“El nombre de la rosa” de Umberto Eco | Fabricio Guerra

Fabricio Guerra

 

Las pugnas entre papas y abades, curias opulentas y monjes descamisados, pusieron en vilo la unidad de la Iglesia Católica en la Europa Medieval, provocando un escenario cismático en la cristiandad y amenazando de paso a la fe, al tiempo que los libros y el conocimiento eran custodiados con severidad por las órdenes religiosas, ya que se asumía que todo saber debía emanar exclusivamente de la divinidad, y quien sostuviera lo contrario, bien podía ir a parar a las brasas.

Con rigor de cancerbero, Jorge de Burgos –trasunto de Jorge Luis Borges– salvaguarda desde las sombras la biblioteca de una abadía perdida en los Alpes italianos, combatiendo a punta de dogma y sangre a todo aquel que intente desafiar la perpetua veda intelectual. A la forma laberíntica del recinto, a la ceguera de Jorge y al misticismo reinante, se contrapone la iluminada presencia de Guillermo de Baskerville, quien junto a su ayudante llega con aires de Sherlock y efectismo de CSI Miami para descubrir una serie de crímenes en base a una genialidad que, según yo, resulta chocante.

No obstante, sería un error valorar a El nombre de la rosa (1980) por su línea detectivesca, pues el relato se sostiene ante todo en la tensión narrativa provocada por la disputa a muerte del poder, así como en la emergencia paulatina e inevitable de una nueva era, más secularizada y abierta.

Desde siempre, los hombres que detentaron algún tipo de poder han estado dispuestos a defenderlo por todos los medios; sin embargo, la figura de Jorge de Burgos resulta por demás perturbadora debido a que sintetiza al fanático y al racional, si es que cabe el oxímoron. Una mente brillante pero enfermiza y alienada por la idea del absoluto teísta. Alguien que lo leyó todo desde una exégesis platonista tan radical como sesgada.

Si Burgos desprecia a Baskerville es por encarnar este último el “buenismo” y la novedad. ¿Qué habría llegado a pensar Borges de Bergoglio? ¿Qué podría haber dicho un escritor tan grande acerca de un cura peronista devenido en Papa reformador? Tengo ya mi hipótesis…

 

 


Foto: Archivo revista

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