayo. Columnista de La Hora, docente universitaria (UTE), periodista, socióloga, crítica de cine y crítica literaria.

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