In memorian | Marcelo Cruz

Marcelo Cruz

[Colaboración especial para Máquina Combinatoria]

 

“Δεν θεωρώ τίποτα επαίσχυντο να τιμήσω τους αδελφούς.”

(No considero nada vergonzoso honrar a los hermanos.)

Esquilo

Somos 8, si usted cuenta desde la derecha o la izquierda, el resultado no cambia –ya sabe: el orden de los factores…–.

Cada uno tiene una historia, pero, en este espacio compartimos el mismo deseo, la misma ¿esperanza?

Si guarda un poco de silencio y no permite que el aroma a formol le distraiga, quizás pueda escuchar ciertos gemidos de dolor provenientes de la habitación continua… No se asuste –bueno, no debería–; es cosa de todos los días.

Nosotros, tenemos una costumbre… Siempre antes de las 11 nos contarnos chistes, la risa es un gran analgésico, eso dicen… El orden es lo de menos, empieza el que desee hacerlo –obvio hay chistes malos–, pero son buenos para iniciar. A veces las enfermeras se nos unen –por un momento– y comparten sus chistes, y se van.

Así pasamos una hora. Dejamos que las carcajadas hagan lo suyo. Llega el enfermero y uno por uno nos coloca la vía por la cual el veneno que nos mantiene vivos ha de ingresar a nosotros –por unos breves minutos el silencio es la única lengua que se habla en la habitación–. Se escucha con claridad los gemidos e incluso el volar de una mosca.

El brazo empieza a entumecerse, nos quedamos viendo, a la espera que alguno diga algo –cualquier cosa–. Entonces, el paciente 5 empieza a contarnos su vida, en especial aquel viaje que hizo en tren…

El dolor nos obliga a cerrar los ojos y surgen las imágenes, el viento, el sonido del tren que se acompasa con la voz del paciente 5. El viaje da inicio… Poco a poco vamos cayendo en letargo y él se siente vivo. Nosotros vivimos con él. Nos alegramos.

Sabemos que nuestra lucha es interna, individual, pero mientras compartimos esta habitación somos una familia que habla un mismo lenguaje. Se siente en la misma frecuencia.

El paciente 5 termina su historia… Paciente 3 dice que conoce el lugar donde 5 se quedó. Más osado nos comparte un fragmento suyo –cuando conoció con su pareja–.

Una puerta parece abrirse en nuestro interior. Vemos el rostro de esa persona que, por azares de lo que sea, logra hacer que nos tiemblen las piernas. Algunos sonreímos y nos sonrojamos. Somos cursis.

Entre la historia de 5 y 3 han pasado dos horas; el veneno nos tiene atontados, conscientes pero débiles. Endebles como la hoja que mece el viento o el suspiro suspendido de un enamorado.

Mientras afuera la ciudad sigue, nosotros nos encerramos, nos encapsulamos en una burbuja de tiempo. La memoria –en nuestro caso– es de vital importancia. Cada mínimo detalle debe hacerse presente cuando narramos. Cuatro días con sus noches cumplimos con este ritual. Si hemos de tener un santo o una patrona ha de ser Sherezada.

Con la llegada del quinto sol nos vemos atrapados en nuestra cabeza… Cuando al fin salimos, nos cuesta mantener la dinámica con la que se mueven a nuestro alrededor. Debemos guardar nuestros recuerdos y activar la memoria de corto plazo.

Hoy faltan 7.

Ya ve… Somos 8, seguimos siendo 8. Somos y seremos…

Soy los 8.

 

 


Foto por Pedro Figueras, tomada de https://pixabay.com/photos/anxiety-fear-mystic-mystery-ghost-2878777/

 

 

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