12 marzo, un aniversario para reflexionar | Cris Nolivos

Cris Nolivos

[Colaboración especial para Máquina Combinatoria]

 

Hoy, a los doce días del mes de marzo del año 2019 se celebra el Treinta Aniversario de la World Wide Web y, con él, los grandes cambios que trajo para la sociedad la llegada de esta red infinita de acceso a la información. Esto, gracias a Google que nos ha recordado esta fecha, de relevancia global, con su famoso Doodle conmemorativo.

Esta particular fecha nos recuerda las transformaciones que sufrió el lenguaje, la comunicación y la dinámica misma de la información con la llegada de las tres doble ves (www), el cual ahora es un código mundial que permite acceder al océano de opciones de contenidos que contiene la red. Es ahí donde cabe todo tipo de reflexiones acerca de la posición que hemos tomado como sociedad ante este fenómeno de la web.

Portada del libro de Bauman: Modernidad líquida.

En un mundo donde las ideologías y los criterios basados en características particulares de un colectivo han desaparecido, es necesario recordar la sociedad líquida planteada por Zygmunt Bauman en Modernidad líquida (Fondo de Cultura Económica, 2016). Y también la descripción del individualismo desenfrenado formulado por Umberto Eco, en De la estupidez a la locura: crónicas del futuro que nos espera (DeBolsillo / Random House Mondadori, 2018), que es consecuencia de la transfiguración del concepto de comunidad que no tiene nada en común y que ha perdido sus puntos de referencia. Se trata de un mundo en el cual las únicas soluciones son figurar en alguna esfera social a cualquier precio o caer en el consumismo en su forma más compulsiva y paranoica. Pues si lo que acaban de comprar pierde su vigencia dentro de las siguientes veinticuatro horas, dejará de cumplir con la necesidad que llenaba. El consumismo ya no trata de satisfacer necesidades, hoy en día, es utilizado para saciar un deseo de relevancia social en cualquiera de sus niveles.

Además, para bien o para mal, ya no es posible encontrar criterios en los cuales se pueda determinar a los nuevos grupos humanos como tales, pues no hay criterios que soporten esta forma aleatoria e impredecible de comportarse de los individuos. Las predicciones de comportamiento del consumidor o usuario están en constante cambio. Esta es una de las razones por las que los medios de comunicación convencionales todavía no logran ponerse al día con los cambios que sufren constantemente las audiencias. Un día estás escribiendo un libro y, en lo que se tarda en publicarse, deja de tener vigencia. Lo noticioso en la mañana, deja de serlo a mediodía. Gracias al libre acceso e intervención de la información bastan minutos para conocer la noticia, su contexto y su consecuencia a corto plazo.

Zygmunt Bauman

En este contexto, mi reflexión reposa en la posibilidad de superar como humanos esta especie de letargo digital en el que hemos decidido navegar. Por supuesto, no hablo solamente de los cambios tecnológicos, sino de todos los cambios sociales que los acompañan. Un estado del ser que, al estar en constante cambio, no se puede definir ni comprender el alcance de este fenómeno. Sobre todo, porque ahora vivimos en una sociedad de lo tibio –ni caliente ni frío–, de lo plomo –ni blanco ni negro–, del ser y no ser parte de un colectivo definido que, además, responde a una ideología ambidiestra –ni de derecha ni de izquierda–.

¿Podemos como sociedad ser más inteligentes que la misma inteligencia artificial al punto de estar un paso más delante de ella? Con esto quiero decir, entender el nuevo lenguaje para poder hablarlo mientras esté vigente mas no entenderlo cuando se vuelve una comprensión histórica sin utilidad. ¿Cuál es la siguiente acción ahora para estar un paso adelante?

Toda esta retórica podría ser un alarido en el desierto, como bien dice Eco en su libro ya citado, una colección de ensayos. Por otro lado, la sociedad líquida fue descrita en el año 2015 en el libro (la traducción es del 2016) de Bauman. En este contexto, bien se puede esperar una respuesta tan contemporánea y típica como “no está bien ni mal, sino todo lo contrario”, que en mi tiempo era una frase hecha para expresar la falta de postura de los futbolistas al no poseer un conocimiento técnico de base sobre el que pueda construir una opinión concreta.

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